/ viernes 15 de noviembre de 2019

Celutitis perniciosa…

Quo Vadis


Conduciendo cualquier automotor, los adictos de cualquier sexo y edad no quieren, no saben y no pueden dejar el celular en paz…en sana paz…

Lo observan en cualquier “alto” de tránsito, al llegar a un “tope”, en baja y alta velocidad y lo peor, se dan el lujo de “chatear” manejando de forma temerosa al detener el paso de quienes van detrás de estos irresponsables conductores (as).

La Policía si los observa creo que los detiene para multarlos…pero ¿qué importa?, la sanción económica debe ser tan discreta y tolerante que la falta la cometen la mayoría de quienes traen celular y se disponen a manejar de tal forma que ni caso tiene verificar a cuánto asciende.

En la Ciudad de México, por conducir y utilizar celular la multa ronda los 1 mil 700 pesos, además de que “si el vehículo es remitido al corralón, a la multa le deberá de sumar el costo por el arrastre más el de derecho de piso que para este año de acuerdo con el Código Fiscal capitalino es de 76.70 pesos por día”…

Aquí al lado, en California, se informa en internet que “hablar, escribir, leer y mandar mensajes de texto está estrictamente prohibido, de hecho es obligatorio el uso de “manos libres” a menos que se trate de menores de 18 años, aunque no se permite tampoco que estos aditamentos obstruyan la audición (audífonos), por lo que se recomienda el uso de sistemas incorporados en el auto. Las multas van de los 20 dólares en primera falta, hasta 50 en las subsecuentes, aunque se puede esperar mayores penas que podrían triplicar las cifras marcadas”.

Eso por citar solo ejemplos porque hay otras cifras que ilustran lo dramático de distraerse con el celular cuando se maneja, tanto que la estadística al respecto ya supera el número de accidentes causados por conductores ebrios…y luego de ello, hasta en hechos donde hubo muertos, la experiencia revela que los culpables son procesados por “homicidio culposo” y hasta podrían quedar en libertad.

En un video ilustrativo se cita desde hace cuatro años que tan solo en tres segundos de distracción en el celular cuando se va manejando, la tragedia es inminente ya que el auto avanzará sin control pleno entre 30 y 40 metros, según también la velocidad a que se conduzca. Véalo en Youtube por si no lo cree: https://www.youtube.com/watch?v=eKiZXhIVLC4

Y ni qué decir de los que viven y trabajan gracias al aparatito, como los choferes de Uber y transporte urbano que no pocas veces tienen su teléfono portátil ahí…montado en el tablero…o de plano sujeto con alguna mano o entre las piernas, siempre al alcance.

En fin, esto es tan solo una reflexión. De usted depende convertirse en estadística si no se pone alerta al manejar responsablemente y también vigilando quienes le rodean en tránsito porque gracias a esta “celulitis” perniciosa los automotores se convierten en auténticas amenazas públicas, razón de más para que algún legislador (a) impulse una iniciativa que haga posible juzgar más severamente a los culpables, con “dolo” pues, porque la vida de inocentes está en verdadero riesgo. ¿O no?

Quo Vadis


Conduciendo cualquier automotor, los adictos de cualquier sexo y edad no quieren, no saben y no pueden dejar el celular en paz…en sana paz…

Lo observan en cualquier “alto” de tránsito, al llegar a un “tope”, en baja y alta velocidad y lo peor, se dan el lujo de “chatear” manejando de forma temerosa al detener el paso de quienes van detrás de estos irresponsables conductores (as).

La Policía si los observa creo que los detiene para multarlos…pero ¿qué importa?, la sanción económica debe ser tan discreta y tolerante que la falta la cometen la mayoría de quienes traen celular y se disponen a manejar de tal forma que ni caso tiene verificar a cuánto asciende.

En la Ciudad de México, por conducir y utilizar celular la multa ronda los 1 mil 700 pesos, además de que “si el vehículo es remitido al corralón, a la multa le deberá de sumar el costo por el arrastre más el de derecho de piso que para este año de acuerdo con el Código Fiscal capitalino es de 76.70 pesos por día”…

Aquí al lado, en California, se informa en internet que “hablar, escribir, leer y mandar mensajes de texto está estrictamente prohibido, de hecho es obligatorio el uso de “manos libres” a menos que se trate de menores de 18 años, aunque no se permite tampoco que estos aditamentos obstruyan la audición (audífonos), por lo que se recomienda el uso de sistemas incorporados en el auto. Las multas van de los 20 dólares en primera falta, hasta 50 en las subsecuentes, aunque se puede esperar mayores penas que podrían triplicar las cifras marcadas”.

Eso por citar solo ejemplos porque hay otras cifras que ilustran lo dramático de distraerse con el celular cuando se maneja, tanto que la estadística al respecto ya supera el número de accidentes causados por conductores ebrios…y luego de ello, hasta en hechos donde hubo muertos, la experiencia revela que los culpables son procesados por “homicidio culposo” y hasta podrían quedar en libertad.

En un video ilustrativo se cita desde hace cuatro años que tan solo en tres segundos de distracción en el celular cuando se va manejando, la tragedia es inminente ya que el auto avanzará sin control pleno entre 30 y 40 metros, según también la velocidad a que se conduzca. Véalo en Youtube por si no lo cree: https://www.youtube.com/watch?v=eKiZXhIVLC4

Y ni qué decir de los que viven y trabajan gracias al aparatito, como los choferes de Uber y transporte urbano que no pocas veces tienen su teléfono portátil ahí…montado en el tablero…o de plano sujeto con alguna mano o entre las piernas, siempre al alcance.

En fin, esto es tan solo una reflexión. De usted depende convertirse en estadística si no se pone alerta al manejar responsablemente y también vigilando quienes le rodean en tránsito porque gracias a esta “celulitis” perniciosa los automotores se convierten en auténticas amenazas públicas, razón de más para que algún legislador (a) impulse una iniciativa que haga posible juzgar más severamente a los culpables, con “dolo” pues, porque la vida de inocentes está en verdadero riesgo. ¿O no?

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