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Pensares

  • José Arzoz Arenas

El jorobado

Era una persona que distaba de ser bien parecido, además de una estatura algo baja tenía una grotesca joroba. Un día visitó a un mercader que tenía una hermosa hija, él se enamoró perdidamente de ella, pero a ella le repelía su apariencia deforme.

Cuando llegó el momento de despedirse él hizo acopio de su valor y subió las escaleras hasta donde estaba el cuarto de aquella hermosa joven, para tener la última oportunidad de hablar con ella, era tan hermosa que a él le entristecía profundamente su negativa a mirarlo.
Después de varios intentos de conversar con ella le preguntó tímidamente: “¿Crees que los matrimonios se crean en el cielo?”.
“Sí”, respondió ella todavía mirando al suelo. “¿Y tú?”.
“Sí lo creo”, contestó él. “Verás, en el cielo cada vez que un niño nace el Señor anuncia con qué niña se va a casar, cuando yo nací me fue señalada mi futura esposa, entonces el Señor añadió: ´Pero tu esposa será jorobada´, justamente en ese momento exclamé: ´Oh, Señor, una mujer jorobada sería una tragedia, dame a mí la joroba y permite que ella sea hermosa´”.
Entonces ella levantó la mirada para contemplar los ojos de él y un hondo recuerdo la conmovió, alargó su mano y se la dio a él, tiempo después ella se convirtió en su esposa.
Es necesario reflexionar un poco en todo esto, muchas veces los prejuicios que tenemos al estar o convivir con personas distintas a nosotros, nos impiden entender y vivir el amor, hoy haz la diferencia y verás.