/ jueves 14 de junio de 2018

Al mejor postor

Cuchillito de Palo


Como si ya estuviera escrito, se inicia el ritual de adoración a quien será el tlatoani y hasta sus más acérrimos críticos se alinean con la “nueva estrella”.

Ni el tercer debate ni los refuerzos a las campañas de sus oponentes parecen tocar unas encuestas que tuvieron la habilidad de “convencer” a las mayorías de que sólo había un puntero. Puede decir y hacer lo que quiera, moverse a capricho y seguir por la vía de sus enormes contradicciones, que sus seguidores las ignoran.

Los 18 años en campaña y el rechazo absoluto al “nuevo PRI” dan frutos y sólo le falta la “pachanga” de su cierre de campaña para coronar el esfuerzo.

¿Será posible incorporarse a las originales hordas que lo rodean, sin un ápice de “remordimiento”? Lo dudo. Enormes segmentos sociales se ponen la ancestral careta de los aztecas y se clavan en la mística de nuestros antepasados: Al mejor postor, antes de que nos caiga el diluvio.

Queda constancia de la postura con la reunión que sostuvo con el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios. Acabó de “abrazo” con Claudio X. González, su otrora peor enemigo y símbolo -al que aludía cada dos por tres- de la “mafia del Poder”.

Una “mafia” que ahora calla y propaga los “éxitos” del encuentro, como el que será viable el aeropuerto de la CDMX, mismo que de acuerdo a esta conciliación se privatizará.

A cuentagotas, el mandamás de la Coparmex desgrana lo dicho por unos y el otro y se da a conocer el discurso de Ramírez -al que ya podríamos calificar de ex mafioso- con el que le reclamó por la serie de epítetos que les había asestado.

Por obra y gracia de Birbiloque -o mejor dicho, de AMLO- se transformaron en “buenas personas” dignas de participar en la mesa del Gran Epulón. Se cierra el capítulo y ¿todos contentos?

Hasta los acérrimos “enemigos” del mesías tropical lo saludan. Televisa se le hinca y le facilita el Estadio Azteca para su apoteósico cierre.

Se veía venir: La archimentada televisora, al igual que Televisión Azteca, se postra y acomoda a los tiempos futuros. No en balde uno de sus dirigentes -Bernardo Gómez- a la par que el suegro de Emilio Azcárraga –Fastlicht-, ya se habían decantado por el “postulante del pueblo”.

Gómez, desde la última campaña del “Peje”, se dice que es pariente. Lo del empresario es más extraño: De dónde le llegó la devoción, ¡averígüelo Vargas!, máxime y me consta que se trata de un hombre inteligente. Se ve que el interfecto le tocó su sensibilidad.

Legiones de priístas, perredistas y panistas se cambian la camiseta y se adhieren a Morena. Procuran hacerlo en “lo oscurito”, poniéndose a disposición del “señor” y dispuestos a trabajar por su causa.

¿Será posible cerrar heridas a tal velocidad? Habría que dudarlo y pensar más bien en que en este mundo en el que se pierden las ideologías, al que todavía le quede alguna puede colocarse la máscara y entrar al baile de disfraces. Como diría un viejo amigo: “Qué tanto es tantito”.

Se acabaron los cuestionamientos: ¿Habrá leído más de tres libros?; ¿Será capaz de acabar con la corrupción rodeado de pandilleros? Sobre todo, ¿cómo logrará armonizar a las infinitas corrientes que lo rodean?; ¿a personalidades disímbolas, a líderes corruptos y a ultras de derecha e izquierda? Ni con bola de cristal se puede saber los tamaños de la tormenta que se avecina.



Cuchillito de Palo


Como si ya estuviera escrito, se inicia el ritual de adoración a quien será el tlatoani y hasta sus más acérrimos críticos se alinean con la “nueva estrella”.

Ni el tercer debate ni los refuerzos a las campañas de sus oponentes parecen tocar unas encuestas que tuvieron la habilidad de “convencer” a las mayorías de que sólo había un puntero. Puede decir y hacer lo que quiera, moverse a capricho y seguir por la vía de sus enormes contradicciones, que sus seguidores las ignoran.

Los 18 años en campaña y el rechazo absoluto al “nuevo PRI” dan frutos y sólo le falta la “pachanga” de su cierre de campaña para coronar el esfuerzo.

¿Será posible incorporarse a las originales hordas que lo rodean, sin un ápice de “remordimiento”? Lo dudo. Enormes segmentos sociales se ponen la ancestral careta de los aztecas y se clavan en la mística de nuestros antepasados: Al mejor postor, antes de que nos caiga el diluvio.

Queda constancia de la postura con la reunión que sostuvo con el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios. Acabó de “abrazo” con Claudio X. González, su otrora peor enemigo y símbolo -al que aludía cada dos por tres- de la “mafia del Poder”.

Una “mafia” que ahora calla y propaga los “éxitos” del encuentro, como el que será viable el aeropuerto de la CDMX, mismo que de acuerdo a esta conciliación se privatizará.

A cuentagotas, el mandamás de la Coparmex desgrana lo dicho por unos y el otro y se da a conocer el discurso de Ramírez -al que ya podríamos calificar de ex mafioso- con el que le reclamó por la serie de epítetos que les había asestado.

Por obra y gracia de Birbiloque -o mejor dicho, de AMLO- se transformaron en “buenas personas” dignas de participar en la mesa del Gran Epulón. Se cierra el capítulo y ¿todos contentos?

Hasta los acérrimos “enemigos” del mesías tropical lo saludan. Televisa se le hinca y le facilita el Estadio Azteca para su apoteósico cierre.

Se veía venir: La archimentada televisora, al igual que Televisión Azteca, se postra y acomoda a los tiempos futuros. No en balde uno de sus dirigentes -Bernardo Gómez- a la par que el suegro de Emilio Azcárraga –Fastlicht-, ya se habían decantado por el “postulante del pueblo”.

Gómez, desde la última campaña del “Peje”, se dice que es pariente. Lo del empresario es más extraño: De dónde le llegó la devoción, ¡averígüelo Vargas!, máxime y me consta que se trata de un hombre inteligente. Se ve que el interfecto le tocó su sensibilidad.

Legiones de priístas, perredistas y panistas se cambian la camiseta y se adhieren a Morena. Procuran hacerlo en “lo oscurito”, poniéndose a disposición del “señor” y dispuestos a trabajar por su causa.

¿Será posible cerrar heridas a tal velocidad? Habría que dudarlo y pensar más bien en que en este mundo en el que se pierden las ideologías, al que todavía le quede alguna puede colocarse la máscara y entrar al baile de disfraces. Como diría un viejo amigo: “Qué tanto es tantito”.

Se acabaron los cuestionamientos: ¿Habrá leído más de tres libros?; ¿Será capaz de acabar con la corrupción rodeado de pandilleros? Sobre todo, ¿cómo logrará armonizar a las infinitas corrientes que lo rodean?; ¿a personalidades disímbolas, a líderes corruptos y a ultras de derecha e izquierda? Ni con bola de cristal se puede saber los tamaños de la tormenta que se avecina.