/ sábado 4 de julio de 2020

Tutti frutti sabatini

Vientos


Acabo de terminar la lectura de un libro desbordante e ingenio literario y de esplendorosas manifestaciones de una ilustración que de alguna forma acabará por enriquecer la cultura francesa como regalo del autor Lauren Binet.

La ingeniosa novela –reitero- debo de apuntalarla con las admiraciones de críticos valiosos en diversos medios franceses, novela titulada, digámoslo ya, “La séptima función del lenguaje”. “L’Espress” dice de ella: “Indiscutiblemente, uno de los imprescindibles en la ‘rentrée’ literaria”. “Le Point” lo llama un libro con tintes de novela policíaca, extremadamente sabio e hilarante a la vez”. “Le Figaro” dice que su autor, Binet, “nos cuenta con humor, decisión, erudición y pedagogía, la historia de la semiología y sus satélites a través de los grandes iconos de la década de 1970”. Y modestamente coincido con la opinión y el modo de referencia de “Le Huffington Post”: “Volvemos a Umberto Eco: ‘La séptima función del lenguaje’ está plagada de guiños a ‘El nombre de la rosa’”.

En 441 páginas sin desperdicio, esta obra deben leerla los enamorados del lenguaje como mi dilecto y fino escritor Dr. Gabriel Trujillo Muñoz (orgullo de las letras bajacalifornianas y nacionales); como mi hermana Ofelia Isabel Pardo Verdugo que además es una “loca” de la superación intelectual soñado, como los poetas, en esos imposibles que luego se transforman en realidades y que chupamos de nuestro ámbito familiar jalando como efluvio vivificante desde los lejanos sueños de nuestra pariente, la escritora española doña Emilia Pardo Bazán.

Es una obra para leerse con mucho cuidado. Un resbalón por prisas injustificadas romperá el hilo conductor de un descubrimiento final que abrirá, para algunos, las puertas que encontró el Dante en el Infierno buscando a su gran amor… Beatriz (“La Divina Comedia”). Para otros la paz espiritual sí se alzan con la victoria.

El autor Binet nos sorprende desde sus alturas filológicas, como en “HHhH”, la obra que lo situó (su debut) “como el gran talento de las letras francesas al ganar el premio Goncourt de Prima Novela. Esta nueva expresión para muchos, editada en México en 2017, pudo obtener los merecidos elogios de escritores universales como Mario Vargas Llosa, Bret Easton Ellis y Jorge Samprin.

Siendo una combinación o mezcla de varias disciplinas escriturales como las detectivescas, políticas, lingüísticas, filosóficas, históricas y hasta humorísticas, el entretenimiento y el reto para el lector, es encadenarse a la inclusión de varios personajes que a veces se pierden y obligan al retorno lectural para no perderse en la trama que es para diletantes.

Agradezco al licenciado Germán Cano, un joven abogado que gusta de las complejidades lecturales filosóficas y en posesión de un alto grado de ilustración, que me haya prestado su ejemplar para hacerme copartícipe (creo que como reto incluido) de sus inquietudes, que ya pronto –con el permiso del COVID-19- podremos comentar en el anhelado acompañamiento de unas “cervatanas bien helodias”.

Supongo que estoy recomendando un libro caro en precio. Hay que tener franco el paso y el bolsillo generoso para obtener esta joya que ya la anuncié dificultosa en su entendimiento como un reto a la generosidad del lector. Pero los buenos libros obligan, como reacción natural, responderles a sus autores.

Nada hay más bello que en el pináculo de la vida, cuando se arrastra decenas de años, encontrarse con los nuevos amores: abundan. Y es razonable: los otros años “fueron” y poco tiempo había para el ahora que el arrinconamiento de la edad y del virus, nos aquieta, nos cohíbe, nos engulle y nos momifica dejándonos solo el cerebro útil… en algunos casos en los que felizmente me encuentro todavía.


Gracias por leerme.

Vientos


Acabo de terminar la lectura de un libro desbordante e ingenio literario y de esplendorosas manifestaciones de una ilustración que de alguna forma acabará por enriquecer la cultura francesa como regalo del autor Lauren Binet.

La ingeniosa novela –reitero- debo de apuntalarla con las admiraciones de críticos valiosos en diversos medios franceses, novela titulada, digámoslo ya, “La séptima función del lenguaje”. “L’Espress” dice de ella: “Indiscutiblemente, uno de los imprescindibles en la ‘rentrée’ literaria”. “Le Point” lo llama un libro con tintes de novela policíaca, extremadamente sabio e hilarante a la vez”. “Le Figaro” dice que su autor, Binet, “nos cuenta con humor, decisión, erudición y pedagogía, la historia de la semiología y sus satélites a través de los grandes iconos de la década de 1970”. Y modestamente coincido con la opinión y el modo de referencia de “Le Huffington Post”: “Volvemos a Umberto Eco: ‘La séptima función del lenguaje’ está plagada de guiños a ‘El nombre de la rosa’”.

En 441 páginas sin desperdicio, esta obra deben leerla los enamorados del lenguaje como mi dilecto y fino escritor Dr. Gabriel Trujillo Muñoz (orgullo de las letras bajacalifornianas y nacionales); como mi hermana Ofelia Isabel Pardo Verdugo que además es una “loca” de la superación intelectual soñado, como los poetas, en esos imposibles que luego se transforman en realidades y que chupamos de nuestro ámbito familiar jalando como efluvio vivificante desde los lejanos sueños de nuestra pariente, la escritora española doña Emilia Pardo Bazán.

Es una obra para leerse con mucho cuidado. Un resbalón por prisas injustificadas romperá el hilo conductor de un descubrimiento final que abrirá, para algunos, las puertas que encontró el Dante en el Infierno buscando a su gran amor… Beatriz (“La Divina Comedia”). Para otros la paz espiritual sí se alzan con la victoria.

El autor Binet nos sorprende desde sus alturas filológicas, como en “HHhH”, la obra que lo situó (su debut) “como el gran talento de las letras francesas al ganar el premio Goncourt de Prima Novela. Esta nueva expresión para muchos, editada en México en 2017, pudo obtener los merecidos elogios de escritores universales como Mario Vargas Llosa, Bret Easton Ellis y Jorge Samprin.

Siendo una combinación o mezcla de varias disciplinas escriturales como las detectivescas, políticas, lingüísticas, filosóficas, históricas y hasta humorísticas, el entretenimiento y el reto para el lector, es encadenarse a la inclusión de varios personajes que a veces se pierden y obligan al retorno lectural para no perderse en la trama que es para diletantes.

Agradezco al licenciado Germán Cano, un joven abogado que gusta de las complejidades lecturales filosóficas y en posesión de un alto grado de ilustración, que me haya prestado su ejemplar para hacerme copartícipe (creo que como reto incluido) de sus inquietudes, que ya pronto –con el permiso del COVID-19- podremos comentar en el anhelado acompañamiento de unas “cervatanas bien helodias”.

Supongo que estoy recomendando un libro caro en precio. Hay que tener franco el paso y el bolsillo generoso para obtener esta joya que ya la anuncié dificultosa en su entendimiento como un reto a la generosidad del lector. Pero los buenos libros obligan, como reacción natural, responderles a sus autores.

Nada hay más bello que en el pináculo de la vida, cuando se arrastra decenas de años, encontrarse con los nuevos amores: abundan. Y es razonable: los otros años “fueron” y poco tiempo había para el ahora que el arrinconamiento de la edad y del virus, nos aquieta, nos cohíbe, nos engulle y nos momifica dejándonos solo el cerebro útil… en algunos casos en los que felizmente me encuentro todavía.


Gracias por leerme.

sábado 08 de agosto de 2020

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