/ miércoles 16 de octubre de 2019

Los otros zetas

El Muro


Los nacidos entre 1997 y comienzos de este siglo son los universitarios de la actualidad, los sobreprotegidos, muy dependientes de sus padres, quienes crecieron con acceso a internet, los que reciben mucha información, pero son incapaces de procesarla: Son los miembros de la generación Z, los herederos de las glorias de los Milénicos o Milenials (ambos términos en su versión castellanizada).

Ellos, nuestros próximos ingenieros, arquitectos, médicos, sicólogos, es decir, el cimiento de nuestra futura vida comunitaria, fueron orgullosamente manipulados para ir marchar a demandar sobre algo en lo cual sus autoridades también formaron parte desde el momento en que toleraron la intermitencia en el pago de las aportaciones gubernamentales.

En la concentración masiva del jueves 10, miles de alumnos acompañados de sus maestros vivieron por vez primera la experiencia de tomar una clase fuera del aula, un acontecimiento extraordinario. Lástima que las lecciones no hayan resultado a la altura de las circunstancias:

Lección # 1.- No confiarás en tu capacidad, espera órdenes de tus superiores: Ojalá el problema solo quedara circunscrito a lo ocurrido en la marcha. El asunto es que el sistema universitario es el principal freno de mano para la iniciativa estudiantil.

La autoridad teme por la seguridad del alumno, por eso limita su participación en las calles, pero en el fondo tiene pavor a que una masa desinformada pueda ser manipulada por aviesos intereses políticos, por esa razón no somete al voto libre y secreto, la elección de sus autoridades, cuando sería lo justo.

Lección # 2.- Cuando nadie te haga caso, arma un berrinche: No existe evidencia científica de la utilidad práctica de una marcha montonera, nadie ha podido demostrar la correlación entre las consignas cursis de una turba iracunda y una posterior resolución. Podrán existir paliativos, pero jamás una respuesta contundente que acabe de tajo el conflicto, como una consecuencia directa de las aglomeraciones.

Son bastante populares porque rápidamente liberan frustraciones acumuladas, despiertan ilusiones y granjean simpatías a sus organizadores.

Lección # 3.- Ante tu incapacidad para explicar un problema, inventa un villano, a la gente le gusta eso: La autoridad universitaria sabe perfectamente que toda la responsabilidad no recae exclusivamente en el Gobernador. Lo mismo pecó el que mató a la vaca como el que le detuvo la pata, pero es más sencillo sobre-simplificar un conflicto culpando al enemigo de moda. Ahí no hay pierde.

Lección # 4.- La cantidad importa, la calidad no: De aquí en adelante, toda concentración masiva que no supere los 35 mil participantes deberá ser considerada un fracaso o lo que es lo mismo, entre más alta sea la calificación alcanzada por un alumno, mejor estudiante ha demostrado ser. Eso aprendieron los orgullosos marchantes.

El Muro


Los nacidos entre 1997 y comienzos de este siglo son los universitarios de la actualidad, los sobreprotegidos, muy dependientes de sus padres, quienes crecieron con acceso a internet, los que reciben mucha información, pero son incapaces de procesarla: Son los miembros de la generación Z, los herederos de las glorias de los Milénicos o Milenials (ambos términos en su versión castellanizada).

Ellos, nuestros próximos ingenieros, arquitectos, médicos, sicólogos, es decir, el cimiento de nuestra futura vida comunitaria, fueron orgullosamente manipulados para ir marchar a demandar sobre algo en lo cual sus autoridades también formaron parte desde el momento en que toleraron la intermitencia en el pago de las aportaciones gubernamentales.

En la concentración masiva del jueves 10, miles de alumnos acompañados de sus maestros vivieron por vez primera la experiencia de tomar una clase fuera del aula, un acontecimiento extraordinario. Lástima que las lecciones no hayan resultado a la altura de las circunstancias:

Lección # 1.- No confiarás en tu capacidad, espera órdenes de tus superiores: Ojalá el problema solo quedara circunscrito a lo ocurrido en la marcha. El asunto es que el sistema universitario es el principal freno de mano para la iniciativa estudiantil.

La autoridad teme por la seguridad del alumno, por eso limita su participación en las calles, pero en el fondo tiene pavor a que una masa desinformada pueda ser manipulada por aviesos intereses políticos, por esa razón no somete al voto libre y secreto, la elección de sus autoridades, cuando sería lo justo.

Lección # 2.- Cuando nadie te haga caso, arma un berrinche: No existe evidencia científica de la utilidad práctica de una marcha montonera, nadie ha podido demostrar la correlación entre las consignas cursis de una turba iracunda y una posterior resolución. Podrán existir paliativos, pero jamás una respuesta contundente que acabe de tajo el conflicto, como una consecuencia directa de las aglomeraciones.

Son bastante populares porque rápidamente liberan frustraciones acumuladas, despiertan ilusiones y granjean simpatías a sus organizadores.

Lección # 3.- Ante tu incapacidad para explicar un problema, inventa un villano, a la gente le gusta eso: La autoridad universitaria sabe perfectamente que toda la responsabilidad no recae exclusivamente en el Gobernador. Lo mismo pecó el que mató a la vaca como el que le detuvo la pata, pero es más sencillo sobre-simplificar un conflicto culpando al enemigo de moda. Ahí no hay pierde.

Lección # 4.- La cantidad importa, la calidad no: De aquí en adelante, toda concentración masiva que no supere los 35 mil participantes deberá ser considerada un fracaso o lo que es lo mismo, entre más alta sea la calificación alcanzada por un alumno, mejor estudiante ha demostrado ser. Eso aprendieron los orgullosos marchantes.

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