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La vaquita y el coyote

  • Víctor Martínez Cenicero

Fábula (en rima) que aborda una variante de maltrato animal, que a diario cometemos en Mexicali por nuestra soberbia e ignorancia.
Hacer hablar a los animales no fue facultad de Walt Disney, ni tampoco de algunos de nuestros desesperantes políticos. Las fábulas fueron, desde su origen, una herramienta moralizante. Se apoyaron en la vulnerabilidad de nuestro diseño cerebral que facilita aceptar las historias (disfrutamos y aprendemos de ellas), mejor aún si éstas son contadas en rima.

“El León y el Chacal” es una de las primeras fábulas escritas por allá en el año 200-: “En cierta región de un bosque vivía un león llamado Kharanakhara que corriendo un día hambriento por todas partes no pudo cazar ninguna bestia… Quien procede con cautela vive feliz y no vive el que obra sin discernimiento. Yo me he hecho viejo viviendo en el bosque y nunca he oído que una cueva hable”.
Muchos de nosotros relacionamos fábula con Esopo y las famosas moralejas: “No nos dejemos llevar del mal consejo que siempre dan los injustificados celos. Sepamos apreciar los valores de los demás”, fue la lección de “El asno y la perrita faldera”.
Ahora pongo a su consideración el siguiente relato que intenta hacer notar el abandono en el que tenemos a nuestra fauna desértica, pero sobre todo la injustificada prioridad que le damos a otras especies, solo porque son apoyadas por estrellas del mundo del espectáculo. Somos pues candil de calle…

Ojalá fuera yo así, bien curiosita,
dijo la hermana del topo, hablando sobre la “vaquita”:
Pero nosotros vivimos abajo, como en una mina
por eso no nos cuidan como a la “marina”.

Nuestra es esta tierra bella y generosa
según contó el tío Policarpio;
trabajamos duro para hacerla esplendorosa
aunque ni nos pele un tal DiCaprio.

Que qué nos molesta, te has de estar preguntando,
es tu modernidad inútil, lo que nos está matando:
Construyes “malls” que nadie ocupa y casas que nadie habita y es justo por culpa de eso lo que la vida casi nos quita.

Entiendo lo que estás sintiendo
-dijo el coyote con soltura-
yo al correcaminos lo vengo viendo,
nada más en caricatura.

¡Qué cosas tiene la vida! -terció la víbora, con pasión-
¿por qué nosotros no tenemos un comité de protección?
Pero ¡ah no fuéramos nosotros como ese pinto bolsón!
¿A quién te refieres hermana? Pues al tal borrego cimarrón.

Pues sufren porque quieren, de lejos gritó una lagartija,
a mí ni me importa si vivo en seco o en el fango;
lo que los humanos hagan me viene guango,
soy honesta, milenaria y resistente, no soy una sabandija.

vicmarcen09@gmail.com