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VIENTOS

  • Jaime Pardo Verdugo

Un PRI “fenomenal”

Fenomenal le pareció al ex-rector de la UNAM, Dr. José Narro Robles, la reunión del priísmo tradicional en Insurgentes donde es fantasmal el espíritu revolucionario del cuerpo fallecido de la Revolución Mexicana cuando apenas Plutarco Elías Calles lo encapsulaba democráticamente en un ser institucional. Emociones, recuerdos, nostalgias en el domingo anterior.

Creo que Narro se expresaba con la metáfora de lo sensacional. A su descubrimiento o despertar ante un acto que regresa por sus fueros antañosos que parecían haber desaparecido víctimas de dos alternancias presidenciales democráticas. Y Narro expresó al reportero que “no debe maravillarse nadie. La organización es fenomenal. El PRI existe. El PRI es”. Claro que el PRI es, sea como sea, es. Desde que nació en 1946 con vestiduras capitalistas en brazos de Miguel Alemán Valdés.

A nuestro reportero en OEM, Miguel Reyes Razo, la organización le pareció mala. Pero no lo explicó porque a don Francisco Torres Cano, funcionario de alto rango de esta institución periodística, se le atendió y guió correctamente.

Así que el alboroto para ungir precandidato presidencial del PRI al doctor José Antonio Meade Kuribreña sirvió para el objetivo superior: ungirlo como candidato, lo que en días anteriores constataron los líderes (no las bases) de los sectores del tricolor, asunto que no reviste mayor importancia en las filas tricolores porque así es como funciona y como funciona bien. “La prueba bien clara esta tarde has tenido…” decía una canción tan vieja como este escribidor. Por cierto que en un momento –histórico, claro- robó cámara al presidente Peña Nieto. Así son las cosas en nuestra política especial.

La familia de don “Pepe” Meade, su padre don Dionisio, su esposa doña Juana (inteligentísima señora cuya rapidez mental la comprobaron en el gremio reporteril) y sus dos hijos, felices para el registro de sus historias personales. En realidad una muestra de magnífica unidad familiar, que en estos casos dice mucho.

Y el discurso del candidato tricolor como distinto, sencillo, sin complicaciones retóricas: “Mesa con comida. Prosperidad nacional que se refleje en los bolsillos. Nada de improvisaciones ni ocurrencias”. Mensaje subliminal para el enemigo de enfrente que debiera ser simplemente un competidor. Pero en México la política de algunos la interpretan como pleito. Por eso la caída de los partidos y la asunción interior de la falta de inteligencia y preparación ad hoc.

Y como en “María la O”, todo se acabó dejando un buen sabor de boca y una hemorragia de felicidad en el priísmo que parece regresar, en brazos de un apartidista, a los sitiales de antaño. Ojalá y sea para el bien de México, que es lo que importa.