/ sábado 2 de enero de 2021

Tutti frutti sabatini

Vientos


Si fuésemos un pueblo imaginativo en lo requerido por la practicidad que exige, claro, inversiones cuantiosas con metas funcionales y hasta estéticas, como la ejemplarizaron los estadunidenses vecinos encadenados con sus gobiernos respecto de los programas razonablemente atacados de frente, México sería, simplemente, un esplendor temático universal.

El proemio viene al caso por los sucesos en los que las avenidas pluviales se desbordaron sobre el sureste mexicano y casi concretándose a una tierra que por motivos especiales quiero tanto: Tabasco. Y por ello el retorno a la historia de nuestra conquista por la escoria española. Fíjese bien, quinientos años han pasado, medio siglo, y el problema hidráulico que ataca a Tabasco periódicamente, sigue sin resolución, igual o peor, porque los pueblos primitivos sabían sortear los embates naturales… hoy la torpeza lo inhibe.

Déjenme explicarles cómo nació todo este embrollo de relación hidráulica-histórica: en 1960, Don (así, con mayúsculas) Fernando Benítez, historiador emérito, dió a luz un pasaje histórico, quizá una crónica que caló profundo en el ánimo de sus lectores: ʺLa ruta de Hernán Cortésʺ. Tuvo siete ediciones y un ejemplar de éstos (última edición de 1987 de la Colección Popular del FCE) cuya presencia en mi poder se las contaré al final.

Aquí el autor nos dice que cuando Cortés atacó la zona tabasqueña, es asunto no registrado por la historia. Voy a transcribir, textual, lo que el autor narra: ʺNi una sola referencia de las tierras se encuentra en las crónicas y relaciones de esos días. Por mucho tiempo se experimenta un verdadero temor sobre aquella tierra, donde el agua establece un verdadero imperio tiránico y donde el paisaje de anchos ríos, esteros y lagunas, húmedos terrones y vegetación antropofágica, sugiere con fuerza la imagen hostil de un mundo abatido por el diluvioʺ.

Me parece un retrato fiel, histórico, del reciente ʺdiluvio (2020) con aquel 1520 del encuentro de Cortés y tropa de compañía con una realidad insoluble.

Mi tesis sigue viva: somos valemadristas generacionales sin remedio. Luis Echeverría se inventó un programa (creo que de nombre Plinio, pero mi memoria es flaca) para traer aguas de Nayarit, Sinaloa y Sonora, a las zonas desérticas norteñas y dejarle al río Colorado su función natural. La argumentación no tiene desperdicio. Y usted sabe lo que pasó: ¡Nada! Aquí nada pasa. La política invade todo, porque es camino de riquezas mal habidas. ¿Conoce usted un político pobre?

Pues ahora imagínese que sea posible (que nos digan si no) desviar las grandes avenidas hacia tierras secas o de capacidades de riego mínimas, y empezar a tener multiplicadas zonas de producción alimentaria. Que cuesta una fortuna, sí, pero con el tiempo se recupera y nuestros pueblos de campesinos tendrían progreso, desarrollo económico y no anduvieran sufriendo lo de hoy…

Y termino con la historia del libro de Benítez: la dueña es Norma Sylvia Del Bosque de Montaño. Un día se lo prestó o regaló a su hermano Fernando Eusebio Del Bosque Gómez, mi yerno, esposo de mi hija Loana, y cuando empezó a deshacerse de sus libros por las razones que sean, me envió una serie de ellos entre las cuales venía el libro en comento. Y claro que ya es mío. Que le reclame a mi yerno Q.E.P.D. Y es que lo necesito para algunas citas de mi libro en proceso sobre el origen de Baja California que debió ser California Norte y California Sur, y los gandayas gringos que… mejor no digo.

Finalmente a mis 120,341 lectores sabatinos un saludabilísimo 2021. Lo demás viene como consecuencia. Un abrazo.


Vientos


Si fuésemos un pueblo imaginativo en lo requerido por la practicidad que exige, claro, inversiones cuantiosas con metas funcionales y hasta estéticas, como la ejemplarizaron los estadunidenses vecinos encadenados con sus gobiernos respecto de los programas razonablemente atacados de frente, México sería, simplemente, un esplendor temático universal.

El proemio viene al caso por los sucesos en los que las avenidas pluviales se desbordaron sobre el sureste mexicano y casi concretándose a una tierra que por motivos especiales quiero tanto: Tabasco. Y por ello el retorno a la historia de nuestra conquista por la escoria española. Fíjese bien, quinientos años han pasado, medio siglo, y el problema hidráulico que ataca a Tabasco periódicamente, sigue sin resolución, igual o peor, porque los pueblos primitivos sabían sortear los embates naturales… hoy la torpeza lo inhibe.

Déjenme explicarles cómo nació todo este embrollo de relación hidráulica-histórica: en 1960, Don (así, con mayúsculas) Fernando Benítez, historiador emérito, dió a luz un pasaje histórico, quizá una crónica que caló profundo en el ánimo de sus lectores: ʺLa ruta de Hernán Cortésʺ. Tuvo siete ediciones y un ejemplar de éstos (última edición de 1987 de la Colección Popular del FCE) cuya presencia en mi poder se las contaré al final.

Aquí el autor nos dice que cuando Cortés atacó la zona tabasqueña, es asunto no registrado por la historia. Voy a transcribir, textual, lo que el autor narra: ʺNi una sola referencia de las tierras se encuentra en las crónicas y relaciones de esos días. Por mucho tiempo se experimenta un verdadero temor sobre aquella tierra, donde el agua establece un verdadero imperio tiránico y donde el paisaje de anchos ríos, esteros y lagunas, húmedos terrones y vegetación antropofágica, sugiere con fuerza la imagen hostil de un mundo abatido por el diluvioʺ.

Me parece un retrato fiel, histórico, del reciente ʺdiluvio (2020) con aquel 1520 del encuentro de Cortés y tropa de compañía con una realidad insoluble.

Mi tesis sigue viva: somos valemadristas generacionales sin remedio. Luis Echeverría se inventó un programa (creo que de nombre Plinio, pero mi memoria es flaca) para traer aguas de Nayarit, Sinaloa y Sonora, a las zonas desérticas norteñas y dejarle al río Colorado su función natural. La argumentación no tiene desperdicio. Y usted sabe lo que pasó: ¡Nada! Aquí nada pasa. La política invade todo, porque es camino de riquezas mal habidas. ¿Conoce usted un político pobre?

Pues ahora imagínese que sea posible (que nos digan si no) desviar las grandes avenidas hacia tierras secas o de capacidades de riego mínimas, y empezar a tener multiplicadas zonas de producción alimentaria. Que cuesta una fortuna, sí, pero con el tiempo se recupera y nuestros pueblos de campesinos tendrían progreso, desarrollo económico y no anduvieran sufriendo lo de hoy…

Y termino con la historia del libro de Benítez: la dueña es Norma Sylvia Del Bosque de Montaño. Un día se lo prestó o regaló a su hermano Fernando Eusebio Del Bosque Gómez, mi yerno, esposo de mi hija Loana, y cuando empezó a deshacerse de sus libros por las razones que sean, me envió una serie de ellos entre las cuales venía el libro en comento. Y claro que ya es mío. Que le reclame a mi yerno Q.E.P.D. Y es que lo necesito para algunas citas de mi libro en proceso sobre el origen de Baja California que debió ser California Norte y California Sur, y los gandayas gringos que… mejor no digo.

Finalmente a mis 120,341 lectores sabatinos un saludabilísimo 2021. Lo demás viene como consecuencia. Un abrazo.


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