/ viernes 26 de junio de 2020

Fuera de la caja

EN ALGÚN LUGAR…

En algún lugar restringido por las aristas de un criterio irracional se excluyen las réplicas porque en ese cuadrante se distorsiona la retórica erigiendo una perspectiva absoluta que erradica todos los intentos de la razón, de la creatividad y del ingenio…

Los sucesos recientes ameritan un cambio radical en la perspectiva. Si desmentimos la existencia del Bloque Opositor, si redefinimos la discriminación o identificamos al garante de las elecciones, reaccionaremos como se pretende que lo hagamos: Aportando todos los elementos lógicos para señalar la ilógica galopante del discurso oficial extendiendo el tema hasta los niveles de la exasperación.

Todos los esfuerzos para desglosar las ocurrencias oficiales nos retienen en un ámbito donde proliferan el absurdo y los anacronismos porque ese es el objetivo de esta estrategia de propaganda: Provocar la controversia y agudizar la polémica, confrontarnos en una dinámica hostil que desgasta las intenciones que deberían empeñarse en atenuar los estragos de esta crisis. Es extenuante y ya insoportable, discernir entre las impericias y los caprichos, reinterpretar el sentido estricto de los refranes, conciliar lo que se dijo con lo que se dice que no se dijo y aterrizar las incongruencias glorificadas en desplantes esotéricos.

Considerando esta lamentable situación, los expertos recomiendan cuidar la salud mental y prevenir la proliferación de la beligerancia. Las instrucciones consisten en instalar un filtro para discernir todos los mensajes y los signos percibidos, identificarlos aplicando el sentido común y distanciarse, a la brevedad posible, de las aberraciones y exabruptos detectados.

Metafóricamente: Debemos salir de la caja, abandonar ese ambiente tóxico y reservar nuestro talento, ingenio y creatividad para la búsqueda de soluciones y alternativas. Literalmente: Salir de la caja significa ignorar las imprecisiones oficiales que distorsionan la realidad; ponderar los datos y los cifras atendiendo a la intención con que se interpretan; oír sin escuchar los dimes y diretes que vulgarizan el debate público; quitarse el saco y desprenderse de las etiquetas que nos han adjudicado en una confrontación perversamente arcaica. Y una vez afuera, asumir la ciudadanía como la única identidad posible.

¡Claro que por supuesto y desde luego que no! No será fácil. Es mucho más cómodo aceptar y repetir un mensaje sin discernirlo. Ahí reside el éxito de la propaganda, pero sus efectos nocivos desaparecerán cuando decrezca la atención concedida al debate que nos confronta, cuando la opinión pública se configure con la pluralidad de voces y visiones, cuando se erradique la intolerancia que condena la crítica como si fuera una herejía en el medioevo.

Por eso lo invito a salir de esta caja. No caiga en las provocaciones que pretenden convertirnos en el eco de palabras necias; olvide las etiquetas polarizantes que nos denigran. Este es el mejor momento para buscar lo que nos ennoblece como mexicanos…

enalgunlugarlaura@hotmail.com


EN ALGÚN LUGAR…

En algún lugar restringido por las aristas de un criterio irracional se excluyen las réplicas porque en ese cuadrante se distorsiona la retórica erigiendo una perspectiva absoluta que erradica todos los intentos de la razón, de la creatividad y del ingenio…

Los sucesos recientes ameritan un cambio radical en la perspectiva. Si desmentimos la existencia del Bloque Opositor, si redefinimos la discriminación o identificamos al garante de las elecciones, reaccionaremos como se pretende que lo hagamos: Aportando todos los elementos lógicos para señalar la ilógica galopante del discurso oficial extendiendo el tema hasta los niveles de la exasperación.

Todos los esfuerzos para desglosar las ocurrencias oficiales nos retienen en un ámbito donde proliferan el absurdo y los anacronismos porque ese es el objetivo de esta estrategia de propaganda: Provocar la controversia y agudizar la polémica, confrontarnos en una dinámica hostil que desgasta las intenciones que deberían empeñarse en atenuar los estragos de esta crisis. Es extenuante y ya insoportable, discernir entre las impericias y los caprichos, reinterpretar el sentido estricto de los refranes, conciliar lo que se dijo con lo que se dice que no se dijo y aterrizar las incongruencias glorificadas en desplantes esotéricos.

Considerando esta lamentable situación, los expertos recomiendan cuidar la salud mental y prevenir la proliferación de la beligerancia. Las instrucciones consisten en instalar un filtro para discernir todos los mensajes y los signos percibidos, identificarlos aplicando el sentido común y distanciarse, a la brevedad posible, de las aberraciones y exabruptos detectados.

Metafóricamente: Debemos salir de la caja, abandonar ese ambiente tóxico y reservar nuestro talento, ingenio y creatividad para la búsqueda de soluciones y alternativas. Literalmente: Salir de la caja significa ignorar las imprecisiones oficiales que distorsionan la realidad; ponderar los datos y los cifras atendiendo a la intención con que se interpretan; oír sin escuchar los dimes y diretes que vulgarizan el debate público; quitarse el saco y desprenderse de las etiquetas que nos han adjudicado en una confrontación perversamente arcaica. Y una vez afuera, asumir la ciudadanía como la única identidad posible.

¡Claro que por supuesto y desde luego que no! No será fácil. Es mucho más cómodo aceptar y repetir un mensaje sin discernirlo. Ahí reside el éxito de la propaganda, pero sus efectos nocivos desaparecerán cuando decrezca la atención concedida al debate que nos confronta, cuando la opinión pública se configure con la pluralidad de voces y visiones, cuando se erradique la intolerancia que condena la crítica como si fuera una herejía en el medioevo.

Por eso lo invito a salir de esta caja. No caiga en las provocaciones que pretenden convertirnos en el eco de palabras necias; olvide las etiquetas polarizantes que nos denigran. Este es el mejor momento para buscar lo que nos ennoblece como mexicanos…

enalgunlugarlaura@hotmail.com