/ miércoles 5 de febrero de 2020

Chocolate

El Muro


“Pafa” es el fragmento de una sigla que significa “patrimonio familiar” y ha pasado a convertirse en un sufijo que denota mala calidad e ilegalidad.

En Estados Unidos, “gate” -por el edificio de oficinas llamado “Watergate” donde se encontraba el cuartel del Partido Demócrata que fue espiado por órdenes del presidente republicano Richard Nixon-, es utilizado para definir un escándalo público de alto impacto. Existen muchos casos que van desde la política como el “Irangate” en los 80’s, hasta el “Doritogate” hace poco.

Tendemos a pensar que el adjetivo chueco, es decir, algo torcido o fuera de la ley (en realidad el término original es femenino –chueca- de origen vasco, un artefacto recto que termina en punta curvada) es un vulgarismo, por eso recurrimos a eufemismos, palabras alternativas que creemos son socialmente menos reprobables. El apodo de Mario Hernández Maytorena era “La Chueca” por su condición de zurdo. Incluso en un libro sobre su vida modificaron el apodo para convertirlo en versión masculina, creyendo los escritores que quizá el alias ofendía la masculinidad del personaje.

Chocolate, una de las palabras de origen náhuatl que ha llegado a todo el mundo, originalmente refería a una bebida preparada con semillas de póchotl y cacáhuatl, que terminó por formar Pochocacáhuatl. Por su cercanía auditiva, chocolate es el eufemismo que comenzó a usarse en la región para nombrar a los vehículos sin las láminas de identificación expedidas por el gobierno. Los carros chuecos son, pues, los carros chocolate.

Aunque bien pudieron ser los carros chúntaros o los carros chorizo (palabra surgida de la portuguesa suaricium), carros chochos, pero eso ya recuerda a las bolitas que recetan los homeópatas o en ocasiones se usa para la vejez, o qué tal los carros chuleta. Al final el comportamiento de la lengua lo determina el pueblo que ha decidido que chocolate aplique para los vehículos, aunque curiosamente no es usado en otros contextos. Por ejemplo no decimos persona chocolate, sino persona que anda en malos pasos, mañoso, transa.

El fenómeno de los carros chocolate es uno que raya en lo ridículo por cualquier lado que guste verlo. Primero porque se trata de una burla a la autoridad, independiente de si hubo o no complicidad, tolerancia o indiferencia. Segundo, no solo por el dinero que dejó de percibir el erario, sino porque los implacables han llegado a convertirse en una fuerza que puede ser aún más manipulada hasta convertirla en un contrapeso político.

Regularizar los carros y decomisar aquellos cuyos propietarios se resistan a legalizarlos ni siquiera debería estar a discusión. Ahorita el problema son las placas apócrifas (algo que resultó útil de alguna u otra forma a quien de verdad no tenía para pagar importación y placas, pero también al conchudo ventajoso que teniendo dinero para hacer las cosas bien, aprovechó la oportunidad para trampear), mañana será alguien que imprima papel moneda o alguna otra tontería…

El Muro


“Pafa” es el fragmento de una sigla que significa “patrimonio familiar” y ha pasado a convertirse en un sufijo que denota mala calidad e ilegalidad.

En Estados Unidos, “gate” -por el edificio de oficinas llamado “Watergate” donde se encontraba el cuartel del Partido Demócrata que fue espiado por órdenes del presidente republicano Richard Nixon-, es utilizado para definir un escándalo público de alto impacto. Existen muchos casos que van desde la política como el “Irangate” en los 80’s, hasta el “Doritogate” hace poco.

Tendemos a pensar que el adjetivo chueco, es decir, algo torcido o fuera de la ley (en realidad el término original es femenino –chueca- de origen vasco, un artefacto recto que termina en punta curvada) es un vulgarismo, por eso recurrimos a eufemismos, palabras alternativas que creemos son socialmente menos reprobables. El apodo de Mario Hernández Maytorena era “La Chueca” por su condición de zurdo. Incluso en un libro sobre su vida modificaron el apodo para convertirlo en versión masculina, creyendo los escritores que quizá el alias ofendía la masculinidad del personaje.

Chocolate, una de las palabras de origen náhuatl que ha llegado a todo el mundo, originalmente refería a una bebida preparada con semillas de póchotl y cacáhuatl, que terminó por formar Pochocacáhuatl. Por su cercanía auditiva, chocolate es el eufemismo que comenzó a usarse en la región para nombrar a los vehículos sin las láminas de identificación expedidas por el gobierno. Los carros chuecos son, pues, los carros chocolate.

Aunque bien pudieron ser los carros chúntaros o los carros chorizo (palabra surgida de la portuguesa suaricium), carros chochos, pero eso ya recuerda a las bolitas que recetan los homeópatas o en ocasiones se usa para la vejez, o qué tal los carros chuleta. Al final el comportamiento de la lengua lo determina el pueblo que ha decidido que chocolate aplique para los vehículos, aunque curiosamente no es usado en otros contextos. Por ejemplo no decimos persona chocolate, sino persona que anda en malos pasos, mañoso, transa.

El fenómeno de los carros chocolate es uno que raya en lo ridículo por cualquier lado que guste verlo. Primero porque se trata de una burla a la autoridad, independiente de si hubo o no complicidad, tolerancia o indiferencia. Segundo, no solo por el dinero que dejó de percibir el erario, sino porque los implacables han llegado a convertirse en una fuerza que puede ser aún más manipulada hasta convertirla en un contrapeso político.

Regularizar los carros y decomisar aquellos cuyos propietarios se resistan a legalizarlos ni siquiera debería estar a discusión. Ahorita el problema son las placas apócrifas (algo que resultó útil de alguna u otra forma a quien de verdad no tenía para pagar importación y placas, pero también al conchudo ventajoso que teniendo dinero para hacer las cosas bien, aprovechó la oportunidad para trampear), mañana será alguien que imprima papel moneda o alguna otra tontería…

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