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VIENTOS

  • Jaime Pardo Verdugo

¿Y qué hacer con los “dreamers”?

Posiblemente usted se haya preguntado en estos días qué es el DACA. Quizá también ha visto el grave problema sin su verdadero fondo social agresivo. Entonces déjenme decirles que DACA es hoy, gracias al racismo de Mr. Trump, una bomba social “nuclear”, contraria a su benéfico origen anímico del expresidente Barack Obama, a quien el racista Trump quiere destruir, como si fuera posible, a como dé lugar. La batalla pues, no es menor para nosotros los mexicanos..

Hay que empezar por el principio: un día alguien le informó a Obama que había cientos de miles de mexicanos (y de otras nacionalidades en menor cuantía) que llegaron indocumentados a los Estados Unidos cuando aún eran muy pequeños (algunos de brazos aún) y por lo tanto no eran responsables de su documentación ilegal y su estancia ídem. Pero estos mexicanos (dicen que en número de 600 mil) ni conocen sus lugares de origen y la mayor parte no hablan español. Su educación y culturización son estadunidenses, por lo tanto se sienten –y de hecho son- estadunidenses, y tal vez muchos de ellos hasta odien a los mexicanos que llegan ahora indocumentados. Y Obama creó el Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA) que nosotros llamaríamos Acción Diferida para los llegados en la Infancia. Y esta institución difería los tiempos para revisar con detenimiento cada caso y en llenando los requisitos, otorgarles el beneficio de la ciudadanía a los así llegados a EU. Como se ve, el ánimo positivo de Obama en contraste con lo burdo del ignorante Trump… ignorante e insensible, de tal manera que hoy sus propios coterráneos de educación correcta y pensamiento diverso, han llegado a la protesta pública para demostrar su no apoyo a las políticas racistas, xenofóbicas, del desenfrenado presidente que debiera ser sujeto ya de “impechmeant”, que no es otra cosa que un juicio político.
Pero la bomba social ahí está ya prendida y sus relojes caminando para hacer explosión más pronto que tarde, si no se atraviesa antes una autoridad superior que detenga la acción trumpista y devuelva el camino del decreto histórico del presidente Obama en su momento.
Entre los miles de jóvenes que se supone serán expulsados del país vecino sin culpa alguna, que algunos ya le son productivos con su trabajo o sus estudios avanzados, no hablan castellano. Nunca han estado en sus pueblos de origen ni en otra parte de México precisamente para evitar lo que hoy provoca el odio personal. Y entonces nos queda preguntarnos: ¿Qué vamos a hacer cuando empiecen a llegar estos jóvenes “gringos” –no son mexicanos ya- si no tenemos trabajo para los profesionales y técnicos nuestros que salen día con día de las universidades y tecnológicos sin futuro a la vista? ¿Qué ha dispuesto ya el presidente Peña Nieto, con la rapidez que despidió al embajador de Corea del Norte para congraciarse con Trump? ¿El licenciado Luis Videgaray ya está haciendo los trámites obligados ante el gobierno de los EU? ¡Cómo hay cuestiones irresueltas! Pues los que vengan atrás que arreen ¿no?