/ martes 10 de julio de 2018

Soñar nada nos cuesta

Vientos


Aceptemos sin discusión el triunfo de Andrés Manuel López Obrador rumbo a la presidencia de la República Mexicana. Restauremos el crédito al Instituto Nacional Electoral y al presidente Enrique Peña Nieto.

Hagámoslo como quien suscribe un compromiso para renovar lo viejo y restaurar lo destruido en la larga jornada tras el horizonte en la mejoría de todas las angustias de los mexicanos y de las promesas incumplidas por una revolución traicionada. Reiniciemos el camino suspendido a la democracia representativa de verdad y no más de escenografía. Aprovechemos la euforia popular.

Claro que no todo lo que brilla es oro. No seamos inocentes. Me parece, de entrada, demasiado simplista el programa que a ojo de pájaro esbozó el virtual presidente de México López Obrador. El tesoro nacional no está ahí, a la mano, disponible, para un uso discrecional. De momento no se olvide que en este año debe de producirse la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos para 2019 y que tiene mil nombres en razón de los compromisos financieros ineludibles y los de proveeduría que tienen que plantearse para que el propio nuevo Supremo Ejecutivo del país, inicie el 1 de diciembre por llegar con algo sólido para hacer valer ante el pueblo que espera de la cornucopia presidencial presumida en campaña, un hecho cierto y nada más allá.

Es necesario que los asesores del nuevo presidente que arrasó con el apoyo popular, tenga, ahora sí, sostenes a sus promesas de obras, no de encantamiento, sino de visos reales. Y que el presidente virtual, saque de su experiencia como Jefe del Gobierno del Distrito Federal que fue, lo que estamos tratando.

Supongo que la tarea no es fácil. No la conozco, pero por mi profesión puedo suponerla. Y si eso no es fácil, menos lo es para la conformidad de los ciudadanos que entre otras cosas se fue con la finta de una magia del Poder Ejecutivo para lograr lo que en decenas de años ha sido imposible por las diversas causas que el internacionalismo en el que estamos sometidos, provoca y ha de seguir provocando.

El ciudadano común debe empezar a ser observador honesto de lo que en su entorno sucede. Un Tratado Internacional tripartita en donde el poderoso se denomina Estados Unidos y le sigue Canadá, mientras nosotros apenas somos un agregado, tal vez importante, pero todavía sin poder internacional.

Y más allá de los sueños populares y de las euforias casi infantiles de los más, la realidad se impone y no es grata, sobre todo porque detrás de las sonrisas y apapachos de los empresarios está el silencio de las fuerzas armadas y el poder fáctico de la Iglesia. Quien crea que AMLO podrá estar tomando decisiones personales, deberá ser un inocente. Soñar nada cuesta, pero soñar, en estos casos, no es ni siquiera admisible. Y perdón por el baño de agua fría… pero así es la cosa.



Vientos


Aceptemos sin discusión el triunfo de Andrés Manuel López Obrador rumbo a la presidencia de la República Mexicana. Restauremos el crédito al Instituto Nacional Electoral y al presidente Enrique Peña Nieto.

Hagámoslo como quien suscribe un compromiso para renovar lo viejo y restaurar lo destruido en la larga jornada tras el horizonte en la mejoría de todas las angustias de los mexicanos y de las promesas incumplidas por una revolución traicionada. Reiniciemos el camino suspendido a la democracia representativa de verdad y no más de escenografía. Aprovechemos la euforia popular.

Claro que no todo lo que brilla es oro. No seamos inocentes. Me parece, de entrada, demasiado simplista el programa que a ojo de pájaro esbozó el virtual presidente de México López Obrador. El tesoro nacional no está ahí, a la mano, disponible, para un uso discrecional. De momento no se olvide que en este año debe de producirse la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos para 2019 y que tiene mil nombres en razón de los compromisos financieros ineludibles y los de proveeduría que tienen que plantearse para que el propio nuevo Supremo Ejecutivo del país, inicie el 1 de diciembre por llegar con algo sólido para hacer valer ante el pueblo que espera de la cornucopia presidencial presumida en campaña, un hecho cierto y nada más allá.

Es necesario que los asesores del nuevo presidente que arrasó con el apoyo popular, tenga, ahora sí, sostenes a sus promesas de obras, no de encantamiento, sino de visos reales. Y que el presidente virtual, saque de su experiencia como Jefe del Gobierno del Distrito Federal que fue, lo que estamos tratando.

Supongo que la tarea no es fácil. No la conozco, pero por mi profesión puedo suponerla. Y si eso no es fácil, menos lo es para la conformidad de los ciudadanos que entre otras cosas se fue con la finta de una magia del Poder Ejecutivo para lograr lo que en decenas de años ha sido imposible por las diversas causas que el internacionalismo en el que estamos sometidos, provoca y ha de seguir provocando.

El ciudadano común debe empezar a ser observador honesto de lo que en su entorno sucede. Un Tratado Internacional tripartita en donde el poderoso se denomina Estados Unidos y le sigue Canadá, mientras nosotros apenas somos un agregado, tal vez importante, pero todavía sin poder internacional.

Y más allá de los sueños populares y de las euforias casi infantiles de los más, la realidad se impone y no es grata, sobre todo porque detrás de las sonrisas y apapachos de los empresarios está el silencio de las fuerzas armadas y el poder fáctico de la Iglesia. Quien crea que AMLO podrá estar tomando decisiones personales, deberá ser un inocente. Soñar nada cuesta, pero soñar, en estos casos, no es ni siquiera admisible. Y perdón por el baño de agua fría… pero así es la cosa.



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