/ viernes 13 de julio de 2018

Tutti frutti sabatini

Vientos


Si el tema de los romanos le interesa, lea a José Guillén en “Urbs Roma” y se dará un banquete de detalles sobre una época que en Roma se instaló para la historia universal. Y aquí los detalles de iluminación que se oscurecen en otras obras preciosistas, sin duda, pero sin quisquillosidades, sin eso que en literatura bien pudiera llamarse esplendorosidad.

En la obra se cita Suetonio que textualmente había escrito en su tiempo la frase aquella que brincó las más escarpadas montañas para llegar a todos los valles y mesetas del mundo respecto de la sombría etapa de los gladiadores: “Ave César: morituri te salutant”. Eso en castellano quiere decir: “Salud César: los que vamos a morir te saludan”. Las luchas de gladiadores fueron originalmente ritos funerarios y peleaban entre sí gladiadores tomados presos o esclavos. Era un espectáculo para el pueblo y más tarde circense para jalar la aprobación de un pueblo ávido de sangre ajena. Y estas luchas fueron creciendo en número, al grado de que en una ocasión fueron trescientas parejas de gladiadores los que presentaron el espectáculo ante los aullidos del público asistente que esperaba los días del espectáculo con hambre insana...

Al principio las luchas eran un rito funerario y sólo para los varones, pero Julio César, un día lo hizo genérico y entonces las mujeres fueron admitidas en tales espectáculos que hoy nos parecen carentes de sensibilidad humana. Pero la fiesta (?) con mujeres, fue en honor de Julia, la hija consentida del César... Y los ritos funerarios se convirtieron así, en fiestas para la plebe que se divertía viendo matarse entre humanos esas luchas en que uno ganaba y el otro moría... algunas veces morían los dos... Uno primero en el circo y el contendiente por sus heridas en los hospitales de entonces... Pero mejor le pegamos a unos chistoretes amargosos de ocasión como para aterrizar un botana de lujo... En el cuartel, se pasa lista por el sargento gruñón: -Esquivel... ¡Presente!... Olaguibel... –Presente... Durazo... – (Con voz de afeminado) Presente, ay!... –Sierra... (Muy femenino) ¡Ay mi sarch, presente!... Hijos de la $+%&#%*, a mí me gustan hombrecitos!!!... Y dos voces en coro: “A nosotras también!... Pasa un joven y en el zócalo de una puerta, un hombre joven, robusto, musculado, cruzado de brazos está parado... el paseante lo ve y con su índice se apoya en el pecho alto del mocetón y le dice: “¡Muralla!”... Y el mocetón responde: “Ay no, Mireya”… ¡Te aventaste escribidor!... Otro: -¡Mamá, mamá!, en la escuela hay un compañero que me dice mariquita”… ¿Y le pegaste?... “Pero cómo mamá, es tan lindo”… Final: una dama espera un taxi… trae en brazos un gato fino… Y otra dama le pregunta: “¿Araña?”… Y la dama contesta: “No. Gato”… Jíjoles ora’sí que me mandarán al infierno mis lector(a) (e)s… pues a la botana que nos llegó desde Mochis: camarones en coctel con una salsa muy picosa que es fórmula secreta del contador Antonio Hernández Armenta que es el que los trajo de Sinaloya raza… vámonos antes de que llegue el gaviotero… Y un abrazo a mi gran amigo licenciado en Derecho Germán Cano, que por fin resolló… ¿O yo debía resollar?... La viejez pues… y fuilalá tras la cagua o el vinillo blanco… lo que seya… Arrivedercci.


Vientos


Si el tema de los romanos le interesa, lea a José Guillén en “Urbs Roma” y se dará un banquete de detalles sobre una época que en Roma se instaló para la historia universal. Y aquí los detalles de iluminación que se oscurecen en otras obras preciosistas, sin duda, pero sin quisquillosidades, sin eso que en literatura bien pudiera llamarse esplendorosidad.

En la obra se cita Suetonio que textualmente había escrito en su tiempo la frase aquella que brincó las más escarpadas montañas para llegar a todos los valles y mesetas del mundo respecto de la sombría etapa de los gladiadores: “Ave César: morituri te salutant”. Eso en castellano quiere decir: “Salud César: los que vamos a morir te saludan”. Las luchas de gladiadores fueron originalmente ritos funerarios y peleaban entre sí gladiadores tomados presos o esclavos. Era un espectáculo para el pueblo y más tarde circense para jalar la aprobación de un pueblo ávido de sangre ajena. Y estas luchas fueron creciendo en número, al grado de que en una ocasión fueron trescientas parejas de gladiadores los que presentaron el espectáculo ante los aullidos del público asistente que esperaba los días del espectáculo con hambre insana...

Al principio las luchas eran un rito funerario y sólo para los varones, pero Julio César, un día lo hizo genérico y entonces las mujeres fueron admitidas en tales espectáculos que hoy nos parecen carentes de sensibilidad humana. Pero la fiesta (?) con mujeres, fue en honor de Julia, la hija consentida del César... Y los ritos funerarios se convirtieron así, en fiestas para la plebe que se divertía viendo matarse entre humanos esas luchas en que uno ganaba y el otro moría... algunas veces morían los dos... Uno primero en el circo y el contendiente por sus heridas en los hospitales de entonces... Pero mejor le pegamos a unos chistoretes amargosos de ocasión como para aterrizar un botana de lujo... En el cuartel, se pasa lista por el sargento gruñón: -Esquivel... ¡Presente!... Olaguibel... –Presente... Durazo... – (Con voz de afeminado) Presente, ay!... –Sierra... (Muy femenino) ¡Ay mi sarch, presente!... Hijos de la $+%&#%*, a mí me gustan hombrecitos!!!... Y dos voces en coro: “A nosotras también!... Pasa un joven y en el zócalo de una puerta, un hombre joven, robusto, musculado, cruzado de brazos está parado... el paseante lo ve y con su índice se apoya en el pecho alto del mocetón y le dice: “¡Muralla!”... Y el mocetón responde: “Ay no, Mireya”… ¡Te aventaste escribidor!... Otro: -¡Mamá, mamá!, en la escuela hay un compañero que me dice mariquita”… ¿Y le pegaste?... “Pero cómo mamá, es tan lindo”… Final: una dama espera un taxi… trae en brazos un gato fino… Y otra dama le pregunta: “¿Araña?”… Y la dama contesta: “No. Gato”… Jíjoles ora’sí que me mandarán al infierno mis lector(a) (e)s… pues a la botana que nos llegó desde Mochis: camarones en coctel con una salsa muy picosa que es fórmula secreta del contador Antonio Hernández Armenta que es el que los trajo de Sinaloya raza… vámonos antes de que llegue el gaviotero… Y un abrazo a mi gran amigo licenciado en Derecho Germán Cano, que por fin resolló… ¿O yo debía resollar?... La viejez pues… y fuilalá tras la cagua o el vinillo blanco… lo que seya… Arrivedercci.


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