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Vientos

  • Jaime Pardo Verdugo

No soy monedita de oro

Me escribe mi amigo Adolfo Amador Buenaventura desde el hermoso Puerto de Vallarta. Que me sigue leyendo, dice; ahora por la página de LA VOZ  en Internet. Con un dejo de enfado me reclama mi “sesgo hacia la derecha” ¡Ah que Adolfo! ¿Cuántos más pensarán así?
Me desnudo pues: Nací en la escuela de sabor socialista de mi general Lázaro Cárdenas del Río. Sabor agrarista también y en Mexicali más se siente todavía, pero como vieja historia. Mi padre fue el primer secretario en Ensenada de lo que hoy es la burocracia estatal y municipal en tiempos de la validación del Estatuto Jurídico. Mis profesores de primaria, secundaria, vocacional y profesional, era de esa escuela con algunas excepciones, claro. La primera parte fue en Ensenada en donde está enterrado mi ombligo. La segunda en el entonces Distrito Federal. Cuando estudié Economía Política, tuve un maestro, José Vasconcelos (homónimo de nuestro filósofo arrogante), desterrado comunista español. Ahí se consolidó mi posición de izquierda ya presente. Y años después, mi presencia en la política bajacaliforniana me radicó para siempre en mi ánimo izquierdista.
Entonces me metí, por mis ganas, a estudiar todo lo referente a la política. Y me enteré que todas las tesis son utópicas, imposibles de la práctica, por lo que chocan el deber ser con la realidad provocando los enfrentamientos inútiles. Aprendí a respetar las ideologías ajenas y a sus sustentantes, como un derecho. Nunca he olvidado al gran patricio Benito Juárez: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Y tengo en las izquierdas y en las derechas muchos amigos de verdad. Hasta en ese margallate o sancocho de un centrismo de excepción. A lo mejor ahí estoy metido. No soy pues monedita de oro. Ni modo Adolfo. Ni tú.

jaimepardoverdugo@yahoo.com.mx
Cronista de Mexicali