/ martes 21 de mayo de 2019

Calzada Macristy

El Muro


Cuando apareció en el activismo social, era una más de las tantas amas de casa panistas que anteponían el apellido de sus esposos (eran las “señoras de”), hombres económicamente solventes. Juntos, como familia, luchaban contra el entonces dominante sistema opresor que no quería ceder posiciones.

María Cristina Ramos Flores, también conocida como Macristy de

Hermosillo, fue integrante del movimiento conocido como las “caceroleras” (“Mujeres Libres en Favor de la Democracia” es el nombre formal de una agrupación de ahí derivada, aún vigente), mujeres que usaron sartenes, cacerolas, cucharones como el perfecto complemento ruidoso en manifestaciones de protesta. Tenían su contraparte: “Las Chulis” y “Las Gordis”, encargadas de aceitar la aplanadora priísta, de hacer el trabajo en las colonias.

Macristy, la lideresa no formal que se consagró a pulso gracias a su compromiso sincero con las causas sociales, la mujer que más extraña el PAN en estos momentos en los que más lejos se encuentra de las necesidades del pueblo y por lo tanto, más requieren de un guía que los separe del precipicio electoral, cumple este jueves su aniversario luctuoso 18.

El hecho de que fuera candidata a la alcaldía en 1986 a los 39 años de edad, por un partido con probabilidades reales de ganar, fue inusual, un hecho adelantado a su época: Joven, ama de casa, madre de familia, guapa, inexperta, Macristy recibió la confianza para intentar consolidar lo que Eugenio Elorduy no pudo (fue un robo dijeron, por eso en señal de protesta formaron en 1983 el “Cabildo Popular de Mexicali” con Elorduy al frente, llevando como secretario a Luis Sánchez Vázquez).

La campaña de Macristy fue bastante elemental, basada en recorridos por las colonias, más uno que otro anuncio publicado en algunos diarios, saturado de frases como “Más pueblo, menos gobierno”, “Quien roba tu voto, roba tu libertad”, “Votar por quienes siembran corrupción y han provocado la crisis y niegan tu libertad, es traicionar a la patria”, más lo que parece ser el slogan principal: “Ya es tiempo, ¡únete!”. Le alcanzó para obtener 58 mil 782 votos contra 91 mil 270 del ganador, Guillermo Aldrete. Nada mal para una mujer en un entorno machista.

Fue un ente raro para ser panista, porque entre más consagrada estuvo en el poder, más muestras humanitarias, de compromiso con los desvalidos dio. Su punto culminante ocurrió cuando presidió el DIF Municipal, lapso en el que dio vida al concepto “Villa Esperanza”, destinado a la protección de niños y mujeres en condiciones adversas.

Aunque esto es una especulación, el hecho de que los Ramos Flores hayan quedado huérfanos de padre cuando pequeños, bien pudo arraigar el sentimiento de empatía que la caracterizó.

El Muro


Cuando apareció en el activismo social, era una más de las tantas amas de casa panistas que anteponían el apellido de sus esposos (eran las “señoras de”), hombres económicamente solventes. Juntos, como familia, luchaban contra el entonces dominante sistema opresor que no quería ceder posiciones.

María Cristina Ramos Flores, también conocida como Macristy de

Hermosillo, fue integrante del movimiento conocido como las “caceroleras” (“Mujeres Libres en Favor de la Democracia” es el nombre formal de una agrupación de ahí derivada, aún vigente), mujeres que usaron sartenes, cacerolas, cucharones como el perfecto complemento ruidoso en manifestaciones de protesta. Tenían su contraparte: “Las Chulis” y “Las Gordis”, encargadas de aceitar la aplanadora priísta, de hacer el trabajo en las colonias.

Macristy, la lideresa no formal que se consagró a pulso gracias a su compromiso sincero con las causas sociales, la mujer que más extraña el PAN en estos momentos en los que más lejos se encuentra de las necesidades del pueblo y por lo tanto, más requieren de un guía que los separe del precipicio electoral, cumple este jueves su aniversario luctuoso 18.

El hecho de que fuera candidata a la alcaldía en 1986 a los 39 años de edad, por un partido con probabilidades reales de ganar, fue inusual, un hecho adelantado a su época: Joven, ama de casa, madre de familia, guapa, inexperta, Macristy recibió la confianza para intentar consolidar lo que Eugenio Elorduy no pudo (fue un robo dijeron, por eso en señal de protesta formaron en 1983 el “Cabildo Popular de Mexicali” con Elorduy al frente, llevando como secretario a Luis Sánchez Vázquez).

La campaña de Macristy fue bastante elemental, basada en recorridos por las colonias, más uno que otro anuncio publicado en algunos diarios, saturado de frases como “Más pueblo, menos gobierno”, “Quien roba tu voto, roba tu libertad”, “Votar por quienes siembran corrupción y han provocado la crisis y niegan tu libertad, es traicionar a la patria”, más lo que parece ser el slogan principal: “Ya es tiempo, ¡únete!”. Le alcanzó para obtener 58 mil 782 votos contra 91 mil 270 del ganador, Guillermo Aldrete. Nada mal para una mujer en un entorno machista.

Fue un ente raro para ser panista, porque entre más consagrada estuvo en el poder, más muestras humanitarias, de compromiso con los desvalidos dio. Su punto culminante ocurrió cuando presidió el DIF Municipal, lapso en el que dio vida al concepto “Villa Esperanza”, destinado a la protección de niños y mujeres en condiciones adversas.

Aunque esto es una especulación, el hecho de que los Ramos Flores hayan quedado huérfanos de padre cuando pequeños, bien pudo arraigar el sentimiento de empatía que la caracterizó.

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