/ sábado 30 de noviembre de 2019

La venganza

Pensares


Una vez un miembro de una tribu se presentó furioso ante su jefe para informarle que estaba decidido a tomar venganza y hablar con el jefe de un enemigo que lo había ofendido gravemente; quería ir inmediatamente a matarlo sin piedad.

El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabasco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo.

El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol. Tardó una hora en fumar su pipa, luego sacudió las cenizas y decidió volver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que era excesivo matar a su enemigo, pero le daría una paliza memorable para que nunca se olvidara de la ofensa.

Nuevamente allí sentado el anciano lo escuchó y aprobó la decisión, pero le ordenó que ya que había cambiado de parecer llenara otra vez su pipa y fuera a fumarla otra vez al mismo lugar. También esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media hora meditando. Después regresó a donde estaba el cacique y dijo que consideraba excesivo castigar físicamente a su enemigo, pero iría a echarle en cara su mala acción y le haría pasar vergüenza delante de todos.

Como siempre fue escuchado con bondad, pero el anciano volvió a ordenarle que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores. El hombre medio molesto, pero ya mucho más sereno, se dirigió al árbol centenario y ahí sentado fue convirtiendo en humo su tabaco y su bronca. Cuando terminó volvió con el jefe y le dijo:

-Pensándolo mejor, veo que la cosa no es para tanto, iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo, así recuperaré a un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho.

El jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol diciéndole:

-Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, pero no podía decírtelo yo, era necesario darte tiempo para que lo descubrieras por ti mismo.

Pensares


Una vez un miembro de una tribu se presentó furioso ante su jefe para informarle que estaba decidido a tomar venganza y hablar con el jefe de un enemigo que lo había ofendido gravemente; quería ir inmediatamente a matarlo sin piedad.

El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabasco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo.

El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol. Tardó una hora en fumar su pipa, luego sacudió las cenizas y decidió volver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que era excesivo matar a su enemigo, pero le daría una paliza memorable para que nunca se olvidara de la ofensa.

Nuevamente allí sentado el anciano lo escuchó y aprobó la decisión, pero le ordenó que ya que había cambiado de parecer llenara otra vez su pipa y fuera a fumarla otra vez al mismo lugar. También esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media hora meditando. Después regresó a donde estaba el cacique y dijo que consideraba excesivo castigar físicamente a su enemigo, pero iría a echarle en cara su mala acción y le haría pasar vergüenza delante de todos.

Como siempre fue escuchado con bondad, pero el anciano volvió a ordenarle que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores. El hombre medio molesto, pero ya mucho más sereno, se dirigió al árbol centenario y ahí sentado fue convirtiendo en humo su tabaco y su bronca. Cuando terminó volvió con el jefe y le dijo:

-Pensándolo mejor, veo que la cosa no es para tanto, iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo, así recuperaré a un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho.

El jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol diciéndole:

-Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, pero no podía decírtelo yo, era necesario darte tiempo para que lo descubrieras por ti mismo.

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