/ martes 23 de abril de 2019

¿Cómo me reelijo?

El Muro


Cuando fueron producidos los primeros libros en la imprenta del siglo XV, la gente no entendía bien cuál era la ventaja (algo parecido ocurrió con el surgimiento del internet en los 90’s), así que al momento que se hicieron de uno, antes de leerlo lo llevaron al copista para que les elaborara un ejemplar manuscrito, el único modelo que conocían.

Así les ocurre a algunos políticos pioneros en eso de la reelección, porque como nunca se habían enfrentado a un escenario similar están haciendo su campaña inspirados en el estilo que conocen, hecho que pudiera costarles más caro que desperdiciar un libro de la Edad Media.

En este país se le tiene pavor a la palabra reelección (“Sufragio efectivo…”), aunque signifique llanamente “elegirse otra vez”, por eso han recurrido a simplones eufemismos: La Constitución del país en el artículo 115 menciona “elección consecutiva”, la del Estado en su artículo 16 establece que los diputados “podrán ser electos de manera consecutiva…”, mientras el 78 que refiere al Ayuntamiento, señala “…pudiendo ser electos por un período adicional consecutivo”.

Sí, sabemos que reelección implica casos como el de Francisco Santana Peralta o el de Jaime Díaz Ochoa, es decir, electos en períodos distintos no más de dos ocasiones, pero aún así era más sencillo decir “reelección consecutiva” -no es pleonasmo- que denota el intento de ser elegido en el proceso comicial inmediato siguiente.

Dejar todo en manos de mercadólogos no es la mejor idea (lo dijo David Packard: “El marketing es demasiado importante para dejarlo en manos del departamento de marketing”). Confiar en exceso en el intento de manipular de última hora al elector con propuestas impactantes, es algo parecido a hacer la tarea sobre las rodillas con el profesor pasando por las filas recogiendo los trabajos: Es muy probable que termines mal aunque tu tarea sea genial.

Los maestros en el arte de la manipulación saben que es mucho mejor el convencimiento que se trabaja lento (escribió Machado en “Proverbios y Cantares”: “«Despacito y buena letra: / El hacer las cosas bien / importa más que el hacerlas«”) porque genera dependencia emocional, lo cual es maravilloso en términos de perpetuidad en el poder.

Los políticos que entienden bien de esto siempre están en campaña, por ejemplo comienzan regalando dinero a jóvenes de entre 15 a 18 años porque saben que en el próximo proceso federal estarán en posibilidades de votar, así que no importa qué hagan con el apoyo: Si compran una moto, cerveza, droga o si lo invierten en un changarro o ayudan a su familia, la clave es tener siempre en mente “quén pompó”.

La maquinaria ya está en funciones.

El Muro


Cuando fueron producidos los primeros libros en la imprenta del siglo XV, la gente no entendía bien cuál era la ventaja (algo parecido ocurrió con el surgimiento del internet en los 90’s), así que al momento que se hicieron de uno, antes de leerlo lo llevaron al copista para que les elaborara un ejemplar manuscrito, el único modelo que conocían.

Así les ocurre a algunos políticos pioneros en eso de la reelección, porque como nunca se habían enfrentado a un escenario similar están haciendo su campaña inspirados en el estilo que conocen, hecho que pudiera costarles más caro que desperdiciar un libro de la Edad Media.

En este país se le tiene pavor a la palabra reelección (“Sufragio efectivo…”), aunque signifique llanamente “elegirse otra vez”, por eso han recurrido a simplones eufemismos: La Constitución del país en el artículo 115 menciona “elección consecutiva”, la del Estado en su artículo 16 establece que los diputados “podrán ser electos de manera consecutiva…”, mientras el 78 que refiere al Ayuntamiento, señala “…pudiendo ser electos por un período adicional consecutivo”.

Sí, sabemos que reelección implica casos como el de Francisco Santana Peralta o el de Jaime Díaz Ochoa, es decir, electos en períodos distintos no más de dos ocasiones, pero aún así era más sencillo decir “reelección consecutiva” -no es pleonasmo- que denota el intento de ser elegido en el proceso comicial inmediato siguiente.

Dejar todo en manos de mercadólogos no es la mejor idea (lo dijo David Packard: “El marketing es demasiado importante para dejarlo en manos del departamento de marketing”). Confiar en exceso en el intento de manipular de última hora al elector con propuestas impactantes, es algo parecido a hacer la tarea sobre las rodillas con el profesor pasando por las filas recogiendo los trabajos: Es muy probable que termines mal aunque tu tarea sea genial.

Los maestros en el arte de la manipulación saben que es mucho mejor el convencimiento que se trabaja lento (escribió Machado en “Proverbios y Cantares”: “«Despacito y buena letra: / El hacer las cosas bien / importa más que el hacerlas«”) porque genera dependencia emocional, lo cual es maravilloso en términos de perpetuidad en el poder.

Los políticos que entienden bien de esto siempre están en campaña, por ejemplo comienzan regalando dinero a jóvenes de entre 15 a 18 años porque saben que en el próximo proceso federal estarán en posibilidades de votar, así que no importa qué hagan con el apoyo: Si compran una moto, cerveza, droga o si lo invierten en un changarro o ayudan a su familia, la clave es tener siempre en mente “quén pompó”.

La maquinaria ya está en funciones.

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