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El derecho de nacer

  • Jaime Pardo Verdugo

Por cierto que entre los derechos naturales de los humanos está el de nacer y luego vivir en libertad, con felicidad y ser lo que desee ser que sea lícito. Por eso hay religiones, como la católica, defensoras del derecho a nacer que es, sencillamente, el derecho a la vida, frente a opiniones –se ignora si son mayoritarias- que consideran que siendo la mujer dueña de su cuerpo, puede y debe decidir si interrumpe un embarazo.

Claro que las mujeres (y los hombres) son dueñas de su cuerpo; sí, relativamente; pero no son dueñas del nuevo ser que traen en el vientre y que para algunas es una desgracia argumentando razones que en algunos casos ampara la ley.
El principio es fácil: un ayuntamiento sexual que el placer estimula, provoca el alud de millones de espermatozoides que al quedar dentro de la vagina de la mujer del caso, “vuelan” en competencia hacia el elemento femenino (el óvulo maduro) y uno nada más perfora la cubierta de ese óvulo que de inmediato se cierra formando el llamado cigoto que es el chispazo inicial de una vida nueva, a partir de la cual tiene derechos de vida y desarrollo feliz hasta el momento de su exteriorización. La vida se inició en la fecundación.
Si tratamos de ver el fenómeno vital como obra de algún dios o simplemente de la naturaleza, como sea, es una nueva vida, y eliminarla, por las razones que sean, es un asesinato, como una pena de muerte legal y oficial, con la terrible diferencia que el cigoto eliminado era inocente. ¡INOCENTE! Y los asesinos lo ven natural cuando la madre y sus cómplices: el padre que aprueba, el juez que lo permite y el médico que opera con su equipo de auxilio. Es decir, se trata de un asesinato con alevosía y ventaja, pero además meditado. Todas las agravantes que se imputan en otros casos.
Dicen que el cigoto es un coágulo nada más. Soslayan que se trata de una vida nueva. Que no tiene todavía forma humana; pues no, ni usted lector ni este escribidor la tuvimos a su tiempo y aquí estamos porque hubo amor, mucho amor materno, responsabilidad paterna y un largo cuidado para arribar a ser lo mucho o poco que somos.
Las mujeres que determinan deshacerse de “ese coágulo”, antes del ayuntamiento sexual placentero deben pensar en cómo evitar el embarazo para evitar la terrible acusación de la conciencia.
jaimepardoverdugo@yahoo.com.mx
Cronista de Mexicali