/ sábado 23 de noviembre de 2019

Vernos en el espejo

Pensares


Ella se miró en el espejo de manera larga, dura; no estaba viendo el reflejo que la miraba de vuelta, se hallaba perdida en un mundo de recuerdos.

En un instante estuvo de vuelta. El reflejo en el espejo la confundió, por un segundo pensó que era su madre la que la miraba, pero al asentarse lentamente a la realidad se dio cuenta de que el reflejo era en realidad el de ella. Ida estaba la hermosura de antaño, en su lugar vio un lunar; idos estaban los hoyuelos que alguna vez agraciaron sus mejillas. ¿A dónde se habrían ido?, pensó en sí misma.

¿De dónde habrían venido esas arrugas? Tan atareada había estado en los quehaceres cotidianos de la vida que no había notado que el tiempo no se había detenido, hasta hoy cuando se detuvo a mirar de verdad al espejo, el espejo que la había visto transitar a partir de la joven de 20 años, con ojos brillantes llenos de esperanza.

Los años parecían haberle pasado de largo a una velocidad increíble y su luz, por lo menos así parecía, se tornaba cada vez más tensa. Fue entonces que cayó en cuenta: Ella sabía en lo profundo de su corazón, en lo más profundo de su ser que si se le diese la oportunidad de volver a tener su tiempo de nuevo no cambiaría un solo aspecto, estaba donde debería estar.

Al observar a la extraña en el espejo la miró a lo profundo de sus ojos. Podía ver la sabiduría y la bondad que emanaba de ellos; también notó que había una calidez que no había estado allí por muchos años. Después de querer venir a la altura de los estereotipos que constantemente la asaltaban, finalmente vio la belleza, la verdadera belleza.

Eres hermosa -susurró al espejo- y esta vez fue sincera. Esto nos confronta con el resultado y consecuencia del paso de los años tanto a hombres como mujeres y es que utilizando una experiencia cotidiana como mirarse al espejo nos lleva a enfrentar la realidad de que envejecemos y necesitamos actualizar constantemente nuestra percepción de nosotros mismos.

Siempre recuerdo cuando era niño que hablábamos de los viejos de 50 años. Bueno, ya no hablo de esa manera, tal vez porque ya lo sobrepasé hace mucho y porque en realidad tampoco me siento viejo. Sin embargo, el querer aferrarnos a la noción de que nos mantenemos jóvenes y querer seguir comportándonos como cuando teníamos 20 ó 30 años menos, no solo nos sumirá tarde que temprano en la depresión, sino que nos robará la bendición de vivir la etapa actual de la vida que nos fue regalada. Todos pasamos por esto, entonces ¿por qué no celebrarlo en vez de pelear contra ello?

Podrás engañar durante años a todo el mundo en tu paso por la vida y obtener palmadas en la espalda en señal de aprobación. Mas la recompensa final será angustia del alma y lágrimas si has engañado tu imagen del espejo.Ella se miró en el espejo de manera larga, dura; no estaba viendo el reflejo que la miraba de vuelta, se hallaba perdida en un mundo de recuerdos.

En un instante estuvo de vuelta. El reflejo en el espejo la confundió, por un segundo pensó que era su madre la que la miraba, pero al asentarse lentamente a la realidad se dio cuenta de que el reflejo era en realidad el de ella. Ida estaba la hermosura de antaño, en su lugar vio un lunar; idos estaban los hoyuelos que alguna vez agraciaron sus mejillas. ¿A dónde se habrían ido?, pensó en sí misma.

¿De dónde habrían venido esas arrugas? Tan atareada había estado en los quehaceres cotidianos de la vida que no había notado que el tiempo no se había detenido, hasta hoy cuando se detuvo a mirar de verdad al espejo, el espejo que la había visto transitar a partir de la joven de 20 años, con ojos brillantes llenos de esperanza.

Los años parecían haberle pasado de largo a una velocidad increíble y su luz, por lo menos así parecía, se tornaba cada vez más tensa. Fue entonces que cayó en cuenta: Ella sabía en lo profundo de su corazón, en lo más profundo de su ser que si se le diese la oportunidad de volver a tener su tiempo de nuevo no cambiaría un solo aspecto, estaba donde debería estar.

Al observar a la extraña en el espejo la miró a lo profundo de sus ojos. Podía ver la sabiduría y la bondad que emanaba de ellos; también notó que había una calidez que no había estado allí por muchos años. Después de querer venir a la altura de los estereotipos que constantemente la asaltaban, finalmente vio la belleza, la verdadera belleza.

Eres hermosa -susurró al espejo- y esta vez fue sincera. Esto nos confronta con el resultado y consecuencia del paso de los años tanto a hombres como mujeres y es que utilizando una experiencia cotidiana como mirarse al espejo nos lleva a enfrentar la realidad de que envejecemos y necesitamos actualizar constantemente nuestra percepción de nosotros mismos.

Siempre recuerdo cuando era niño que hablábamos de los viejos de 50 años. Bueno, ya no hablo de esa manera, tal vez porque ya lo sobrepasé hace mucho y porque en realidad tampoco me siento viejo. Sin embargo, el querer aferrarnos a la noción de que nos mantenemos jóvenes y querer seguir comportándonos como cuando teníamos 20 ó 30 años menos, no solo nos sumirá tarde que temprano en la depresión, sino que nos robará la bendición de vivir la etapa actual de la vida que nos fue regalada. Todos pasamos por esto, entonces ¿por qué no celebrarlo en vez de pelear contra ello?

Podrás engañar durante años a todo el mundo en tu paso por la vida y obtener palmadas en la espalda en señal de aprobación. Mas la recompensa final será angustia del alma y lágrimas si has engañado tu imagen del espejo.

Pensares


Ella se miró en el espejo de manera larga, dura; no estaba viendo el reflejo que la miraba de vuelta, se hallaba perdida en un mundo de recuerdos.

En un instante estuvo de vuelta. El reflejo en el espejo la confundió, por un segundo pensó que era su madre la que la miraba, pero al asentarse lentamente a la realidad se dio cuenta de que el reflejo era en realidad el de ella. Ida estaba la hermosura de antaño, en su lugar vio un lunar; idos estaban los hoyuelos que alguna vez agraciaron sus mejillas. ¿A dónde se habrían ido?, pensó en sí misma.

¿De dónde habrían venido esas arrugas? Tan atareada había estado en los quehaceres cotidianos de la vida que no había notado que el tiempo no se había detenido, hasta hoy cuando se detuvo a mirar de verdad al espejo, el espejo que la había visto transitar a partir de la joven de 20 años, con ojos brillantes llenos de esperanza.

Los años parecían haberle pasado de largo a una velocidad increíble y su luz, por lo menos así parecía, se tornaba cada vez más tensa. Fue entonces que cayó en cuenta: Ella sabía en lo profundo de su corazón, en lo más profundo de su ser que si se le diese la oportunidad de volver a tener su tiempo de nuevo no cambiaría un solo aspecto, estaba donde debería estar.

Al observar a la extraña en el espejo la miró a lo profundo de sus ojos. Podía ver la sabiduría y la bondad que emanaba de ellos; también notó que había una calidez que no había estado allí por muchos años. Después de querer venir a la altura de los estereotipos que constantemente la asaltaban, finalmente vio la belleza, la verdadera belleza.

Eres hermosa -susurró al espejo- y esta vez fue sincera. Esto nos confronta con el resultado y consecuencia del paso de los años tanto a hombres como mujeres y es que utilizando una experiencia cotidiana como mirarse al espejo nos lleva a enfrentar la realidad de que envejecemos y necesitamos actualizar constantemente nuestra percepción de nosotros mismos.

Siempre recuerdo cuando era niño que hablábamos de los viejos de 50 años. Bueno, ya no hablo de esa manera, tal vez porque ya lo sobrepasé hace mucho y porque en realidad tampoco me siento viejo. Sin embargo, el querer aferrarnos a la noción de que nos mantenemos jóvenes y querer seguir comportándonos como cuando teníamos 20 ó 30 años menos, no solo nos sumirá tarde que temprano en la depresión, sino que nos robará la bendición de vivir la etapa actual de la vida que nos fue regalada. Todos pasamos por esto, entonces ¿por qué no celebrarlo en vez de pelear contra ello?

Podrás engañar durante años a todo el mundo en tu paso por la vida y obtener palmadas en la espalda en señal de aprobación. Mas la recompensa final será angustia del alma y lágrimas si has engañado tu imagen del espejo.Ella se miró en el espejo de manera larga, dura; no estaba viendo el reflejo que la miraba de vuelta, se hallaba perdida en un mundo de recuerdos.

En un instante estuvo de vuelta. El reflejo en el espejo la confundió, por un segundo pensó que era su madre la que la miraba, pero al asentarse lentamente a la realidad se dio cuenta de que el reflejo era en realidad el de ella. Ida estaba la hermosura de antaño, en su lugar vio un lunar; idos estaban los hoyuelos que alguna vez agraciaron sus mejillas. ¿A dónde se habrían ido?, pensó en sí misma.

¿De dónde habrían venido esas arrugas? Tan atareada había estado en los quehaceres cotidianos de la vida que no había notado que el tiempo no se había detenido, hasta hoy cuando se detuvo a mirar de verdad al espejo, el espejo que la había visto transitar a partir de la joven de 20 años, con ojos brillantes llenos de esperanza.

Los años parecían haberle pasado de largo a una velocidad increíble y su luz, por lo menos así parecía, se tornaba cada vez más tensa. Fue entonces que cayó en cuenta: Ella sabía en lo profundo de su corazón, en lo más profundo de su ser que si se le diese la oportunidad de volver a tener su tiempo de nuevo no cambiaría un solo aspecto, estaba donde debería estar.

Al observar a la extraña en el espejo la miró a lo profundo de sus ojos. Podía ver la sabiduría y la bondad que emanaba de ellos; también notó que había una calidez que no había estado allí por muchos años. Después de querer venir a la altura de los estereotipos que constantemente la asaltaban, finalmente vio la belleza, la verdadera belleza.

Eres hermosa -susurró al espejo- y esta vez fue sincera. Esto nos confronta con el resultado y consecuencia del paso de los años tanto a hombres como mujeres y es que utilizando una experiencia cotidiana como mirarse al espejo nos lleva a enfrentar la realidad de que envejecemos y necesitamos actualizar constantemente nuestra percepción de nosotros mismos.

Siempre recuerdo cuando era niño que hablábamos de los viejos de 50 años. Bueno, ya no hablo de esa manera, tal vez porque ya lo sobrepasé hace mucho y porque en realidad tampoco me siento viejo. Sin embargo, el querer aferrarnos a la noción de que nos mantenemos jóvenes y querer seguir comportándonos como cuando teníamos 20 ó 30 años menos, no solo nos sumirá tarde que temprano en la depresión, sino que nos robará la bendición de vivir la etapa actual de la vida que nos fue regalada. Todos pasamos por esto, entonces ¿por qué no celebrarlo en vez de pelear contra ello?

Podrás engañar durante años a todo el mundo en tu paso por la vida y obtener palmadas en la espalda en señal de aprobación. Mas la recompensa final será angustia del alma y lágrimas si has engañado tu imagen del espejo.

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