/ miércoles 23 de octubre de 2019

Falsos dilemas

El Muro


El dilema del tren, un experimento muy conocido en el mundo de la sicología, la ética y la moral, plantea el caso de una locomotora a toda velocidad que va directo hacia un grupo de cinco personas atadas a la vía. Por suerte existe la posibilidad de accionar una palanca para redirigir el tren hacia otro camino, en el cual se encuentra una persona sujeta a los rieles.

Ese test posee una variante: El mismo tren se dirige hacia las cinco personas, pero en este caso la única forma de salvarlas es arrojar a un hombre con marcado sobrepeso. En la primera opción la mayoría está dispuesta al sacrificio de una persona en aras de salvar más, mientras en el segundo la cosa cambia. Tal parece como si accionar una palanca implicara menos compromiso con la conciencia, mientras en el segundo, empujar a alguien termina pareciéndose más a un homicidio con fines nobles, pero homicidio al fin.

Un dilema conlleva una complicación mental intensa antes de terminar en una decisión, porque ambas alternativas son igual de beneficiosas o perjudiciales, pero debe elegirse una: “Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción del ánimo: Sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta u oponer los brazos a este torrente de calamidades y darles fin con atrevida resistencia?”, se preguntó Hamlet.

En Culiacán el verdadero dilema debió ocurrir antes de aventarse a hacer el ridículo, resolverlo en el cuarto de guerra con los funcionarios haciendo proyecciones de escenarios bajo presión. Porque lo ocurrido después fue una maroma política. Decidir la liberación de un sospechoso, cuya gente tomó el control de puntos estratégicos de la ciudad no implicaba grandes esfuerzos mentales, solo simples cálculos políticos con el fin de paliar la humillación pública. En pocas palabras, no hubo dilema. A esa decisión pudo haber llegado hasta un estudiante de secundaria.

Existen también los falsos dilemas, situaciones con apariencia de blanco o negro en las cuales sin embargo existen más alternativas. En internet es posible encontrar este ejemplo: “Las bandas violentas se han adueñado de las calles, así que debemos incrementar la presencia policial o dejar que huyan”. Entre la guerra frontal a los delincuentes organizados o la liberación de los responsables, existe algo conocido como estrategia. El “están conmigo o están en mi contra” es la muestra más significativa de falso dilema.

De igual forma, tenemos a los dilemas falsos, o sea, los acontecimientos forzados para simular un problema merecedor de la intervención del salvador. Antes de haber salido a marchar para exigir un dinero que legítimamente les pertenece, la autoridad universitaria debió haber explicado a su comunidad el hecho de que la recuperación de lo perdido va por buen camino. Por lo tanto, la faramalla esa del juicio político era innecesaria.

El Muro


El dilema del tren, un experimento muy conocido en el mundo de la sicología, la ética y la moral, plantea el caso de una locomotora a toda velocidad que va directo hacia un grupo de cinco personas atadas a la vía. Por suerte existe la posibilidad de accionar una palanca para redirigir el tren hacia otro camino, en el cual se encuentra una persona sujeta a los rieles.

Ese test posee una variante: El mismo tren se dirige hacia las cinco personas, pero en este caso la única forma de salvarlas es arrojar a un hombre con marcado sobrepeso. En la primera opción la mayoría está dispuesta al sacrificio de una persona en aras de salvar más, mientras en el segundo la cosa cambia. Tal parece como si accionar una palanca implicara menos compromiso con la conciencia, mientras en el segundo, empujar a alguien termina pareciéndose más a un homicidio con fines nobles, pero homicidio al fin.

Un dilema conlleva una complicación mental intensa antes de terminar en una decisión, porque ambas alternativas son igual de beneficiosas o perjudiciales, pero debe elegirse una: “Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción del ánimo: Sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta u oponer los brazos a este torrente de calamidades y darles fin con atrevida resistencia?”, se preguntó Hamlet.

En Culiacán el verdadero dilema debió ocurrir antes de aventarse a hacer el ridículo, resolverlo en el cuarto de guerra con los funcionarios haciendo proyecciones de escenarios bajo presión. Porque lo ocurrido después fue una maroma política. Decidir la liberación de un sospechoso, cuya gente tomó el control de puntos estratégicos de la ciudad no implicaba grandes esfuerzos mentales, solo simples cálculos políticos con el fin de paliar la humillación pública. En pocas palabras, no hubo dilema. A esa decisión pudo haber llegado hasta un estudiante de secundaria.

Existen también los falsos dilemas, situaciones con apariencia de blanco o negro en las cuales sin embargo existen más alternativas. En internet es posible encontrar este ejemplo: “Las bandas violentas se han adueñado de las calles, así que debemos incrementar la presencia policial o dejar que huyan”. Entre la guerra frontal a los delincuentes organizados o la liberación de los responsables, existe algo conocido como estrategia. El “están conmigo o están en mi contra” es la muestra más significativa de falso dilema.

De igual forma, tenemos a los dilemas falsos, o sea, los acontecimientos forzados para simular un problema merecedor de la intervención del salvador. Antes de haber salido a marchar para exigir un dinero que legítimamente les pertenece, la autoridad universitaria debió haber explicado a su comunidad el hecho de que la recuperación de lo perdido va por buen camino. Por lo tanto, la faramalla esa del juicio político era innecesaria.

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