/ viernes 25 de septiembre de 2020

Kult | Carlos Martínez Rentería: La contracultura no es militante

Desde hace más de tres décadas es un referente de la contracultura capitalina gracias a su incansable labor de periodista

Siempre interesado en la irreverencia y la incorrección política, así como en llevar una agenda realmente alternativa, el fundador y director de Generación nos habla de la labor de la revista frente al poder, de la censura, de la fiesta y de las libertades que le interesa reivindicar.

-Carlos, es curioso que seas egresado de la escuela de periodismo Carlos Septién, que siempre ha parecido una institución más bien conservadora.

-Sí… fue una experiencia muy interesante estar en esa escuela. La verdad es que siempre he sido considerado como un mal ejemplo para ellos. Una vez el maestro Alejandro Avilés me regañó por una portada de la revista Generación, que era un dibujo de Juan Soriano de un hombre desnudo con un gallito inglés atravesado. Y bueno, una prueba de que no soy muy querido es que no aparece mi foto en su recuento de estudiantes distinguidos...

"Pero bueno, la contracultura siempre será incómoda en cualquiera de sus perspectivas, tanto para conservadores como para progresistas, entre comillas, porque como vemos ahora ser de izquierda también puede ser una experiencia de conservadurismo".

-Ya que tocas el tema, Generación surgió en la era del salinismo, y desde entonces les tocó convivir con gobiernos de derecha, hasta ahora.

-Sí… la verdad es que, como ha dicho José Agustín, la contracultura no es militante; no se suscribe a un partido político o a una dinámica gubernamental. Digamos que yo tengo una postura más anarquista. Todos los periodistas y la gente de la cultura hemos visto que te puedes encontrar gente mucho más progresista y abierta en un partido de derecha… O viceversa. En cuanto a la apertura hacia las manifestaciones culturales por parte de las instituciones, pues muchas veces ha habido más generosidad, apoyo o comprensión en periodos que supuestamente son conservadores, mientras que en algunas ocasiones, los gobiernos de izquierda suelen ser los que más perjudican las dinámicas culturales.

En ocasiones, los gobiernos de izquierda son los que más dañan las dinámicas culturales

-¿Caímos en el juego de creer que la izquierda tendría una mayor simpatía por la cultura?

-Pues hemos caído en una trampa, los ciudadanos en general; hemos caído en la trampa del juego de los políticos, que tienen sus propios ritmos y su propio interés de poder, y que nos hacen creer que el ser de un partido o de otro te determina como progresista o conservador… Ahora la manera más fácil que tiene López Obrador de descalificar a sus críticos es diciendo que son conservadores, y eso obviamente no es así; no todos sus críticos son conservadores en sí mismos, ni corruptos vendidos del sistema; los matices y las perspectivas son mucho más variadas: no es verdad que solo haya chairos y fifís, el panorama es mucho más complejo. En ese sentido, la contracultura está más allá de la rebatinga tan mezquina de nuestra clase política.

-¿Cuál es tu postura acerca de los apoyos oficiales y de las becas como la Edmundo Valadés?

Tuvimos varias veces esa beca, que en realidad era un apoyo bastante paupérrimo. Y varias veces me preguntaban si no había una contradicción al tener un apoyo institucional y ejercer un trabajo contracultural, y a mí me parece que no, porque los recursos que maneja el Estado, tanto para publicidad como para becas, pues es dinero que se genera de los impuestos y que nos corresponde… Seas opositor o cómplice de un gobierno, tienes derecho a tener ese tipo de estímulos, sobre todo cuando haces un trabajo que por sus características de irreverencia e incomodidad, que difícilmente puede sobrevivir sin algún tipo de apoyo institucional, porque la cultura no es un producto rentable… salvo que sea una de las empresas de Enrique Krauze.

-Ya que hablas de publicidad, veo que siguen teniendo esa posibilidad

-Sí, pues cada vez es más complicado. El último número que está dedicado a Tacubaya, se tardó seis o siete meses en salir. Y en el número que hicimos de la colonia Guerrero, uno de nuestros anunciantes fue el mercado Martínez de la Torre… ¡En este número se anuncia hasta una funeraria!

-Generación lleva ya más de 30 años en pie, dejando atrás a muchas revistas impresas de toda índole.

Sí… ya rompimos muchos récords. Pues, mira: por un lado es mucha necedad, y por otro lado, mucha pasión. Afortunadamente, la gente que colabora no nos cobra. Se pagan muy pocas aportaciones, como la de un asistente o un diseñador… Pero si pagáramos una nómina de colaboradores sería imposible seguir haciéndola, porque son un promedio de 40 o 50 por número, entre fotógrafos, ilustradores, escritores y periodistas. Entonces, la posibilidad de que la revista siga saliendo tiene que ver con eso, con que es una publicación que siempre ha contado con el apoyo solidario de mucha gente.

Foto: Laura Lovera

-Siempre me llamó la atención el espíritu libertario y disruptor de los textos y las fotografías de publicaciones como Generación, Moho y el suplemento Sábado. ¿Crees que hemos retrocedido en términos de libertad de expresión?

-Nosotros seguimos publicando cosas que quizá no saldrían en otros medios, sobre todo porque me interesa no llevar una agenda de lo que está saliendo en todos lados; me interesan más las culturas marginales, alternativas; la incorrección política y las libertades sexuales. También hemos refrendado desde hace mucho la despenalización de las drogas, en particular de la marihuana. Ahora el tema de la despenalización de la marihuana ha tenido que entrar en las agendas de todos los medios, porque ya está en el Senado y tienen que resolver ya por órdenes de la Suprema Corte, pero hace más de 20 años, cuando comenzamos a hacerlo, era muy difícil que le dieran espacio al tema. En algunos aspectos sí se ha avanzado y en otros se ha retrocedido, como por ejemplo en cuanto al desnudo, porque ya hay posturas feministas que consideran que es en sí mismo un abuso del patriarcado.

"Hay posturas muy políticamente correctas y muchos temas relacionados con las libertades sexuales que están bastante censurados…

"Creo que ahora, más que una censura institucional, hay una autocensura en los medios; creo que se autolimitan".

-¿Ustedes han sufrido algún tipo de censura en algún sexenio en particular?

En los periodos panistas nunca tuvimos ningún tipo de censura, aunque tampoco nos apoyaron. Con el gobierno de Fox tuvimos algunos apoyos, y nunca se metieron con nosotros; hicimos un número dedicado a la cocaína que se publicó sin ningún problema. En alguna ocasión la Secretaría de Gobernación nos mandó una carta reprimiéndonos por un desnudo masculino, que fue precisamente el dibujo de Juan Soriano; nos mandaron una advertencia que decía que habíamos cometido una infracción, y nosotros les respondimos que el propio presidente Salinas acababa de inaugurar una exposición en Bellas Artes, precisamente de Juan Soriano, donde decía que Soriano era un ejemplo para la juventud. ¿Cómo era posible entonces que nos censuraran? Bueno… nos hemos quedado con ganas de que nos censuren más, porque siempre es una buena promoción la censura, pero en realidad un medio como Generación no les importa; de hecho, la cultura no les importa.

-Hablando de libertades, son históricas las fotografías de Carlos Martínez Rentería, siempre en la fiesta, hasta a morir.

-Pues sí, literalmente a morir, así. ¿A quién no le gustan las fiestas? Por un lado, creo que hace mucho descubrí que en las fiestas también se hace periodismo, conoces gente, te enteras de cosas, te interrelacionas… Es un poco de mala fama y otro poco de realidad, pero sí, hemos incursionado en el camino de los excesos ¿no? Como decía el poema William Blake: el camino de los excesos lleva al palacio de la sabiduría, que puede ser una trampa porque no siempre es así… Yo he padecido las consecuencias de una vida disipada; me la pasé varios meses encerrado y recuperándome de una operación… Lamentablemente para mi salud, pero afortunadamente también, desde hace 10 años he trabajado en la pulquería Los Insurgentes, que hemos convertido en un centro cultural que lleva más de dos mil actividades; ha sido un trabajo muy interesante, porque hemos convocado a cientos de artistas y de trabajadores de la cultura a participar. Pero sí, la revista Generación y todo el trabajo de promoción cultural que he hecho siempre ha estado vinculado con la fiesta, porque yo creo que la cultura es un sinónimo de fiesta, de libertad, de experimentación lúdica.

Nos hemos quedado con ganas de que nos censuren más, porque siempre es una buena promoción

-Recuerdo un especial de Generación de 1997 que se llamaba La domesticación del rock. ¿Cómo ves al rock en el siglo 21?

-Pues yo creo que fundamentalmente es una industria muy rentable. Todos los grupos que sobreviven a ese esplendor rockero son grandes negocios, y bueno pues, ya a nadie asustan ni incomodan las bandas que en alguna época estuvieron prohibidas o que generaban conflictos, como Led Zeppelin, The Police o Pink Floyd; ahora son productos comerciales muy rentables… Y bueno, sigue habiendo un rock emergente, experimental, de grupos de jóvenes que andan por ahí en las periferias y que tienen apuestas interesantes.

"Pero digamos que en general el rock dejó de ser un género que cause un malestar para los gobiernos, ¿no? Dejó de ser subversivo".

-¿Qué música escuchas actualmente? Pues tengo muchas variantes, depende cómo esté de borracho… ¡Ay sí! Me gusta mucho Juan Gabriel, y toda la saga de músicos románticos, desde Javier Solís hasta el gran Agustín Lara, José Alfredo Jiménez. Pero también me gusta Pink Floyd, Led Zeppelin… Y desde luego soy fan de Tchaikovsky, de Beethoven, de Chopin… Y me gustan también los compositores arrabaleros, como Armando Palomas, Chava Flores… ¡hasta Cri Cri me gusta! (risas).

-Además de dirigir Generación y editar la revista Cáñamo, también colaboras en otros medios y trabajas en la pulquería. ¿Hay algo que te falte hacer? ¿Algo que aún quieras intentar?

-Sí, muchas cosas… He intentado escribir una novela, pero he sido poco constante y no lo he redondeado como quisiera… Tengo también por ahí muchos textos e historias que quizá debería de reunir. Y bueno, la poesía que es un terreno donde he incursionado con tres pequeños libritos, y que me gustaría reunir en uno solo. También con Generación queremos sacar un pequeño libro para celebrar los 32 años, y tenemos por ahí proyectos de hacer nuevos números de la revista… Hay varios proyectos, muchas cosas que hacer… y bueno, también juntar mi millón de dólares para irme a una playa desierta a descansar.

-¿Cómo ves a las nuevas generaciones, aparentemente tan sumidas en las redes sociales, frente a la contracultura?

-Bueno, la contracultura también se vive y se piensa desde las redes sociales, y claro: sí hay una perspectiva nueva de lo que significa la contracultura, aunque la contracultura siempre ha sido de élites, ¿no? De unos cuántos locos descarriados. Yo no creo que esta juventud sea muy distinta a otras; en general, la juventud es conservadora, porque los jóvenes quieren adaptarse a las reglas del juego y encontrar rápido una chamba que les permita los beneficios de una sociedad conservadora… Tampoco creo que ser joven sea garantía de mucho, significa ciertas garantías de potencia sexual, por ejemplo, pero en cuanto a un pensamiento crítico, irreverente, progresista, pues tampoco es algo que encontremos con mucha frecuencia ¿no? En general, las juventudes cada vez son más conservadoras y frívolas, pero siempre hay jóvenes irreverentes, rebeldes y desmadrosos que están dispuestos a cambiar el mundo; siempre los hay, y a mí en lo personal son los que me interesan para invitarlos a colaborar en alguna publicación.




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-Carlos, es curioso que seas egresado de la escuela de periodismo Carlos Septién, que siempre ha parecido una institución más bien conservadora.

-Sí… fue una experiencia muy interesante estar en esa escuela. La verdad es que siempre he sido considerado como un mal ejemplo para ellos. Una vez el maestro Alejandro Avilés me regañó por una portada de la revista Generación, que era un dibujo de Juan Soriano de un hombre desnudo con un gallito inglés atravesado. Y bueno, una prueba de que no soy muy querido es que no aparece mi foto en su recuento de estudiantes distinguidos...

"Pero bueno, la contracultura siempre será incómoda en cualquiera de sus perspectivas, tanto para conservadores como para progresistas, entre comillas, porque como vemos ahora ser de izquierda también puede ser una experiencia de conservadurismo".

-Ya que tocas el tema, Generación surgió en la era del salinismo, y desde entonces les tocó convivir con gobiernos de derecha, hasta ahora.

-Sí… la verdad es que, como ha dicho José Agustín, la contracultura no es militante; no se suscribe a un partido político o a una dinámica gubernamental. Digamos que yo tengo una postura más anarquista. Todos los periodistas y la gente de la cultura hemos visto que te puedes encontrar gente mucho más progresista y abierta en un partido de derecha… O viceversa. En cuanto a la apertura hacia las manifestaciones culturales por parte de las instituciones, pues muchas veces ha habido más generosidad, apoyo o comprensión en periodos que supuestamente son conservadores, mientras que en algunas ocasiones, los gobiernos de izquierda suelen ser los que más perjudican las dinámicas culturales.

En ocasiones, los gobiernos de izquierda son los que más dañan las dinámicas culturales

-¿Caímos en el juego de creer que la izquierda tendría una mayor simpatía por la cultura?

-Pues hemos caído en una trampa, los ciudadanos en general; hemos caído en la trampa del juego de los políticos, que tienen sus propios ritmos y su propio interés de poder, y que nos hacen creer que el ser de un partido o de otro te determina como progresista o conservador… Ahora la manera más fácil que tiene López Obrador de descalificar a sus críticos es diciendo que son conservadores, y eso obviamente no es así; no todos sus críticos son conservadores en sí mismos, ni corruptos vendidos del sistema; los matices y las perspectivas son mucho más variadas: no es verdad que solo haya chairos y fifís, el panorama es mucho más complejo. En ese sentido, la contracultura está más allá de la rebatinga tan mezquina de nuestra clase política.

-¿Cuál es tu postura acerca de los apoyos oficiales y de las becas como la Edmundo Valadés?

Tuvimos varias veces esa beca, que en realidad era un apoyo bastante paupérrimo. Y varias veces me preguntaban si no había una contradicción al tener un apoyo institucional y ejercer un trabajo contracultural, y a mí me parece que no, porque los recursos que maneja el Estado, tanto para publicidad como para becas, pues es dinero que se genera de los impuestos y que nos corresponde… Seas opositor o cómplice de un gobierno, tienes derecho a tener ese tipo de estímulos, sobre todo cuando haces un trabajo que por sus características de irreverencia e incomodidad, que difícilmente puede sobrevivir sin algún tipo de apoyo institucional, porque la cultura no es un producto rentable… salvo que sea una de las empresas de Enrique Krauze.

-Ya que hablas de publicidad, veo que siguen teniendo esa posibilidad

-Sí, pues cada vez es más complicado. El último número que está dedicado a Tacubaya, se tardó seis o siete meses en salir. Y en el número que hicimos de la colonia Guerrero, uno de nuestros anunciantes fue el mercado Martínez de la Torre… ¡En este número se anuncia hasta una funeraria!

-Generación lleva ya más de 30 años en pie, dejando atrás a muchas revistas impresas de toda índole.

Sí… ya rompimos muchos récords. Pues, mira: por un lado es mucha necedad, y por otro lado, mucha pasión. Afortunadamente, la gente que colabora no nos cobra. Se pagan muy pocas aportaciones, como la de un asistente o un diseñador… Pero si pagáramos una nómina de colaboradores sería imposible seguir haciéndola, porque son un promedio de 40 o 50 por número, entre fotógrafos, ilustradores, escritores y periodistas. Entonces, la posibilidad de que la revista siga saliendo tiene que ver con eso, con que es una publicación que siempre ha contado con el apoyo solidario de mucha gente.

Foto: Laura Lovera

-Siempre me llamó la atención el espíritu libertario y disruptor de los textos y las fotografías de publicaciones como Generación, Moho y el suplemento Sábado. ¿Crees que hemos retrocedido en términos de libertad de expresión?

-Nosotros seguimos publicando cosas que quizá no saldrían en otros medios, sobre todo porque me interesa no llevar una agenda de lo que está saliendo en todos lados; me interesan más las culturas marginales, alternativas; la incorrección política y las libertades sexuales. También hemos refrendado desde hace mucho la despenalización de las drogas, en particular de la marihuana. Ahora el tema de la despenalización de la marihuana ha tenido que entrar en las agendas de todos los medios, porque ya está en el Senado y tienen que resolver ya por órdenes de la Suprema Corte, pero hace más de 20 años, cuando comenzamos a hacerlo, era muy difícil que le dieran espacio al tema. En algunos aspectos sí se ha avanzado y en otros se ha retrocedido, como por ejemplo en cuanto al desnudo, porque ya hay posturas feministas que consideran que es en sí mismo un abuso del patriarcado.

"Hay posturas muy políticamente correctas y muchos temas relacionados con las libertades sexuales que están bastante censurados…

"Creo que ahora, más que una censura institucional, hay una autocensura en los medios; creo que se autolimitan".

-¿Ustedes han sufrido algún tipo de censura en algún sexenio en particular?

En los periodos panistas nunca tuvimos ningún tipo de censura, aunque tampoco nos apoyaron. Con el gobierno de Fox tuvimos algunos apoyos, y nunca se metieron con nosotros; hicimos un número dedicado a la cocaína que se publicó sin ningún problema. En alguna ocasión la Secretaría de Gobernación nos mandó una carta reprimiéndonos por un desnudo masculino, que fue precisamente el dibujo de Juan Soriano; nos mandaron una advertencia que decía que habíamos cometido una infracción, y nosotros les respondimos que el propio presidente Salinas acababa de inaugurar una exposición en Bellas Artes, precisamente de Juan Soriano, donde decía que Soriano era un ejemplo para la juventud. ¿Cómo era posible entonces que nos censuraran? Bueno… nos hemos quedado con ganas de que nos censuren más, porque siempre es una buena promoción la censura, pero en realidad un medio como Generación no les importa; de hecho, la cultura no les importa.

-Hablando de libertades, son históricas las fotografías de Carlos Martínez Rentería, siempre en la fiesta, hasta a morir.

-Pues sí, literalmente a morir, así. ¿A quién no le gustan las fiestas? Por un lado, creo que hace mucho descubrí que en las fiestas también se hace periodismo, conoces gente, te enteras de cosas, te interrelacionas… Es un poco de mala fama y otro poco de realidad, pero sí, hemos incursionado en el camino de los excesos ¿no? Como decía el poema William Blake: el camino de los excesos lleva al palacio de la sabiduría, que puede ser una trampa porque no siempre es así… Yo he padecido las consecuencias de una vida disipada; me la pasé varios meses encerrado y recuperándome de una operación… Lamentablemente para mi salud, pero afortunadamente también, desde hace 10 años he trabajado en la pulquería Los Insurgentes, que hemos convertido en un centro cultural que lleva más de dos mil actividades; ha sido un trabajo muy interesante, porque hemos convocado a cientos de artistas y de trabajadores de la cultura a participar. Pero sí, la revista Generación y todo el trabajo de promoción cultural que he hecho siempre ha estado vinculado con la fiesta, porque yo creo que la cultura es un sinónimo de fiesta, de libertad, de experimentación lúdica.

Nos hemos quedado con ganas de que nos censuren más, porque siempre es una buena promoción

-Recuerdo un especial de Generación de 1997 que se llamaba La domesticación del rock. ¿Cómo ves al rock en el siglo 21?

-Pues yo creo que fundamentalmente es una industria muy rentable. Todos los grupos que sobreviven a ese esplendor rockero son grandes negocios, y bueno pues, ya a nadie asustan ni incomodan las bandas que en alguna época estuvieron prohibidas o que generaban conflictos, como Led Zeppelin, The Police o Pink Floyd; ahora son productos comerciales muy rentables… Y bueno, sigue habiendo un rock emergente, experimental, de grupos de jóvenes que andan por ahí en las periferias y que tienen apuestas interesantes.

"Pero digamos que en general el rock dejó de ser un género que cause un malestar para los gobiernos, ¿no? Dejó de ser subversivo".

-¿Qué música escuchas actualmente? Pues tengo muchas variantes, depende cómo esté de borracho… ¡Ay sí! Me gusta mucho Juan Gabriel, y toda la saga de músicos románticos, desde Javier Solís hasta el gran Agustín Lara, José Alfredo Jiménez. Pero también me gusta Pink Floyd, Led Zeppelin… Y desde luego soy fan de Tchaikovsky, de Beethoven, de Chopin… Y me gustan también los compositores arrabaleros, como Armando Palomas, Chava Flores… ¡hasta Cri Cri me gusta! (risas).

-Además de dirigir Generación y editar la revista Cáñamo, también colaboras en otros medios y trabajas en la pulquería. ¿Hay algo que te falte hacer? ¿Algo que aún quieras intentar?

-Sí, muchas cosas… He intentado escribir una novela, pero he sido poco constante y no lo he redondeado como quisiera… Tengo también por ahí muchos textos e historias que quizá debería de reunir. Y bueno, la poesía que es un terreno donde he incursionado con tres pequeños libritos, y que me gustaría reunir en uno solo. También con Generación queremos sacar un pequeño libro para celebrar los 32 años, y tenemos por ahí proyectos de hacer nuevos números de la revista… Hay varios proyectos, muchas cosas que hacer… y bueno, también juntar mi millón de dólares para irme a una playa desierta a descansar.

-¿Cómo ves a las nuevas generaciones, aparentemente tan sumidas en las redes sociales, frente a la contracultura?

-Bueno, la contracultura también se vive y se piensa desde las redes sociales, y claro: sí hay una perspectiva nueva de lo que significa la contracultura, aunque la contracultura siempre ha sido de élites, ¿no? De unos cuántos locos descarriados. Yo no creo que esta juventud sea muy distinta a otras; en general, la juventud es conservadora, porque los jóvenes quieren adaptarse a las reglas del juego y encontrar rápido una chamba que les permita los beneficios de una sociedad conservadora… Tampoco creo que ser joven sea garantía de mucho, significa ciertas garantías de potencia sexual, por ejemplo, pero en cuanto a un pensamiento crítico, irreverente, progresista, pues tampoco es algo que encontremos con mucha frecuencia ¿no? En general, las juventudes cada vez son más conservadoras y frívolas, pero siempre hay jóvenes irreverentes, rebeldes y desmadrosos que están dispuestos a cambiar el mundo; siempre los hay, y a mí en lo personal son los que me interesan para invitarlos a colaborar en alguna publicación.




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