/ viernes 12 de abril de 2019

El héroe

Pensares


En una cena entre amigos y familiares de niños con capacidades diferentes, el padre de uno pronunció un discurso que nunca será olvidado por las personas que lo escucharon. Después de felicitar y exaltar a la institución y a todos los que trabajan para ella, hizo el siguiente razonamiento:

-Cuando no hay agentes externos que interfieran con la naturaleza, el orden natural de las cosas alcanza la perfección, pero mi hijo no puede aprender como otros niños lo hacen, no puede entender las cosas como otros niños. ¿Dónde está el orden natural de las cosas en mi hijo?

La audiencia quedó impactada por la pregunta. El padre del niño continuó:

-Yo veo que cuando un niño física y mentalmente discapacitado viene al mundo, una oportunidad de ver la verdadera naturaleza humana se manifiesta en la forma en las que otras personas tratan a ese niño.

Entonces contó que un día caminaba con su hijo por la vereda de un pequeño club donde algunos niños jugaban futbol. El niño le preguntó a su padre: ¿Crees que me dejen jugar? Su padre sabía que a la mayoría de los niños no les gustaría que alguien como su hijo jugara en su equipo, pero también entendió que si le permitían jugar a su hijo le darían un sentido de pertenencia y la confianza de ser aceptado por otros a pesar de sus habilidades especiales.

El padre se acercó y le preguntó al capitán de uno de los equipos:

-¿Mi hijo podría jugar?

El niño miró a su alrededor como buscando a alguien que lo aconsejara y dijo:

-Estamos perdiendo 2-1 y al partido le quedan 15 minutos, supongo que puede unirse a nuestro grupo de suplentes y trataremos de que entre un rato antes del final.

El niño se desplazó con dificultad hasta el banco de los suplentes y con una amplia sonrisa se puso una camiseta del equipo. Mientras se sentaba entre el grupo de los que esperaban la posibilidad de jugar, su padre lo contemplaba. Los otros niños notaron algo muy evidente: La felicidad del padre cuando su hijo era aceptado.

Cuando faltaban 5 minutos para terminar el partido, el equipo logró empatar el encuentro con un cañonazo increíble que sorprendió al arquero. Quedaban algunos instantes cuando ocurrió otro hecho notable: Una mala entrega de un defensor adversario hizo que el árbitro marcara penal. En medio de los festejos del equipo por la oportunidad de ganar, se vio que el centro delantero encargado de patear los penales apenas podía moverse por el fuerte golpe recibido. Fue entonces que el capitán del equipo convocó al grupo de jugadores para elegir entre los suplentes al mejor pateador de penales. En medio de la sorpresa del equipo del capitán, el réferi se dirigió al niño, le dio la mano y de un tirón lo puso de pie, le dio un ligero abrazo y cuando se alejaba le gritó ¡suerte!

Su padre lo animaba desde un poco más lejos. Sin embargo, tuvo la sensación de que quizás el otro equipo estuviera dispuesto a perder para permitirle a su hijo tener un gran momento en su vida. El niño dio unos pasos al frente y pateó la pelota suavemente, traspasando al arquero y la línea de gol. El árbitro validó el tanto y dio por terminado el partido.

Rebosando felicidad, el niño miró a su padre mientras los jugadores lo abrazaban como héroe. Ese día dijo el padre: Los niños de los dos equipos ayudaron dándole a este mundo un trozo de verdadero y cálido amor humano.

El niño no sobrevivió otro verano. Murió ese invierno, sin olvidar nunca haber sido el héroe y haber hecho a sus padres muy felices.


Pensares


En una cena entre amigos y familiares de niños con capacidades diferentes, el padre de uno pronunció un discurso que nunca será olvidado por las personas que lo escucharon. Después de felicitar y exaltar a la institución y a todos los que trabajan para ella, hizo el siguiente razonamiento:

-Cuando no hay agentes externos que interfieran con la naturaleza, el orden natural de las cosas alcanza la perfección, pero mi hijo no puede aprender como otros niños lo hacen, no puede entender las cosas como otros niños. ¿Dónde está el orden natural de las cosas en mi hijo?

La audiencia quedó impactada por la pregunta. El padre del niño continuó:

-Yo veo que cuando un niño física y mentalmente discapacitado viene al mundo, una oportunidad de ver la verdadera naturaleza humana se manifiesta en la forma en las que otras personas tratan a ese niño.

Entonces contó que un día caminaba con su hijo por la vereda de un pequeño club donde algunos niños jugaban futbol. El niño le preguntó a su padre: ¿Crees que me dejen jugar? Su padre sabía que a la mayoría de los niños no les gustaría que alguien como su hijo jugara en su equipo, pero también entendió que si le permitían jugar a su hijo le darían un sentido de pertenencia y la confianza de ser aceptado por otros a pesar de sus habilidades especiales.

El padre se acercó y le preguntó al capitán de uno de los equipos:

-¿Mi hijo podría jugar?

El niño miró a su alrededor como buscando a alguien que lo aconsejara y dijo:

-Estamos perdiendo 2-1 y al partido le quedan 15 minutos, supongo que puede unirse a nuestro grupo de suplentes y trataremos de que entre un rato antes del final.

El niño se desplazó con dificultad hasta el banco de los suplentes y con una amplia sonrisa se puso una camiseta del equipo. Mientras se sentaba entre el grupo de los que esperaban la posibilidad de jugar, su padre lo contemplaba. Los otros niños notaron algo muy evidente: La felicidad del padre cuando su hijo era aceptado.

Cuando faltaban 5 minutos para terminar el partido, el equipo logró empatar el encuentro con un cañonazo increíble que sorprendió al arquero. Quedaban algunos instantes cuando ocurrió otro hecho notable: Una mala entrega de un defensor adversario hizo que el árbitro marcara penal. En medio de los festejos del equipo por la oportunidad de ganar, se vio que el centro delantero encargado de patear los penales apenas podía moverse por el fuerte golpe recibido. Fue entonces que el capitán del equipo convocó al grupo de jugadores para elegir entre los suplentes al mejor pateador de penales. En medio de la sorpresa del equipo del capitán, el réferi se dirigió al niño, le dio la mano y de un tirón lo puso de pie, le dio un ligero abrazo y cuando se alejaba le gritó ¡suerte!

Su padre lo animaba desde un poco más lejos. Sin embargo, tuvo la sensación de que quizás el otro equipo estuviera dispuesto a perder para permitirle a su hijo tener un gran momento en su vida. El niño dio unos pasos al frente y pateó la pelota suavemente, traspasando al arquero y la línea de gol. El árbitro validó el tanto y dio por terminado el partido.

Rebosando felicidad, el niño miró a su padre mientras los jugadores lo abrazaban como héroe. Ese día dijo el padre: Los niños de los dos equipos ayudaron dándole a este mundo un trozo de verdadero y cálido amor humano.

El niño no sobrevivió otro verano. Murió ese invierno, sin olvidar nunca haber sido el héroe y haber hecho a sus padres muy felices.


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