/ sábado 27 de febrero de 2021

Tutti frutti sabatini

Vientos


Cuando el maestro Walter Montenegro se decidió darle publicidad a sus apuntes de clase cotidianos, se abrió un panorama oportunísimo para la edición de su obra “Introducción a las doctrinas político económicas”, título que adoptó, incluso, la editorial mexicana “Fondo de Cultura Económica” en su colección “Biblioteca Joven”. El autor fue catedrático de la materia en la Universidad de la Paz, Bolivia.

En su oportunidad (1985) alguien que imaginó que de algo me serviría esta obra singular, la puso en mis manos. Con pena, confieso que no recuerdo quién fue ese “alguien”, pero si él vive y lo tiene en mente, debiera comunicármelo, pues tal vez no tenga idea del enorme favor que me hizo.

La forma especial del maestro Montenegro - de quien he dado referencias desde tiempo atrás - de exponer su preocupación normativa que todos los docentes de la materia política debe tener para tatuar en el llamado “animal político” - el hombre, el ser humano pues - su legítimo derecho y obligación de conocer a fondo el “fenómeno político” que ropa nuestro entorno, porque es el único camino para encontrar la solución a nuestros múltiples problemas sociales, políticos, económicos y educativos que embroman nuestro desarrollo en la medida en que desconocemos lo que la política arrastra en lo positivo y en lo negativo.

Así pues, descorramos el velo para la advertencia a ciertos comentaristas que destruyen el concepto de lo que la política es como fenómeno social que al través de miles de años el hombre tuvo que generar desde que advirtió que solo, nunca podría obtener los frutos deseados con su singular esfuerzo. Así se fue formando la política, es decir y transcribo a Montenegro: “En líneas generales, la identificación o definición ideológica de un esquema político depende de las características que la interdependencia de tres factores: el individuo, la colectividad y el Estado”.

El camino desde la prehistoria hasta nuestros días está plagado seguramente de luchas individuales, tribales luego, que buscaban un jefe, una cabeza que ordenara estrategias y tácticas para conseguir con menor esfuerzo los frutos de sus esfuerzos colectivos exigidos cada vez con mayor presteza y calidad.

No puede haber sido de otra manera que ese “animal político” (el zoon politikon de Aristóteles) fuera encontrando “diseñando y organizando - dice Montenegro - diferentes normas de convivencia dentro de las cuales surgió indudablemente el concepto de autoridad. Lo que da su identidad propia a un esquema político es el carácter de esas normas: su inspiración, sus fines, el radio de acción que tienen y el papel más o menos preponderante que en cada acontecimiento desempeñan el individuo, el Estado y la colectividad”.

De esta manera y para eludir la larga historia con formativa de los actuales perfiles políticos, Montenegro parte del final del sistema feudal para entrar de lleno a la explicación de los esquemas modernos, de lo que trataremos el próximo y tal vez 3 más sábado siguientes, si la vida (¿o la muerte?) me lo permiten e introducirnos así a nuestra región tan confundida en materia política, que no advierte de la utopía que hasta hoy es el deber ser en política y la praxis política, esa que constituye lo que llamamos “el juego político” sin que se nos caiga la cara de vergüenza.

Vientos


Cuando el maestro Walter Montenegro se decidió darle publicidad a sus apuntes de clase cotidianos, se abrió un panorama oportunísimo para la edición de su obra “Introducción a las doctrinas político económicas”, título que adoptó, incluso, la editorial mexicana “Fondo de Cultura Económica” en su colección “Biblioteca Joven”. El autor fue catedrático de la materia en la Universidad de la Paz, Bolivia.

En su oportunidad (1985) alguien que imaginó que de algo me serviría esta obra singular, la puso en mis manos. Con pena, confieso que no recuerdo quién fue ese “alguien”, pero si él vive y lo tiene en mente, debiera comunicármelo, pues tal vez no tenga idea del enorme favor que me hizo.

La forma especial del maestro Montenegro - de quien he dado referencias desde tiempo atrás - de exponer su preocupación normativa que todos los docentes de la materia política debe tener para tatuar en el llamado “animal político” - el hombre, el ser humano pues - su legítimo derecho y obligación de conocer a fondo el “fenómeno político” que ropa nuestro entorno, porque es el único camino para encontrar la solución a nuestros múltiples problemas sociales, políticos, económicos y educativos que embroman nuestro desarrollo en la medida en que desconocemos lo que la política arrastra en lo positivo y en lo negativo.

Así pues, descorramos el velo para la advertencia a ciertos comentaristas que destruyen el concepto de lo que la política es como fenómeno social que al través de miles de años el hombre tuvo que generar desde que advirtió que solo, nunca podría obtener los frutos deseados con su singular esfuerzo. Así se fue formando la política, es decir y transcribo a Montenegro: “En líneas generales, la identificación o definición ideológica de un esquema político depende de las características que la interdependencia de tres factores: el individuo, la colectividad y el Estado”.

El camino desde la prehistoria hasta nuestros días está plagado seguramente de luchas individuales, tribales luego, que buscaban un jefe, una cabeza que ordenara estrategias y tácticas para conseguir con menor esfuerzo los frutos de sus esfuerzos colectivos exigidos cada vez con mayor presteza y calidad.

No puede haber sido de otra manera que ese “animal político” (el zoon politikon de Aristóteles) fuera encontrando “diseñando y organizando - dice Montenegro - diferentes normas de convivencia dentro de las cuales surgió indudablemente el concepto de autoridad. Lo que da su identidad propia a un esquema político es el carácter de esas normas: su inspiración, sus fines, el radio de acción que tienen y el papel más o menos preponderante que en cada acontecimiento desempeñan el individuo, el Estado y la colectividad”.

De esta manera y para eludir la larga historia con formativa de los actuales perfiles políticos, Montenegro parte del final del sistema feudal para entrar de lleno a la explicación de los esquemas modernos, de lo que trataremos el próximo y tal vez 3 más sábado siguientes, si la vida (¿o la muerte?) me lo permiten e introducirnos así a nuestra región tan confundida en materia política, que no advierte de la utopía que hasta hoy es el deber ser en política y la praxis política, esa que constituye lo que llamamos “el juego político” sin que se nos caiga la cara de vergüenza.

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