/ viernes 13 de julio de 2018

“El libro de las pruebas”

Menos Face y Más Book


Amigos de esta humilde y sacrificada columna, con este calor recalcitrante que quema cada pedazo de esta ciudad, esta semana de pleno verano les traigo un libro que se debe leer a fuego medio… con olla de lento cocimiento.

“El libro de las pruebas” (John Banville, Alfaguara, 231 páginas) tiene mucho de “El defensor tiene la palabra” de Pierre Benoit, en donde del protagonista está en el banquillo de los acusados, pero no para dar un testimonio grandilocuente, para demostrar su inocencia y explicar que todo fue una suma de malos entendidos. No, ¡para nada! En este caso Freddie Montgomery está contando su historia, nada más que eso; no da escusas, no busca torcer el brazo fuerte de la ley a su favor, solo cuenta el porqué mató y de manera lela nos deja al decir que mató “porque podía hacerlo”, porque tuvo la oportunidad. No fue venganza, no fue pasional, solo fue porque salió de él ese asesino con el cual algunas veces fantaseamos en lo secreto de nuestra mente, donde podemos matar de diferentes maneras y en donde las consecuencias legales ni morales existen.

Durante el transcurso de las páginas escucharemos la confesión del protagonista y de sus allegados, llamados como testigos en este juicio.

Si tuviera que decir algún punto en contra a este libro, sería algo muy doméstico para el lector amateur como yo; es que los capítulos son largos y por las descripciones que da el escritor del entorno sicológico del protagonista, debes poner atención a esos detalles tan personales y particulares de él y de cómo vio, percibió su acción.

No todas las noches leerás un capítulo entero, pero sí habrás avanzando de buena gana en un libro que para algunos es una excelente manera de introducción a este escritor.

John Banville nació en 1945. Es un novelista irlandés, “uno de los grandes talentos de la lengua inglesa”, Premio Booker 2005. Escribe también novela negra bajo el seudónimo de Benjamín Black. Sobre su desdoblamiento como escritor ha dicho: “El arte es una cosa extraña. Bajo el sombrero de Banville puedo escribir 200 palabras al día. Un día decidí que podía convertirme en otro y bajo ese segundo sombrero, en esa segunda piel, puedo irme a comer tras haber escrito un millar de palabras, tal vez 2,000 y disfrutar con ello”.

“Es increíble descubrir cómo otro tipo puede vivir tu vida y usar tus manos y deleitarse con eso. Escribir es un trabajo peculiar... Escribir es como respirar. Lo hago por necesidad. Por mi propia boca y ahora también por la de Black”.

Antes de despedirme esta semana, se celebra con bombos y platillos el rescate de los estudiantes en Tailandia, incluso ya se habla de una película, también se prepara por parte de National Geographic un documental de Gustavo Cerati.

Se declararon ya las jirafas como especie en peligro de extinción.


Menos Face y Más Book


Amigos de esta humilde y sacrificada columna, con este calor recalcitrante que quema cada pedazo de esta ciudad, esta semana de pleno verano les traigo un libro que se debe leer a fuego medio… con olla de lento cocimiento.

“El libro de las pruebas” (John Banville, Alfaguara, 231 páginas) tiene mucho de “El defensor tiene la palabra” de Pierre Benoit, en donde del protagonista está en el banquillo de los acusados, pero no para dar un testimonio grandilocuente, para demostrar su inocencia y explicar que todo fue una suma de malos entendidos. No, ¡para nada! En este caso Freddie Montgomery está contando su historia, nada más que eso; no da escusas, no busca torcer el brazo fuerte de la ley a su favor, solo cuenta el porqué mató y de manera lela nos deja al decir que mató “porque podía hacerlo”, porque tuvo la oportunidad. No fue venganza, no fue pasional, solo fue porque salió de él ese asesino con el cual algunas veces fantaseamos en lo secreto de nuestra mente, donde podemos matar de diferentes maneras y en donde las consecuencias legales ni morales existen.

Durante el transcurso de las páginas escucharemos la confesión del protagonista y de sus allegados, llamados como testigos en este juicio.

Si tuviera que decir algún punto en contra a este libro, sería algo muy doméstico para el lector amateur como yo; es que los capítulos son largos y por las descripciones que da el escritor del entorno sicológico del protagonista, debes poner atención a esos detalles tan personales y particulares de él y de cómo vio, percibió su acción.

No todas las noches leerás un capítulo entero, pero sí habrás avanzando de buena gana en un libro que para algunos es una excelente manera de introducción a este escritor.

John Banville nació en 1945. Es un novelista irlandés, “uno de los grandes talentos de la lengua inglesa”, Premio Booker 2005. Escribe también novela negra bajo el seudónimo de Benjamín Black. Sobre su desdoblamiento como escritor ha dicho: “El arte es una cosa extraña. Bajo el sombrero de Banville puedo escribir 200 palabras al día. Un día decidí que podía convertirme en otro y bajo ese segundo sombrero, en esa segunda piel, puedo irme a comer tras haber escrito un millar de palabras, tal vez 2,000 y disfrutar con ello”.

“Es increíble descubrir cómo otro tipo puede vivir tu vida y usar tus manos y deleitarse con eso. Escribir es un trabajo peculiar... Escribir es como respirar. Lo hago por necesidad. Por mi propia boca y ahora también por la de Black”.

Antes de despedirme esta semana, se celebra con bombos y platillos el rescate de los estudiantes en Tailandia, incluso ya se habla de una película, también se prepara por parte de National Geographic un documental de Gustavo Cerati.

Se declararon ya las jirafas como especie en peligro de extinción.


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