/ miércoles 9 de octubre de 2019

Orgullosos, marcharán…

El Muro


En algunos países de Latinoamérica, al negro esclavo harto de los malos tratos, quien huía al monte para liberarse del opresor, se le conocía como cimarrón, pero el término aplicaba también al indio e incluso a los animales.

El acto de perseguir al prófugo era llamado cimarronaje. Los chinos en nuestro país también sufrieron cimarronaje, según narra José Luis Chong en “Hijo de un país poderoso. La inmigración china a América (1850-1950)”. Rancheadores eran los caza-recompensas, hombres prestos a encontrar a los cimarrones, quienes solían ocultarse en pequeñas comunidades en montes o selvas.

Chong se aventura a dar una explicación etimológica del término, al cual simplonamente lo divide en “cima” o cumbre y el sufijo arrón, “por extensión”. Se dice que “cimarrón” es todo aquello que desaparece clandestina e impensadamente”.

Joan Corominas, autoridad en el mundo de las palabras, define en el “Breve diccionario etimológico de la lengua castellana” al cimarrón como un “alzado, montaraz”.

En “Americanidad” Miguel de Unamuno expone “…entonces comprendí que así como el caballo americano, lo mismo que el toro, que corre libre por montes y llanos, no es el caballo salvaje, sino el caballo cimarrón, el caballo doméstico vuelto a la vida bravía y salvaje (…). Así también el gaucho no era hasta cierto punto más que el español cimarrón, que al volver a encontrarse en condiciones de vida análogas a aquellas en que se encontraron sus antepasados en los tiempos en que luchaban con el moro, volvió a sentir y a pensar como ellos…”.

Cimarrón es, pues, un adjetivo que refiere a la emancipación. Cimarrón es el símbolo de la Universidad estatal que más dinero recibe del erario; cimarrones son todos, desde las autoridades, el personal de intendencia, el administrativo y por supuesto, los elementos más importantes: Alumnos y docentes. Pero en estos momentos los cimarrones no tienen dinero o al menos no en la forma acostumbrada, por una serie de razones intrincadas atribuidas al gobierno estatal, que a su vez lanza la bolita a la Federación.

Los cimarrones están en shock porque no saben cómo operar sin una fuente de recursos estable, han estado tan acostumbrados a recibir que han desaprovechado el recurso humano disponible. Si quisiera, la Universidad podría ser uno de los principales entes económicos de la entidad: Cuenta con 65 mil estudiantes asesorados por cientos de expertos (en total, el equivalente a más de la mitad de la población de Tecate), miles y miles de personas en edad productiva, quienes reciben capacitación de lunes a sábado por 6 horas al día.

Pero en vez de invitarlos a la productividad, la autoridad incita a los estudiantes a una orgullosa marcha, a sabiendas por cierto que el problema de sus finanzas ha sido resuelto, solo es cosa de esperar unas semanas.

Manipulados, los universitarios marcharán más como ilusos borregos que como alzados cimarrones…

El Muro


En algunos países de Latinoamérica, al negro esclavo harto de los malos tratos, quien huía al monte para liberarse del opresor, se le conocía como cimarrón, pero el término aplicaba también al indio e incluso a los animales.

El acto de perseguir al prófugo era llamado cimarronaje. Los chinos en nuestro país también sufrieron cimarronaje, según narra José Luis Chong en “Hijo de un país poderoso. La inmigración china a América (1850-1950)”. Rancheadores eran los caza-recompensas, hombres prestos a encontrar a los cimarrones, quienes solían ocultarse en pequeñas comunidades en montes o selvas.

Chong se aventura a dar una explicación etimológica del término, al cual simplonamente lo divide en “cima” o cumbre y el sufijo arrón, “por extensión”. Se dice que “cimarrón” es todo aquello que desaparece clandestina e impensadamente”.

Joan Corominas, autoridad en el mundo de las palabras, define en el “Breve diccionario etimológico de la lengua castellana” al cimarrón como un “alzado, montaraz”.

En “Americanidad” Miguel de Unamuno expone “…entonces comprendí que así como el caballo americano, lo mismo que el toro, que corre libre por montes y llanos, no es el caballo salvaje, sino el caballo cimarrón, el caballo doméstico vuelto a la vida bravía y salvaje (…). Así también el gaucho no era hasta cierto punto más que el español cimarrón, que al volver a encontrarse en condiciones de vida análogas a aquellas en que se encontraron sus antepasados en los tiempos en que luchaban con el moro, volvió a sentir y a pensar como ellos…”.

Cimarrón es, pues, un adjetivo que refiere a la emancipación. Cimarrón es el símbolo de la Universidad estatal que más dinero recibe del erario; cimarrones son todos, desde las autoridades, el personal de intendencia, el administrativo y por supuesto, los elementos más importantes: Alumnos y docentes. Pero en estos momentos los cimarrones no tienen dinero o al menos no en la forma acostumbrada, por una serie de razones intrincadas atribuidas al gobierno estatal, que a su vez lanza la bolita a la Federación.

Los cimarrones están en shock porque no saben cómo operar sin una fuente de recursos estable, han estado tan acostumbrados a recibir que han desaprovechado el recurso humano disponible. Si quisiera, la Universidad podría ser uno de los principales entes económicos de la entidad: Cuenta con 65 mil estudiantes asesorados por cientos de expertos (en total, el equivalente a más de la mitad de la población de Tecate), miles y miles de personas en edad productiva, quienes reciben capacitación de lunes a sábado por 6 horas al día.

Pero en vez de invitarlos a la productividad, la autoridad incita a los estudiantes a una orgullosa marcha, a sabiendas por cierto que el problema de sus finanzas ha sido resuelto, solo es cosa de esperar unas semanas.

Manipulados, los universitarios marcharán más como ilusos borregos que como alzados cimarrones…

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