/ miércoles 25 de septiembre de 2019

Errores políticos

El Muro


Un político jamás la riega. Un político comete “errores políticos”, lo cual es distinto. Un error político es una suerte de manto sagrado, una protección para salir incólume, con porte, distinción e incluso elegancia, de un conflicto potenciado por él mismo.

Un ser ordinario se equivoca y paga las consecuencias de su irresponsabilidad: Pierde su trabajo, su pareja, pierde dinero o una oportunidad, recibe un castigo. Un político incurre en una falla, sus detractores lo delatan y automáticamente entra a escena el recurso sanador del “error político”, que todo lo arregla con una disculpa o dejándolo al tiempo, arrinconándolo en el olvido.

Por ejemplo, retrasar los pagos a diversos sectores del área educativa (jubilados, en activo, a la Universidad), fue a todas luces una equivocación producto de una serie de condiciones no necesariamente atribuibles en su totalidad al gobierno estatal. En cualquier otra circunstancia, el responsable de esa omisión seguramente perdería su trabajo por su falta de previsión, de empatía, pero no en la administración pública.

Las explicaciones dadas por la autoridad sobre las razones de la ausencia de pago, no resultaron convincentes no solo a los afectados, sino al resto de la comunidad (el 99% de los problemas se agravan a causa de una explicación ineficaz). Fue un error grave, un elemento abonador para la debacle panista en las elecciones pasadas. Pero el “error político” del Gobernador así seguirá, muy probablemente hasta el término de la administración.

Dos políticos jamás tendrán coraje ni envidia uno del otro; ellos tienen “problemas políticos”, lo cual eleva de categoría al chisme para colocarlo allá, alto en la escala social. La envidia es de mal gusto, propio de la gente impulsiva, sin educación, así que cuando se colocan mutuamente piedras en el camino para entorpecer su avance, lo mejor es llamarlo “diferencias políticas”, asunto que -dicho sea de paso- evita el cuestionamiento a los involucrados porque es sencillo suponer, aunque sea erróneo, que un par de personajes importantes en la estructura gubernamental tienen problemas “importantes”.

“Problemas políticos” tienen algunos panistas con su dirigente estatal o con el Gobernador o con algunos diputados actuales. Los priístas los tienen unos con otros, los morenistas de pura cepa con los que estarán incrustados en la próxima nómina oficial.

Luego tenemos al padre de todos los clichés políticos, muy arraigado en el sector de la prensa especializada en análisis político: Un político jamás comete errores y si acaso parece que cometió una pifia, ésta termina por ser parte de una “estrategia política” maquiavélica para desconcertar al enemigo. Pero al uso de esta herramienta solo acceden aquellos que se han forjado una imagen de astutos. Un Presidente en nuestro país nunca se equivoca, mucho menos el Presidente actual, porque él lo tiene todo fríamente calculado.

El Muro


Un político jamás la riega. Un político comete “errores políticos”, lo cual es distinto. Un error político es una suerte de manto sagrado, una protección para salir incólume, con porte, distinción e incluso elegancia, de un conflicto potenciado por él mismo.

Un ser ordinario se equivoca y paga las consecuencias de su irresponsabilidad: Pierde su trabajo, su pareja, pierde dinero o una oportunidad, recibe un castigo. Un político incurre en una falla, sus detractores lo delatan y automáticamente entra a escena el recurso sanador del “error político”, que todo lo arregla con una disculpa o dejándolo al tiempo, arrinconándolo en el olvido.

Por ejemplo, retrasar los pagos a diversos sectores del área educativa (jubilados, en activo, a la Universidad), fue a todas luces una equivocación producto de una serie de condiciones no necesariamente atribuibles en su totalidad al gobierno estatal. En cualquier otra circunstancia, el responsable de esa omisión seguramente perdería su trabajo por su falta de previsión, de empatía, pero no en la administración pública.

Las explicaciones dadas por la autoridad sobre las razones de la ausencia de pago, no resultaron convincentes no solo a los afectados, sino al resto de la comunidad (el 99% de los problemas se agravan a causa de una explicación ineficaz). Fue un error grave, un elemento abonador para la debacle panista en las elecciones pasadas. Pero el “error político” del Gobernador así seguirá, muy probablemente hasta el término de la administración.

Dos políticos jamás tendrán coraje ni envidia uno del otro; ellos tienen “problemas políticos”, lo cual eleva de categoría al chisme para colocarlo allá, alto en la escala social. La envidia es de mal gusto, propio de la gente impulsiva, sin educación, así que cuando se colocan mutuamente piedras en el camino para entorpecer su avance, lo mejor es llamarlo “diferencias políticas”, asunto que -dicho sea de paso- evita el cuestionamiento a los involucrados porque es sencillo suponer, aunque sea erróneo, que un par de personajes importantes en la estructura gubernamental tienen problemas “importantes”.

“Problemas políticos” tienen algunos panistas con su dirigente estatal o con el Gobernador o con algunos diputados actuales. Los priístas los tienen unos con otros, los morenistas de pura cepa con los que estarán incrustados en la próxima nómina oficial.

Luego tenemos al padre de todos los clichés políticos, muy arraigado en el sector de la prensa especializada en análisis político: Un político jamás comete errores y si acaso parece que cometió una pifia, ésta termina por ser parte de una “estrategia política” maquiavélica para desconcertar al enemigo. Pero al uso de esta herramienta solo acceden aquellos que se han forjado una imagen de astutos. Un Presidente en nuestro país nunca se equivoca, mucho menos el Presidente actual, porque él lo tiene todo fríamente calculado.

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