/ jueves 17 de enero de 2019

La reinvención de los viejos hábitos

En algún lugar...


En algún lugar agitado y concurrido, mientras se reduce el espacio vital, la última pisca de cordialidad se resiste a los modales de la indiferencia circundante; la cercanía ya no significa proximidad, pero se reinventan los rituales del apego…

A fines del siglo XX, Marc Augé detectó la transformación de los espacios públicos en vías de comunicación, circulación y consumo, poco a poco desaparecieron: Las plazas donde alguna vez socializamos, los puntos de encuentro y los afectos espontáneos que nacían al frecuentar algún negocio. Ahora, el ritmo de la vida es más acelerado, nos desplazamos de un lugar a otro sin reparar en quienes nos rodean o nos atienden porque es improbable que los encontremos otra vez y si así sucediera, no los reconoceríamos.

La proliferación de las vías de comunicación, circulación y consumo (conocidas como “No lugares”) se agudiza por los efectos colaterales de la tecnología en las comunicaciones que nos envuelven en una pequeña burbuja digital aislándonos de las personas físicamente cercanas. Y así, en la aldea global se volvieron anacrónicos los rituales de convivencia. Por ejemplo: Compartir los alimentos con la familia, que fue un momento festivo desde el paleolítico cuando la cacería era el medio de subsistencia. Durante siglos, la hora de la comida o de la cena fue el momento del día destinado a la familia y la presencia en la mesa implicaba disciplina y respeto. Ahora, una reunión familiar se reduce a una mera coincidencia porque la atención de los comensales se concentra en los teléfonos inteligentes.

Sí: Lo único constante es el cambio. La convivencia, el juego, el enamoramiento, el trabajo, el ocio y todo lo que se le ocurra, se realizan sin las limitaciones del tiempo y del espacio y el ritual del mercado no es la excepción: Las compras en internet han desplazado a las tiendas y ya son varias las firmas comerciales que han cerrado sus locales.

La experiencia de visitar una tienda también está a punto de extinguirse: El ritual de ver los escaparates, recorrer pasillos buscando lo que no se necesita, descubriendo las ventajas de nuevos artefactos, revisar los productos, probarse las prendas, serán hábitos obsoletos a la brevedad posible.

El comercial más reciente de la cadena norteamericana de autoservicio Walmart promueve un nuevo procedimiento para adquirir mercancías: El pedido se hace por internet y el paquete se recibe en el estacionamiento. El comercial “Grocery Pickup-Famous Cars” se estrenó durante la entrega de los premios Golden Globes y en pocas horas rebasó los 17 millones de reproducciones en YouTube, lo que augura la rápida expansión de esta nueva forma de comprar.

En un futuro cercano seremos compradores con un número de cuenta que no saben quién recibe y envía sus pedidos, habitantes de un “No lugar” planetario. Pero aún en ese escenario, subsistirá la necesidad de aceptación y la última pisca de cordialidad continuará resistiendo los modales de la indiferencia circundante y el apego se reinventará en nuevos rituales…

En algún lugar...


En algún lugar agitado y concurrido, mientras se reduce el espacio vital, la última pisca de cordialidad se resiste a los modales de la indiferencia circundante; la cercanía ya no significa proximidad, pero se reinventan los rituales del apego…

A fines del siglo XX, Marc Augé detectó la transformación de los espacios públicos en vías de comunicación, circulación y consumo, poco a poco desaparecieron: Las plazas donde alguna vez socializamos, los puntos de encuentro y los afectos espontáneos que nacían al frecuentar algún negocio. Ahora, el ritmo de la vida es más acelerado, nos desplazamos de un lugar a otro sin reparar en quienes nos rodean o nos atienden porque es improbable que los encontremos otra vez y si así sucediera, no los reconoceríamos.

La proliferación de las vías de comunicación, circulación y consumo (conocidas como “No lugares”) se agudiza por los efectos colaterales de la tecnología en las comunicaciones que nos envuelven en una pequeña burbuja digital aislándonos de las personas físicamente cercanas. Y así, en la aldea global se volvieron anacrónicos los rituales de convivencia. Por ejemplo: Compartir los alimentos con la familia, que fue un momento festivo desde el paleolítico cuando la cacería era el medio de subsistencia. Durante siglos, la hora de la comida o de la cena fue el momento del día destinado a la familia y la presencia en la mesa implicaba disciplina y respeto. Ahora, una reunión familiar se reduce a una mera coincidencia porque la atención de los comensales se concentra en los teléfonos inteligentes.

Sí: Lo único constante es el cambio. La convivencia, el juego, el enamoramiento, el trabajo, el ocio y todo lo que se le ocurra, se realizan sin las limitaciones del tiempo y del espacio y el ritual del mercado no es la excepción: Las compras en internet han desplazado a las tiendas y ya son varias las firmas comerciales que han cerrado sus locales.

La experiencia de visitar una tienda también está a punto de extinguirse: El ritual de ver los escaparates, recorrer pasillos buscando lo que no se necesita, descubriendo las ventajas de nuevos artefactos, revisar los productos, probarse las prendas, serán hábitos obsoletos a la brevedad posible.

El comercial más reciente de la cadena norteamericana de autoservicio Walmart promueve un nuevo procedimiento para adquirir mercancías: El pedido se hace por internet y el paquete se recibe en el estacionamiento. El comercial “Grocery Pickup-Famous Cars” se estrenó durante la entrega de los premios Golden Globes y en pocas horas rebasó los 17 millones de reproducciones en YouTube, lo que augura la rápida expansión de esta nueva forma de comprar.

En un futuro cercano seremos compradores con un número de cuenta que no saben quién recibe y envía sus pedidos, habitantes de un “No lugar” planetario. Pero aún en ese escenario, subsistirá la necesidad de aceptación y la última pisca de cordialidad continuará resistiendo los modales de la indiferencia circundante y el apego se reinventará en nuevos rituales…