/ sábado 23 de enero de 2021

Tutti frutti sabatini

VIENTOS

Es curioso cómo a veces el tiempo nos depara sorpresas agradables o no. El año que abandonamos apenas a las 24 horas del día 31 de diciembre del año 2020, se recordará como una tragedia mundial por la pandemia Covid-19 y para este escribidor la pérdida de la compañera fiel de su vida matrimonial. Sin embargo me regaló el relativo placer de comprobar que la presunción estadunidense de ser el modelo perfecto de la democracia, se les derrumbó escandalosamente.

Y llegó el año 2021 y para ellos la fecha inmutable del cambio de presidente de su nación sin nombre – mutable: en principio Estados Unidos de Norteamérica o de la Unión Americana y luego Estados Unidos de América cuando aquello del ʺDestino Manifiestoʺ de América para los americanos en su teatral denominación – que con otros tonos renace con un nuevo presidente y una promesa esperanzadora para los cándidos con el disfraz demócrata para vencer a un sedicente republicano inculto, racista, necio y cuyo curso político era una amenaza mundial prepotente.

El evento de toma de posesión del poder norteamericano estadunidense por Joe Biden y la señora Harris, simbolizando un renacimiento de luz y de esperanza, de paz mundial y de sentido solidario, es apenas una (otra) intención política. No pocas veces la piel del cordero cubre la ferocidad del lobo… ¡Y el poder marea! El arribo a la presidencia del país que ya no es la única potencia mundial, representa, en principio, la lucha por ese poder perdido, su rescate.

Ojalá y la aparente comprometida reestructuración, hoy solo acentuada en el discurso presidencial, sea una realidad en la práctica de ese ʺpoderʺ hoy minimizado, mundialmente, por la fuerza novísima de los medios de comunicación digitales que ya tomaron espacio de la fuerza, sufrida por evidente, en carne del ex-presidente Donald Trump a quien le coartaron la libertad de expresión que es nuestro triunfo histórico, truncado de pronto como si nos cercenaran la cabeza… ¿Demostración de fuerza aprovechando ʺel viajeʺ?

Y supongo que en la discreta escarcela del poder, Mr. Biden guarda el cómo hacer frente al enorme potencial de una virtual alianza oriental encabezada por China con su enorme desarrollo en todos sentidos, que no es un síntoma, es una realidad que buscará sentarse en lugar privilegiado y si es preciso a la cabeza de las decisiones en el concierto y foros mundiales…

Pues bien por ellos, porque por acá el escenario político electoral para el 2021, de alguna manera se resolverá sin más escándalos que los comunes que una oposición al presidente López Obrador provoca gestando una sonrisa en los morenistas. Eso ni cosquillas al torrente indetenible de una marea ciudadana feliz con su presidente y averígüelo usted si no me cree. El asunto cómico lo ha dado Ricardo Anaya o como se llame, a quien en las elecciones pasadas presidenciales nalgueó Morena. Y si AMLO hizo una larga campaña visitando todos los rincones de México, pues con repetir la hazaña en tres años, ¡listo!, el Gran Hueso será para él y la corrupción regresará para seguir ʺdignificandoʺ a nuestro país en el extranjero.

¡Claro que lo puede hacer como un derecho ciudadano, no faltaba más! El propio presidente López Obrador defendería ese derecho. Pero yo indagaría antes: ¿Es tan rico Anaya para pagar el costo de una hazaña de esa naturaleza (pasajes, gasolina en su caso, hospedajes, alimentos propios del viajero por tres años más la compañía de uno o dos ayudantes)? O ¿cuántos millonetas empresarios o bandoleros sacarán sus chequeras para reponer después del riesgo a manos llenas como antes?

VIENTOS

Es curioso cómo a veces el tiempo nos depara sorpresas agradables o no. El año que abandonamos apenas a las 24 horas del día 31 de diciembre del año 2020, se recordará como una tragedia mundial por la pandemia Covid-19 y para este escribidor la pérdida de la compañera fiel de su vida matrimonial. Sin embargo me regaló el relativo placer de comprobar que la presunción estadunidense de ser el modelo perfecto de la democracia, se les derrumbó escandalosamente.

Y llegó el año 2021 y para ellos la fecha inmutable del cambio de presidente de su nación sin nombre – mutable: en principio Estados Unidos de Norteamérica o de la Unión Americana y luego Estados Unidos de América cuando aquello del ʺDestino Manifiestoʺ de América para los americanos en su teatral denominación – que con otros tonos renace con un nuevo presidente y una promesa esperanzadora para los cándidos con el disfraz demócrata para vencer a un sedicente republicano inculto, racista, necio y cuyo curso político era una amenaza mundial prepotente.

El evento de toma de posesión del poder norteamericano estadunidense por Joe Biden y la señora Harris, simbolizando un renacimiento de luz y de esperanza, de paz mundial y de sentido solidario, es apenas una (otra) intención política. No pocas veces la piel del cordero cubre la ferocidad del lobo… ¡Y el poder marea! El arribo a la presidencia del país que ya no es la única potencia mundial, representa, en principio, la lucha por ese poder perdido, su rescate.

Ojalá y la aparente comprometida reestructuración, hoy solo acentuada en el discurso presidencial, sea una realidad en la práctica de ese ʺpoderʺ hoy minimizado, mundialmente, por la fuerza novísima de los medios de comunicación digitales que ya tomaron espacio de la fuerza, sufrida por evidente, en carne del ex-presidente Donald Trump a quien le coartaron la libertad de expresión que es nuestro triunfo histórico, truncado de pronto como si nos cercenaran la cabeza… ¿Demostración de fuerza aprovechando ʺel viajeʺ?

Y supongo que en la discreta escarcela del poder, Mr. Biden guarda el cómo hacer frente al enorme potencial de una virtual alianza oriental encabezada por China con su enorme desarrollo en todos sentidos, que no es un síntoma, es una realidad que buscará sentarse en lugar privilegiado y si es preciso a la cabeza de las decisiones en el concierto y foros mundiales…

Pues bien por ellos, porque por acá el escenario político electoral para el 2021, de alguna manera se resolverá sin más escándalos que los comunes que una oposición al presidente López Obrador provoca gestando una sonrisa en los morenistas. Eso ni cosquillas al torrente indetenible de una marea ciudadana feliz con su presidente y averígüelo usted si no me cree. El asunto cómico lo ha dado Ricardo Anaya o como se llame, a quien en las elecciones pasadas presidenciales nalgueó Morena. Y si AMLO hizo una larga campaña visitando todos los rincones de México, pues con repetir la hazaña en tres años, ¡listo!, el Gran Hueso será para él y la corrupción regresará para seguir ʺdignificandoʺ a nuestro país en el extranjero.

¡Claro que lo puede hacer como un derecho ciudadano, no faltaba más! El propio presidente López Obrador defendería ese derecho. Pero yo indagaría antes: ¿Es tan rico Anaya para pagar el costo de una hazaña de esa naturaleza (pasajes, gasolina en su caso, hospedajes, alimentos propios del viajero por tres años más la compañía de uno o dos ayudantes)? O ¿cuántos millonetas empresarios o bandoleros sacarán sus chequeras para reponer después del riesgo a manos llenas como antes?

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