/ sábado 26 de septiembre de 2020

Tutti frutti sabatini

VIENTOS

Tengo a la vista un libro que supongo interesante y que consigna una pretensión plausible: introducir en el alma de sus potenciales lectores la personal experiencia del vivir cotidiano como sabio consejo para encauzar la vida por derroteros positivos que habrían de consolidarse siempre en un final de paz espiritual…. cuando el viaje sin retorno te abre el portón del viajero que requiere de valor o resignación, según el ánima del "viajero".

El autor de la obra es mi amigo muy estimado, licenciado Hugo Abel Castro Bojórquez, con quien simpaticé en nuestro primer encuentro, él muy joven todavía, mientras que este modesto escribidor tocaba el portón de los cincuenta otoños, en aquel período histórico en que el PRI puso un peldaño más a su viaje destructivo, cuando nominó (Echeverría fue el generador) al general Hermenegildo Cuenca Díaz como candidato a gobernador de Baja California, cuando ya no tenía residencia en nuestra entidad, asunto que confirmó la Secretaría de Gobernación expresando que oficialmente la residencia del Secretario de Gobernación era el Distrito Federal sin don de ubicuidad.

Hugo Abel, en aquellos momentos álgidos y de alguna manera confusos, se presentó a una reunión del Frente Cívico bajacaliforniano en la residencia en la colonia Nueva de Mexicali de Arturo González Vega (+). Y llegó acompañado de la entonces su novia, Rebeca Vizcarra, que luego ha sido un matrimonio formidable y multiplicador gracias a sus dioses. Y fue ahí en donde observé la pujanza espiritual de Castro Bojórquez cuando expuso su teoría del cómo hacer la lucha para abatir la candidatura del general Cuenca.

No acostumbrado aún a los determinios del PRI, siempre inflexibles, le hicimos ver que así funcionaba esa institución política que podíamos explicarle, pues todos los miembros del FCB éramos ex dirigentes, en diferentes niveles, del PRI. No digirió entonces nuestra posición cada vez más hostil en contra del general. Creo que el tiempo le permitió al propio Hugo Abel comprender el pragmatismo priista que incluso lo llevó a su dirigencia estatal.

Pero volvamos a su obra que tituló "Lo que el tiempo me dejó" y seguidamente la expresión "Lección de vida" y al pie una reflexión: "Filosofía de lo cotidiano. Lo que hay que saber para vivir mejor".

Con lo expresado en la portada, debiera ser una invitación puntual, un reto para penetrar en el contenido que es como meterse en los rincones de nuestras propias experiencias, para hacer un comparativo, para mí tardío, pero que a los jóvenes quizá interesara pergeñar para verse en el espejo de sus vidas a tiempo de enderezar pasos si han sido mal probados o autoaplaudirse en los casos felices por una educación positiva.

Lamento no haber podido recibirlo el día que me trajo su libro. Mi cuarentena me lo prohibía y fue mi hijo Ricardo quien lo recibió y le dio mis disculpas. Pero ya vendrán tiempos mejores (soy optimista) y si aún conservo movibles mis extremidades inferiores y superiores (que de verdad fueron superiores) bastará con poder levantar mano y brazo para decir ¡salud! y reírnos ahora de un pasado que parece que hasta hoy nos ha alumbrado a ambos. Nuestros dioses no nos han abandonado…. Aunque algún día será por consigna natural.

Y leeré con entusiasmo la obra de Hugo Abel. Me anticipo un platillo sabroso. Ya veremos. Y cuando termine sus trescientas y pico de páginas, aquí mismo resumiré mi opinión porque a los amigos se les dice la verdad y no se les regalan "cuentecitas de vidrio" para hacerlos sentir felices. Y un fuerte abrazo para Hugo y su bella familia y descendencia. Hasta pronto.


VIENTOS

Tengo a la vista un libro que supongo interesante y que consigna una pretensión plausible: introducir en el alma de sus potenciales lectores la personal experiencia del vivir cotidiano como sabio consejo para encauzar la vida por derroteros positivos que habrían de consolidarse siempre en un final de paz espiritual…. cuando el viaje sin retorno te abre el portón del viajero que requiere de valor o resignación, según el ánima del "viajero".

El autor de la obra es mi amigo muy estimado, licenciado Hugo Abel Castro Bojórquez, con quien simpaticé en nuestro primer encuentro, él muy joven todavía, mientras que este modesto escribidor tocaba el portón de los cincuenta otoños, en aquel período histórico en que el PRI puso un peldaño más a su viaje destructivo, cuando nominó (Echeverría fue el generador) al general Hermenegildo Cuenca Díaz como candidato a gobernador de Baja California, cuando ya no tenía residencia en nuestra entidad, asunto que confirmó la Secretaría de Gobernación expresando que oficialmente la residencia del Secretario de Gobernación era el Distrito Federal sin don de ubicuidad.

Hugo Abel, en aquellos momentos álgidos y de alguna manera confusos, se presentó a una reunión del Frente Cívico bajacaliforniano en la residencia en la colonia Nueva de Mexicali de Arturo González Vega (+). Y llegó acompañado de la entonces su novia, Rebeca Vizcarra, que luego ha sido un matrimonio formidable y multiplicador gracias a sus dioses. Y fue ahí en donde observé la pujanza espiritual de Castro Bojórquez cuando expuso su teoría del cómo hacer la lucha para abatir la candidatura del general Cuenca.

No acostumbrado aún a los determinios del PRI, siempre inflexibles, le hicimos ver que así funcionaba esa institución política que podíamos explicarle, pues todos los miembros del FCB éramos ex dirigentes, en diferentes niveles, del PRI. No digirió entonces nuestra posición cada vez más hostil en contra del general. Creo que el tiempo le permitió al propio Hugo Abel comprender el pragmatismo priista que incluso lo llevó a su dirigencia estatal.

Pero volvamos a su obra que tituló "Lo que el tiempo me dejó" y seguidamente la expresión "Lección de vida" y al pie una reflexión: "Filosofía de lo cotidiano. Lo que hay que saber para vivir mejor".

Con lo expresado en la portada, debiera ser una invitación puntual, un reto para penetrar en el contenido que es como meterse en los rincones de nuestras propias experiencias, para hacer un comparativo, para mí tardío, pero que a los jóvenes quizá interesara pergeñar para verse en el espejo de sus vidas a tiempo de enderezar pasos si han sido mal probados o autoaplaudirse en los casos felices por una educación positiva.

Lamento no haber podido recibirlo el día que me trajo su libro. Mi cuarentena me lo prohibía y fue mi hijo Ricardo quien lo recibió y le dio mis disculpas. Pero ya vendrán tiempos mejores (soy optimista) y si aún conservo movibles mis extremidades inferiores y superiores (que de verdad fueron superiores) bastará con poder levantar mano y brazo para decir ¡salud! y reírnos ahora de un pasado que parece que hasta hoy nos ha alumbrado a ambos. Nuestros dioses no nos han abandonado…. Aunque algún día será por consigna natural.

Y leeré con entusiasmo la obra de Hugo Abel. Me anticipo un platillo sabroso. Ya veremos. Y cuando termine sus trescientas y pico de páginas, aquí mismo resumiré mi opinión porque a los amigos se les dice la verdad y no se les regalan "cuentecitas de vidrio" para hacerlos sentir felices. Y un fuerte abrazo para Hugo y su bella familia y descendencia. Hasta pronto.


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