/ miércoles 27 de enero de 2021

Kamala onda

El Muro


Sí, qué bueno que Kamala Harris sea la primera vicepresidenta en la historia de los Estados Unidos. Sí, qué elegante y simbólica lucía con su atuendo morado mezcla del azul demócrata y rojo republicano.

Sí, qué bien que provenga de raíces jamaicanas e indias. Sí, qué bien que creciera viendo el ejemplo de sus padres. Sí a todo lo que quieran, pero ¿saben algo? Eso no resuelve en nada el problema de la inequidad de la mujer, ni tampoco el resto de los conflictos sociales.

De la misma forma, cuando en el otoño tengamos una gobernadora y alcaldesas eso no representará el inicio del camino para lograr la emancipación femenina, porque a esa meta no se llega con simbolismos, sino con actos constantes bien enfocados. Pero ¿por qué las gobernantes no podrían llegar a ser la punta de lanza, el punto de inflexión de un cambio social verdadero? Básicamente porque estamos hablando de políticos, no de estadistas y los políticos ven por su interés particular lo mismo en Mexicali que en los Emiratos Árabes Unidos.

Eso por sí solo no es malo porque es una verdad sabida, una obviedad. El problema viene cuando nos cegamos a esa realidad y esperamos que esta vez del limonero sí broten jugosas manzanas. También hay que ver que las historias de éxito tienden a ser emotivo-pasivas, es decir, no mueven a la acción. Han pasado muchas generaciones y el ejemplo de Benito Juárez no ha conseguido la integración de las poblaciones indígenas, ya no digamos al poder, sino a una vida sin discriminación. Tan es así que el INE busca forzar la equidad, exigiendo a los partidos la inclusión de minorías.

Además, por si fuera poco las historias de éxito de los personajes políticos no se parecen a las nuestras. Los padres de Kamala no eran obreros de maquiladora, sino universitarios con posgrado con ingresos superiores al promedio. Por cierto, según los resultados del censo de población 2020 en la entidad el promedio de educación es hasta la secundaria.

Los políticos no están interesados en comprender lo que está detrás de los problemas que juran resolver porque no lo necesitan para llegar al poder. No entienden, por ejemplo, que consumir droga no representa un acto de diversión ni de rebeldía, sino una forma de obtener un escape inmediato a las frustraciones que nadie más otorgará y que criminalizar en lugar de mejorar las condiciones hace más grave el problema, ese problema que ellos necesitan que exista para justificar su intervención. Kamala onda.

El Muro


Sí, qué bueno que Kamala Harris sea la primera vicepresidenta en la historia de los Estados Unidos. Sí, qué elegante y simbólica lucía con su atuendo morado mezcla del azul demócrata y rojo republicano.

Sí, qué bien que provenga de raíces jamaicanas e indias. Sí, qué bien que creciera viendo el ejemplo de sus padres. Sí a todo lo que quieran, pero ¿saben algo? Eso no resuelve en nada el problema de la inequidad de la mujer, ni tampoco el resto de los conflictos sociales.

De la misma forma, cuando en el otoño tengamos una gobernadora y alcaldesas eso no representará el inicio del camino para lograr la emancipación femenina, porque a esa meta no se llega con simbolismos, sino con actos constantes bien enfocados. Pero ¿por qué las gobernantes no podrían llegar a ser la punta de lanza, el punto de inflexión de un cambio social verdadero? Básicamente porque estamos hablando de políticos, no de estadistas y los políticos ven por su interés particular lo mismo en Mexicali que en los Emiratos Árabes Unidos.

Eso por sí solo no es malo porque es una verdad sabida, una obviedad. El problema viene cuando nos cegamos a esa realidad y esperamos que esta vez del limonero sí broten jugosas manzanas. También hay que ver que las historias de éxito tienden a ser emotivo-pasivas, es decir, no mueven a la acción. Han pasado muchas generaciones y el ejemplo de Benito Juárez no ha conseguido la integración de las poblaciones indígenas, ya no digamos al poder, sino a una vida sin discriminación. Tan es así que el INE busca forzar la equidad, exigiendo a los partidos la inclusión de minorías.

Además, por si fuera poco las historias de éxito de los personajes políticos no se parecen a las nuestras. Los padres de Kamala no eran obreros de maquiladora, sino universitarios con posgrado con ingresos superiores al promedio. Por cierto, según los resultados del censo de población 2020 en la entidad el promedio de educación es hasta la secundaria.

Los políticos no están interesados en comprender lo que está detrás de los problemas que juran resolver porque no lo necesitan para llegar al poder. No entienden, por ejemplo, que consumir droga no representa un acto de diversión ni de rebeldía, sino una forma de obtener un escape inmediato a las frustraciones que nadie más otorgará y que criminalizar en lugar de mejorar las condiciones hace más grave el problema, ese problema que ellos necesitan que exista para justificar su intervención. Kamala onda.

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