/ jueves 10 de enero de 2019

Una moraleja anticipada

En algún lugar



En algún lugar intrincado, la dinámica de los fluidos y el volumen delictivo se desplazaban en una siniestra ecuación, eludiendo los recovecos del crimen en el laberinto de las complicidades…

El operativo contra el robo de hidrocarburos implementado en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador revela la existencia de una complicada red de complicidades cuya extensión, magnitud y profundidad, plantean incógnitas por esclarecer. Los analistas identifican la trayectoria del dinero y esta ruta inicia con cantidades escalofriantes (porque exceden la capacidad de asombro) e insufribles (porque son una ofensa a la inteligencia): Pemex reportó 12,581 tomas clandestinas que extraían gasolina durante 10 ó 12 horas todos los días, razón por la cual disminuía “notablemente” la presión en los ductos, pero esta anomalía pasó desapercibida durante tres sexenios. El monto de las fugas en los ductos ascendió a 60 mil millones de pesos anuales que fueron debidamente registrados como merma, pero hasta el momento no se han cuantificado los beneficios mal habidos.

Sí… parece el inicio de un relato surrealista ubicado en la República del Infeliciaje. Y si agregamos el contagio de pánico en las redes sociales provocando reacciones histéricas y compulsivas, tendríamos los elementos para un episodio negro, tan negro como el cártel [1] que controla el huachicoleo y tenebroso como el origen de la palabreja. La decisión es temeraria: Acabar con una fuga estratosférica y con sus estragos en el gasto público, implica un esfuerzo monumental por los recursos humanos, materiales y técnicos que exige, por la intrincada red de intereses y complicidades que afecta, por los retos de su implementación y por el costo social derivado de molestias e inconformidades.

La moraleja de este episodio es que la Cuarta Transformación exige mucho más que las acciones del gobierno: Requiere una perspectiva diferente para aceptar la crítica y la apertura necesaria para incluir alternativas y soluciones propuestas por los sectores ajenos a la administración pública, pero el factor más importante es la reingeniería social, el vencimiento de las inercias en un giro de 180 grados en la actitud generalizada.

La erradicación de los vicios, excesos y abusos en el poder exige la adopción del bien común en las prioridades individuales, recuperar la noción extraviada de la patria como factor de identidad y cohesión, pensar y actuar por y para nosotros. Pero si la Cuarta Transformación se concentra en un Estado Todopoderoso y Dogmático, el resultado será una Transformación de Cuarta.

Son muchos los hábitos nocivos que todos debemos extirpar de nuestra singular idiosincrasia y el reto es colosal. La construcción del porvenir es una faena social que habrá de realizarse de arriba hacia abajo y viceversa, inculcando el valor civil como el atributo imprescindible de los mexicanos dispuestos a erradicar los recovecos del crimen en el laberinto de las complicidades…

[1] La periodista Ana Lilia Pérez Mendoza identifica a los implicados en el robo de hidrocarburos en su libro “El cártel negro”.

En algún lugar



En algún lugar intrincado, la dinámica de los fluidos y el volumen delictivo se desplazaban en una siniestra ecuación, eludiendo los recovecos del crimen en el laberinto de las complicidades…

El operativo contra el robo de hidrocarburos implementado en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador revela la existencia de una complicada red de complicidades cuya extensión, magnitud y profundidad, plantean incógnitas por esclarecer. Los analistas identifican la trayectoria del dinero y esta ruta inicia con cantidades escalofriantes (porque exceden la capacidad de asombro) e insufribles (porque son una ofensa a la inteligencia): Pemex reportó 12,581 tomas clandestinas que extraían gasolina durante 10 ó 12 horas todos los días, razón por la cual disminuía “notablemente” la presión en los ductos, pero esta anomalía pasó desapercibida durante tres sexenios. El monto de las fugas en los ductos ascendió a 60 mil millones de pesos anuales que fueron debidamente registrados como merma, pero hasta el momento no se han cuantificado los beneficios mal habidos.

Sí… parece el inicio de un relato surrealista ubicado en la República del Infeliciaje. Y si agregamos el contagio de pánico en las redes sociales provocando reacciones histéricas y compulsivas, tendríamos los elementos para un episodio negro, tan negro como el cártel [1] que controla el huachicoleo y tenebroso como el origen de la palabreja. La decisión es temeraria: Acabar con una fuga estratosférica y con sus estragos en el gasto público, implica un esfuerzo monumental por los recursos humanos, materiales y técnicos que exige, por la intrincada red de intereses y complicidades que afecta, por los retos de su implementación y por el costo social derivado de molestias e inconformidades.

La moraleja de este episodio es que la Cuarta Transformación exige mucho más que las acciones del gobierno: Requiere una perspectiva diferente para aceptar la crítica y la apertura necesaria para incluir alternativas y soluciones propuestas por los sectores ajenos a la administración pública, pero el factor más importante es la reingeniería social, el vencimiento de las inercias en un giro de 180 grados en la actitud generalizada.

La erradicación de los vicios, excesos y abusos en el poder exige la adopción del bien común en las prioridades individuales, recuperar la noción extraviada de la patria como factor de identidad y cohesión, pensar y actuar por y para nosotros. Pero si la Cuarta Transformación se concentra en un Estado Todopoderoso y Dogmático, el resultado será una Transformación de Cuarta.

Son muchos los hábitos nocivos que todos debemos extirpar de nuestra singular idiosincrasia y el reto es colosal. La construcción del porvenir es una faena social que habrá de realizarse de arriba hacia abajo y viceversa, inculcando el valor civil como el atributo imprescindible de los mexicanos dispuestos a erradicar los recovecos del crimen en el laberinto de las complicidades…

[1] La periodista Ana Lilia Pérez Mendoza identifica a los implicados en el robo de hidrocarburos en su libro “El cártel negro”.