/ miércoles 24 de marzo de 2021

Ya mero llega Santa

El Muro


La verdad es que debe de dar flojera leer acerca de los problemas que se nos avecinan con el coronavirus, sobre todo ahora que Santa casi llega. Sí, la Semana Santa está a la vuelta de la esquina y con ella, la fiesta.

Por lo tanto hay que olvidarnos de la sana distancia, de protección, de cuidados intensos, lavado de manos porque de acuerdo a lo que se observa tal parece que lo peor de la pandemia ya pasó. Vemos los registros de candidatos convertidos en un cachondeo: Mucha gente reunida, todos pegados, sudorosos, pero eufóricos, tal parece que los prosélitos están viviendo en marzo del 2019.

Eso es cruel porque al menos una de las candidatas, joven ella, sana, fuerte, ya estuvo contagiada y el hecho de convocar a sus seguidores a sabiendas de que ya sea por acarreo o por voluntad propia, finalmente acudirían al acto de su registro como aspirante a la gubernatura, es una muestra de irresponsabilidad, egoísmo y falta de tacto.

No representa una buena señal de un cambio (digo, si es que acaso algún iluso imaginó que en este país podría ocurrir eso) que la figura llamada a ocupar el puesto de gobernadora sea una promotora del desorden. Olvida que ella o cualquiera que logre el triunfo, deberá enfrentar una buena parte de la vacunación, así como una buena parte de los nuevos contagios.

De repente se nos olvida que el virus es un ente con una forma de operar única, inamovible, que no se asusta con vacunas, al que no le afecta las simulaciones, al que simple y sencillamente requiere de muchas personas para replicarse, expandirse y de esa forma seguir presente en nuestras vidas. Al virus no le importa la figura arbitraria de un semáforo epidemiológico o los problemas que tengan los políticos entre ellos.

Solo hay dos formas de contrarrestar un organismo invasor. La primera de ellas es el aislamiento acompañado de una buena dosis de suerte, lo cual permite en algunos casos, disminuir los contagios hasta llegar a cero. Esto ya no podemos hacerlo con el virus del Covid. La otra forma es la vacunación.

De manera que sin aislamiento por las santas fiestas políticas y sin vacunas suficientes como para al menos terminar de vacunar a un sector de la población, no hay que ser muy inteligentes como para saber que en las próximas semanas comenzaremos a leer malas noticias a pesar de los rostros animosos de los candidatos.

El Muro


La verdad es que debe de dar flojera leer acerca de los problemas que se nos avecinan con el coronavirus, sobre todo ahora que Santa casi llega. Sí, la Semana Santa está a la vuelta de la esquina y con ella, la fiesta.

Por lo tanto hay que olvidarnos de la sana distancia, de protección, de cuidados intensos, lavado de manos porque de acuerdo a lo que se observa tal parece que lo peor de la pandemia ya pasó. Vemos los registros de candidatos convertidos en un cachondeo: Mucha gente reunida, todos pegados, sudorosos, pero eufóricos, tal parece que los prosélitos están viviendo en marzo del 2019.

Eso es cruel porque al menos una de las candidatas, joven ella, sana, fuerte, ya estuvo contagiada y el hecho de convocar a sus seguidores a sabiendas de que ya sea por acarreo o por voluntad propia, finalmente acudirían al acto de su registro como aspirante a la gubernatura, es una muestra de irresponsabilidad, egoísmo y falta de tacto.

No representa una buena señal de un cambio (digo, si es que acaso algún iluso imaginó que en este país podría ocurrir eso) que la figura llamada a ocupar el puesto de gobernadora sea una promotora del desorden. Olvida que ella o cualquiera que logre el triunfo, deberá enfrentar una buena parte de la vacunación, así como una buena parte de los nuevos contagios.

De repente se nos olvida que el virus es un ente con una forma de operar única, inamovible, que no se asusta con vacunas, al que no le afecta las simulaciones, al que simple y sencillamente requiere de muchas personas para replicarse, expandirse y de esa forma seguir presente en nuestras vidas. Al virus no le importa la figura arbitraria de un semáforo epidemiológico o los problemas que tengan los políticos entre ellos.

Solo hay dos formas de contrarrestar un organismo invasor. La primera de ellas es el aislamiento acompañado de una buena dosis de suerte, lo cual permite en algunos casos, disminuir los contagios hasta llegar a cero. Esto ya no podemos hacerlo con el virus del Covid. La otra forma es la vacunación.

De manera que sin aislamiento por las santas fiestas políticas y sin vacunas suficientes como para al menos terminar de vacunar a un sector de la población, no hay que ser muy inteligentes como para saber que en las próximas semanas comenzaremos a leer malas noticias a pesar de los rostros animosos de los candidatos.

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