/ martes 25 de junio de 2019

La droga no mata

El Muro


La palabra droga deriva del árabe hispánico hatruka que significa charlatanería. Con el prefijo hatr surgieron también hatrikayra o

faltriquera, la bolsa para colocar chácharas tipo cangurera o hatrac

que formó andrajo, el necio, el andrajoso.

En inglés es igual de extraño, primordialmente porque drug no se trata de un cognado del español como podría suponerse, sino un derivado del antiguo alemán droge vate o barriles secos como una referencia a que las hierbas medicinales tradicionalmente se almacenan secas, quizá por eso los norteamericanos usan el “drug store” para referirse a lo que nosotros identificamos como botica, la bodega en la que se guardan medicamentos, mientras farmacia es el lugar que trabaja con medicinas.

La influencia del árabe en el castellano es bastante curiosa. Quién diría por ejemplo que la porra ya en desuso “…alabío alabao a la bim bom bá” es una deformación de la expresión infantil “alabí alabá alabín bombá” (usada también en la canción “Me gustas tú” de Manú Chao) que viene siendo algo así como “muy bien equipo, muy bien”.

En el mismo tenor, la etimología de asesino es polémica sobre todo porque está ligada al consumo de estupefacientes. Se dice que proviene de hassasi o los que usan hachís, un comando que estimulaba su valentía por el cáñamo, cometía crímenes políticos -a nombre de un gobernante- allá por el siglo XI. El uso de narcóticos con fines recreativos, medicinales o chamánicos, se puede rastrear hasta hace 50 mil años (“Archaeological evidence for the tradition of psychoactive plant use in the old world”), cuando los Neandertal, esos homínidos chaparros, fornidos, de huesos anchos, con un cerebro más grande que el nuestro, que llevaban un tren de vida tan ajetreado que solo alcanzaba para vivir hasta los 30 años, usaban la hierba Ephedra Altissima como un psicoactivo.

El autor de “Old and New World Narcotics: A Statistical Question and an Ethnological Reply” demuestra que es una percepción errónea acusar al Nuevo Mundo de ser tierra de chamanes promotores de alucinógenos, porque los estimulantes han estado presentes en todas partes. “The origins of cannabis smoking: Chemical residue evidence from the first millennium BCE in the Pamirs”, muestra que en ceremonias luctuosas, los chinos hace 2 mil 500 años se “horneaban” con mariguana: Colocaban la hierba sobre piedras al rojo vivo.

La droga despierta la atención mediática, en parte porque las muertes relacionadas al consumo o trasiego son impactantes tanto como las aterradoras o estimulantes historias que se tejen alrededor. Sin embargo, en México cada año muere una proporción mucho mayor a causa de la diabetes o los accidentes de tránsito y no vemos campañas prohibiendo pastelitos y carros, al contrario. La droga no mata, la avaricia, sí.

El Muro


La palabra droga deriva del árabe hispánico hatruka que significa charlatanería. Con el prefijo hatr surgieron también hatrikayra o

faltriquera, la bolsa para colocar chácharas tipo cangurera o hatrac

que formó andrajo, el necio, el andrajoso.

En inglés es igual de extraño, primordialmente porque drug no se trata de un cognado del español como podría suponerse, sino un derivado del antiguo alemán droge vate o barriles secos como una referencia a que las hierbas medicinales tradicionalmente se almacenan secas, quizá por eso los norteamericanos usan el “drug store” para referirse a lo que nosotros identificamos como botica, la bodega en la que se guardan medicamentos, mientras farmacia es el lugar que trabaja con medicinas.

La influencia del árabe en el castellano es bastante curiosa. Quién diría por ejemplo que la porra ya en desuso “…alabío alabao a la bim bom bá” es una deformación de la expresión infantil “alabí alabá alabín bombá” (usada también en la canción “Me gustas tú” de Manú Chao) que viene siendo algo así como “muy bien equipo, muy bien”.

En el mismo tenor, la etimología de asesino es polémica sobre todo porque está ligada al consumo de estupefacientes. Se dice que proviene de hassasi o los que usan hachís, un comando que estimulaba su valentía por el cáñamo, cometía crímenes políticos -a nombre de un gobernante- allá por el siglo XI. El uso de narcóticos con fines recreativos, medicinales o chamánicos, se puede rastrear hasta hace 50 mil años (“Archaeological evidence for the tradition of psychoactive plant use in the old world”), cuando los Neandertal, esos homínidos chaparros, fornidos, de huesos anchos, con un cerebro más grande que el nuestro, que llevaban un tren de vida tan ajetreado que solo alcanzaba para vivir hasta los 30 años, usaban la hierba Ephedra Altissima como un psicoactivo.

El autor de “Old and New World Narcotics: A Statistical Question and an Ethnological Reply” demuestra que es una percepción errónea acusar al Nuevo Mundo de ser tierra de chamanes promotores de alucinógenos, porque los estimulantes han estado presentes en todas partes. “The origins of cannabis smoking: Chemical residue evidence from the first millennium BCE in the Pamirs”, muestra que en ceremonias luctuosas, los chinos hace 2 mil 500 años se “horneaban” con mariguana: Colocaban la hierba sobre piedras al rojo vivo.

La droga despierta la atención mediática, en parte porque las muertes relacionadas al consumo o trasiego son impactantes tanto como las aterradoras o estimulantes historias que se tejen alrededor. Sin embargo, en México cada año muere una proporción mucho mayor a causa de la diabetes o los accidentes de tránsito y no vemos campañas prohibiendo pastelitos y carros, al contrario. La droga no mata, la avaricia, sí.

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