/ miércoles 5 de mayo de 2021

La transexualidad es real

EL MURO

Si las universidades cumplieran con poquito de lo que ofrecen en su publicidad promocional, viviríamos en el paraíso. Todos tendrían trabajos bien remunerados, serían emprendedores, innovadores, empáticos, simpáticos y resilientes.

Pero no, en los hechos las universidades, sobre todo las públicas, parecen empeñarse en convertirse en expertos de la simulación o peor aún, en creadores de problemas antes que en aportadores de soluciones eficaces.

En el arranque del ciclo escolar 1959/60, el primero en la historia de la universidad pública bajacaliforniana que más dinero recibe del erario, su rector dijo “…sentimos la obligación de aprovechar las experiencias (…) revisar nuestra conducta actual y darle a la educación todo el contenido (…) para que la convivencia humana sea llevada por los senderos de la armonía y comprensión”.

Si fueran coherentes, la respuesta universitaria a quienes se ofendieron por un evento para visibilizar la transexualidad en la niñez, habría tenido otro tono, no el de la denigración tácita del punto 1: “Este es un evento eminentemente académico dirigido a un público especialista e informado teórica y conceptualmente”. O sea, los ignorantes no tienen derecho a cuestionar la razón de hacer un evento entre especialistas para visibilizar lo que se supone ya visibilizan por ser especialistas.

Dejaron pasar la valiosa oportunidad que les brindó la polémica para explicar que la transexualidad no es una moda producto del adoctrinamiento, sino una realidad en Mexicali, que no es una enfermedad, que nadie sufre por gusto al descubrir que no pertenece a la identidad con la cual nació, pero sobre todas las cosas, que la universidad está ahí para ayudar a la comprensión y la unidad de la sociedad, no para fomentar la división.

Debieron exponer como argumento, por ejemplo: “La nueva investigación tiene un mensaje simple: Cuando los niños transgénero reciben apoyo para afirmar sus identidades de género, sus dificultades de salud mental disminuyen…” (Embracing a gender-afirmative model for transgender youth”). Debieron entender que el trabajo en equipos multidisciplinarios ayuda a mejorar la vida no solo en los casos de niñxs trans, sino de toda la sociedad (“Guidelines for psychological practice with transgender and gender nonconforming people”).

Debieron visibilizar que la comunidad de expertos en el mundo, acepta que no existe mucha gente capacitada para afrontar casos transgénero, por lo tanto es primordial preparar mejor a sus alumnos, no fomentar y mucho menos tolerar conductas agresivas hacia quienes piensan diferente.

vicmarcen09@gmail.com


EL MURO

Si las universidades cumplieran con poquito de lo que ofrecen en su publicidad promocional, viviríamos en el paraíso. Todos tendrían trabajos bien remunerados, serían emprendedores, innovadores, empáticos, simpáticos y resilientes.

Pero no, en los hechos las universidades, sobre todo las públicas, parecen empeñarse en convertirse en expertos de la simulación o peor aún, en creadores de problemas antes que en aportadores de soluciones eficaces.

En el arranque del ciclo escolar 1959/60, el primero en la historia de la universidad pública bajacaliforniana que más dinero recibe del erario, su rector dijo “…sentimos la obligación de aprovechar las experiencias (…) revisar nuestra conducta actual y darle a la educación todo el contenido (…) para que la convivencia humana sea llevada por los senderos de la armonía y comprensión”.

Si fueran coherentes, la respuesta universitaria a quienes se ofendieron por un evento para visibilizar la transexualidad en la niñez, habría tenido otro tono, no el de la denigración tácita del punto 1: “Este es un evento eminentemente académico dirigido a un público especialista e informado teórica y conceptualmente”. O sea, los ignorantes no tienen derecho a cuestionar la razón de hacer un evento entre especialistas para visibilizar lo que se supone ya visibilizan por ser especialistas.

Dejaron pasar la valiosa oportunidad que les brindó la polémica para explicar que la transexualidad no es una moda producto del adoctrinamiento, sino una realidad en Mexicali, que no es una enfermedad, que nadie sufre por gusto al descubrir que no pertenece a la identidad con la cual nació, pero sobre todas las cosas, que la universidad está ahí para ayudar a la comprensión y la unidad de la sociedad, no para fomentar la división.

Debieron exponer como argumento, por ejemplo: “La nueva investigación tiene un mensaje simple: Cuando los niños transgénero reciben apoyo para afirmar sus identidades de género, sus dificultades de salud mental disminuyen…” (Embracing a gender-afirmative model for transgender youth”). Debieron entender que el trabajo en equipos multidisciplinarios ayuda a mejorar la vida no solo en los casos de niñxs trans, sino de toda la sociedad (“Guidelines for psychological practice with transgender and gender nonconforming people”).

Debieron visibilizar que la comunidad de expertos en el mundo, acepta que no existe mucha gente capacitada para afrontar casos transgénero, por lo tanto es primordial preparar mejor a sus alumnos, no fomentar y mucho menos tolerar conductas agresivas hacia quienes piensan diferente.

vicmarcen09@gmail.com


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