/ martes 4 de junio de 2024

Cruzando Líneas | De lejos, por México

Servando le manda dinero a su mamá cada mes. No es mucho, dice, pero allá rinde más. Él trabaja en la construcción en Phoenix, en lo eléctrico y su familia se quedó en Michoacán cuando él partió hace más de 18 años.

Todos los días 5 le envía 300 dólares a su “jefita” para las medicinas; a veces, cuando le va bien le pone un poco más, pero nunca menos. Con eso siente que no solo compra la paz mental de que no le faltará nada a esa mujer a la que tiene casi dos décadas sin abrazar, sino que además siente que su aportación refrenda la obligación del gobierno mexicano de facilitar que tenga voz y voto en las elecciones de su pueblo.

Foto: Imagen Ilustrativa | Freepik

En realidad, el hombre, ahora de 34 años, no tiene un interés especial en la política. Se fue de México cuando tenía 16, más por curiosidad que por necesidad, por no dejar pasar una de esas oportunidades que se presentan en la vida y nunca vuelven a aparecer, quizá. No cree en los sistemas ni en los funcionarios, le molesta la presión de las campañas políticas, se burla de los partidos, pero tiene uno de esos patriotismos contradictorios que, desde que se le permite, trata de votar desde el extranjero. Vota desde fuera como un acto de protesta. Llenar la boleta es, asegura, su manera de darle la contra al México del que se acuerda.

En Arizona, según el Instituto Nacional Electoral, se registraron 5,160 mexicanos para votar desde el extranjero, un porcentaje muy pequeño de las más de 226 mil inscripciones para el voto en el exterior que recibieron y certificaron las autoridades electorales mexicanas. No se sabe cuántos votarán, la próxima semana sabremos mejor.

A veces México se siente cerca, pero lo vemos de lejos y el astigmatismo cívico es real.

México vivió una elección histórica en la que eligió a la primera mujer presidenta de la nación. En un país conocido por su machismo, la mujer al frente representa, independientemente del partido político, una declaración política contundente de progreso democrático, uno que en Estados Unidos se ve cada vez más lejos. Y esto también es posible gracias a todos esos sufragios que se emiten desde el extranjero.

Sin embargo, hay quienes critican y cuestionan la designación de recursos para el proceso en el exterior. Piensan que, si ya no se vive en el país, poca influencia política deberían tener los que se fueron. Pero a esos Servando los critica y los acusa de intentar mantener el statu quo. Siente que sus remesas le dan el poder de decisión, porque, aunque su situación irregular migratoria en Estados Unidos no le permita salir del país, tiene la ilusión de sentirse aún mexicano, aunque sea en el papel. Y por eso vota y lo seguirá haciendo desde el exterior hasta que “un milagro” le permita volver.

Servando le manda dinero a su mamá cada mes. No es mucho, dice, pero allá rinde más. Él trabaja en la construcción en Phoenix, en lo eléctrico y su familia se quedó en Michoacán cuando él partió hace más de 18 años.

Todos los días 5 le envía 300 dólares a su “jefita” para las medicinas; a veces, cuando le va bien le pone un poco más, pero nunca menos. Con eso siente que no solo compra la paz mental de que no le faltará nada a esa mujer a la que tiene casi dos décadas sin abrazar, sino que además siente que su aportación refrenda la obligación del gobierno mexicano de facilitar que tenga voz y voto en las elecciones de su pueblo.

Foto: Imagen Ilustrativa | Freepik

En realidad, el hombre, ahora de 34 años, no tiene un interés especial en la política. Se fue de México cuando tenía 16, más por curiosidad que por necesidad, por no dejar pasar una de esas oportunidades que se presentan en la vida y nunca vuelven a aparecer, quizá. No cree en los sistemas ni en los funcionarios, le molesta la presión de las campañas políticas, se burla de los partidos, pero tiene uno de esos patriotismos contradictorios que, desde que se le permite, trata de votar desde el extranjero. Vota desde fuera como un acto de protesta. Llenar la boleta es, asegura, su manera de darle la contra al México del que se acuerda.

En Arizona, según el Instituto Nacional Electoral, se registraron 5,160 mexicanos para votar desde el extranjero, un porcentaje muy pequeño de las más de 226 mil inscripciones para el voto en el exterior que recibieron y certificaron las autoridades electorales mexicanas. No se sabe cuántos votarán, la próxima semana sabremos mejor.

A veces México se siente cerca, pero lo vemos de lejos y el astigmatismo cívico es real.

México vivió una elección histórica en la que eligió a la primera mujer presidenta de la nación. En un país conocido por su machismo, la mujer al frente representa, independientemente del partido político, una declaración política contundente de progreso democrático, uno que en Estados Unidos se ve cada vez más lejos. Y esto también es posible gracias a todos esos sufragios que se emiten desde el extranjero.

Sin embargo, hay quienes critican y cuestionan la designación de recursos para el proceso en el exterior. Piensan que, si ya no se vive en el país, poca influencia política deberían tener los que se fueron. Pero a esos Servando los critica y los acusa de intentar mantener el statu quo. Siente que sus remesas le dan el poder de decisión, porque, aunque su situación irregular migratoria en Estados Unidos no le permita salir del país, tiene la ilusión de sentirse aún mexicano, aunque sea en el papel. Y por eso vota y lo seguirá haciendo desde el exterior hasta que “un milagro” le permita volver.