/ sábado 17 de noviembre de 2018

Atrae sexoservicio carreras “off road”

Aunque la competencia automovilística genera derrama económica, no es el evento masivo que más dinero deja, la Fiesta de la Vendimia y Semana Santa atrae más turismo y billete

La carrera fuera de camino Baja 1000 tiende a triplicar el sexoservicio, elevar el consumo de alimentos y bebidas, así como la solicitud de distintos tipos de hospedaje, sin ser el encuentro masivo que genera al año la mayor derrama económica para el puerto de Ensenada.

Lo anterior conforme a un desglose de datos estadísticos recabados en los últimos tres años por personal de la Secretaría de Turismo y la Dirección de Servicios Médicos Municipales.

El Vigía solicitó la información para tratar de visibilizar cómo se distribuye el dinero y el respectivo impacto en los distintos sectores involucrados, durante un estimado de cuatro días de competencia, así como el contraste con otros encuentros de renombre en la localidad.

Además, se comparten testimoniales de personas con oficio diverso y distintas percepciones, pero coincidentes en trabajar en la zona turística, quienes demuestran que en la carrera diaria por ganar el sustento, no todos llegan de la misma manera a la meta.

Baja 1000: la más popular, pero…

Durante el 2017, la también llamada “Madre de Todas las Carreras” generó más de 3 millones de dólares de consumo turístico.

La mayor parte del dinero fue para alimentos y bebidas en restaurantes (30%), seguido de hospedaje (23%) en hoteles, moteles, departamentos, casas rentadas, con familiares o amigos y campamentos para remolques (“trailer park”).

Aquí destaca que la ocupación hotelera no alcanzó el 100 por ciento, pues el fin de semana en que fue organizada la carrera pasada arrojó un 88% y un 97%, en viernes y sábado, respectivamente, para las 3 mil 100 habitaciones disponibles de la ciudad, desde 1 hasta 5 estrellas o sin clasificar.

Después, los turistas destinaron sus dólares a distintos medios de transporte utilizado para desplazarse por el puerto (14%), compra de vinos y licores (13%), adquirir artesanías (12%) y buscar otros servicios como talleres, panaderías, tiendas de conveniencia, mercados, gasolinerías y farmacias (8%).

Esto, derivado de más de 90 mil visitantes que arribaron a la ciudad (68% hombres y 32% mujeres).


...NO LA MÁS RECAUDADORA

A pesar de estas cifras, la Baja 1000 está por debajo de otras fechas atractivas de Ensenada, como las Fiestas de la Vendimia.

Durante tres semanas, el calendario de presentaciones y degustaciones compartidas entre el Valle de Guadalupe, el puerto y la Antigua Ruta del Vino, atrae a más de 97 mil personas y genera 757 millones de pesos, es decir, alrededor de 40 millones de dólares.

Esto, con la aclaración de que el calendario de actividades es más amplio y está dirigido a clientes con un nivel socioeconómico distinto.

Sin embargo, la competencia a través del desierto sigue detrás de las vacaciones de Semana Santa, que generan 5 millones de dólares de consumo turístico, y apenas por encima del Carnaval de Ensenada, que alcanza a recaudar alrededor de 2.5 millones de dólares.

En el caso de la Baja 500, suma 2.3 millones de dólares durante tres días y atrae, aproximadamente, a más de 75 mil visitantes.

Después, en esta serie de ejemplos, se podría citar al Paseo Ciclista y sus 1.8 millones de dólares durante su edición de septiembre, además del 4 de julio y el Día del Trabajo, con cifras similares.

Ante el panorama general, y la percepción popular de que pareciera que el consumo turístico sólo llega a pocos sectores, Héctor Rosas Rodea, delegado de la Secretaría de Turismo, explicó que se tiene que apreciar la situación en forma directa e indirecta.

Enfatizó en que la amplitud de la derrama alcanza a propietarios de hoteles, recepcionistas, camaristas, meseros y cocineros, e incluso los que organizan recorridos por la bahía.

“Están otro tipo de comercios que, si bien su giro no es turístico, se van a ver beneficiados con la llegada de estas personas. Estamos hablando de talleres mecánicos, supermercados, panaderías, farmacias. En fin, el consumo turístico atiende varios sectores.

“Si estamos hablando de la Baja 1000, el último perfil del visitante que realizó la Secretaría de Turismo es de 3 mil 200 pesos por visitante al día, en todos los sectores beneficiados”, puntualizó el funcionario estatal.


LAS VOCES DE LA ZONA TURÍSTICA

Don Gabriel Medrano está sentado en una silla, de frente a su negocio de venta de curiosidades, ubicada en la calle Primera, donde destacan hileras de dentaduras de tiburón. Los turistas pasan de largo, sin siquiera voltear la cabeza para apreciar los detalles de las artesanías.

El vendedor es uno de los que considera que la Baja 1000 no le trae beneficios. Para él, no existe la derrama económica.

-No he vendido nada. No traen dinero. Anuncian millones del turismo, pero serán los que hacen las promociones. No es mucha diferencia con el resto del año. Y cómo hay regateos, para acabarla de fregar-, explica, pues para él, la edición 51 de la carrera fuera de camino tampoco ha sido satisfactoria.

Más adelante aparece aparece Juan Carlos, un joven mesero atento a los visitantes que han llegado al restaurante. Es aficionado a las competencias. Sonríe, pues representan buenas ganancias la llegada de los pilotos y sus equipos.

-Cuando hay turismo, bien; con la Baja, nos va superbién. Se “dobletea”. Un buen día es de 90 dólares-, comparte.

La experiencia de Juan es distinta a la de Felipe Vélez, veterano vendedor de artesanías que tampoco no encuentra beneficio a la concentración.

-No hay nada. Nos vamos a morir de hambre. Cada año es peor, hasta hay menos corredores-, enfatiza.

Igual se expresa don Jesús Hernández, músico norteño que avanza con tranquilidad por la acera.

-De la chingada, no agarramos nada. No nos dejan trabajar. No podemos entrar para allá (el sitio de la revisión mecánica). No es gran negocio-, expresa antes de seguir su camino, pues por atender la entrevista sus compañeros ya van muy adelante, cargando sus instrumentos.

El contraste entre los testimoniales es notorio: otro mesero refiere que, “a lo mucho”, son 20 dólares de propina en un día, que lo atribuye al sitio donde se encuentra el bar en el que labora, pues al parecer las ganancias se incrementan conforme se está cerca de la zona de tolerancia, muy visitada por los turistas estadounidenses.

Y es verdad, pues el cantinero de un popular restaurante de comida, decorado con billetes y cercano a la avenida Miramar o “El Bajío”, detalla que un mesero, tras una buena jornada, puede alcanzar hasta 190 dólares.

-Antier (martes), que iba llegando la gente, una sola mesera “sacó” 127 dólares, pero hay días en que no hubo movimiento. Apenas unos 12 dólares, pues el consumo es variable. Hay grupos que vienen por margaritas, otros por tacos…-, refiere sobre la dinámica de la zona.

Al final, después de escuchar opiniones al vuelo, de local en local, pareciera que trabajar durante la Baja 1000 encierra algo de sabiduría proverbial: “Cada quien cuenta, como le va en la feria”.

La tarde cae y es cada vez más difícil hablar con los trabajadores, pues están ocupados atendiendo a la gente que llega de la revisión mecánica. La gente busca la fiesta.


LAS SEXOSERVIDORAS

Durante el 2016, la carrera fuera de camino Baja 1000 atrajo a mil 250 sexoservidoras, el triple de las que en temporada baja suelen trabajar en 18 lugares identificados en el puerto de Ensenada.

Conforme a datos recabados por personal de la Dirección de Servicios Públicos Municipales, dicho año fue notorio porque, en promedio, laboran 400 mujeres en la ciudad, entre ensenadenses, provenientes de otros municipios y Estados, así como extranjeras.

Para ellas, el mercado meta son los viajantes de cruceros, los asistentes a las carreras e, incluso en forma reciente, el público de eventos masivos que acude a conciertos en el Valle de Guadalupe, corazón de la llamada Ruta del Vino.

Esto, debido a que una chica puede llevarse hasta 14 mil pesos en un fin de semana, aunque otras apenas logran de 3 mil a 4 mil pesos, según comentarios escuchados al momento de realizar trámites realizados ante dicha dependencia municipal.

“En el 2016 estaba saturado: se alcanzó la cifra de mil 250 meretrices en la Baja 1000. El año pasado, en promedio, fueron 800 mujeres, pero ahora no se ven pasar”, refirió un trabajador a El Vigía, pues se dan cuenta del volumen de asistencia cuando ellas tienen que acudir para validar la tarjeta sanitaria, es decir, el permiso para ejercer el sexoservicio en Ensenada.

Dicho documento implica una inversión de 300 a 600 pesos, tomando en cuenta estudios de laboratorio y consultas médicas, pero con la ventaja de que tienen acceso a pláticas especializadas sobre cómo evitar enfermedades y elegir el control natal que les convenga.

Sin embargo, este año ha sido distinto, pues los empleados de dicho lugar perciben una disminución en el número de trabajadoras, quizás debido al rumor sobre cancelar la carrera, así como las noticias oficiales de multas y la polémica porque el recorrido atraviesa sitios de áreas naturales protegidas.

-¿Por qué acudir a la Baja 1000? -, consultó El Vigía a un grupo que había acudido a la dependencia citada a una plática de salud.

Ellas se muestran reservadas para hablar sobre su salario, pues en el fondo no todas tienen las mismas ganancias ni se cotizan igual con los clientes, aunque una asistente comparte una explicación de lo más convincente:

-Es que si decimos, nos van a venir a cobrar impuestos-, afirma con seguridad. Las demás la secundan y, al poco tiempo, la conversación concluye. El grupo se retira, pues casi termina la mañana y tienen pendientes. Por la noche, sólo quedará salir a trabajar.

Vía El Vigia.net


La carrera fuera de camino Baja 1000 tiende a triplicar el sexoservicio, elevar el consumo de alimentos y bebidas, así como la solicitud de distintos tipos de hospedaje, sin ser el encuentro masivo que genera al año la mayor derrama económica para el puerto de Ensenada.

Lo anterior conforme a un desglose de datos estadísticos recabados en los últimos tres años por personal de la Secretaría de Turismo y la Dirección de Servicios Médicos Municipales.

El Vigía solicitó la información para tratar de visibilizar cómo se distribuye el dinero y el respectivo impacto en los distintos sectores involucrados, durante un estimado de cuatro días de competencia, así como el contraste con otros encuentros de renombre en la localidad.

Además, se comparten testimoniales de personas con oficio diverso y distintas percepciones, pero coincidentes en trabajar en la zona turística, quienes demuestran que en la carrera diaria por ganar el sustento, no todos llegan de la misma manera a la meta.

Baja 1000: la más popular, pero…

Durante el 2017, la también llamada “Madre de Todas las Carreras” generó más de 3 millones de dólares de consumo turístico.

La mayor parte del dinero fue para alimentos y bebidas en restaurantes (30%), seguido de hospedaje (23%) en hoteles, moteles, departamentos, casas rentadas, con familiares o amigos y campamentos para remolques (“trailer park”).

Aquí destaca que la ocupación hotelera no alcanzó el 100 por ciento, pues el fin de semana en que fue organizada la carrera pasada arrojó un 88% y un 97%, en viernes y sábado, respectivamente, para las 3 mil 100 habitaciones disponibles de la ciudad, desde 1 hasta 5 estrellas o sin clasificar.

Después, los turistas destinaron sus dólares a distintos medios de transporte utilizado para desplazarse por el puerto (14%), compra de vinos y licores (13%), adquirir artesanías (12%) y buscar otros servicios como talleres, panaderías, tiendas de conveniencia, mercados, gasolinerías y farmacias (8%).

Esto, derivado de más de 90 mil visitantes que arribaron a la ciudad (68% hombres y 32% mujeres).


...NO LA MÁS RECAUDADORA

A pesar de estas cifras, la Baja 1000 está por debajo de otras fechas atractivas de Ensenada, como las Fiestas de la Vendimia.

Durante tres semanas, el calendario de presentaciones y degustaciones compartidas entre el Valle de Guadalupe, el puerto y la Antigua Ruta del Vino, atrae a más de 97 mil personas y genera 757 millones de pesos, es decir, alrededor de 40 millones de dólares.

Esto, con la aclaración de que el calendario de actividades es más amplio y está dirigido a clientes con un nivel socioeconómico distinto.

Sin embargo, la competencia a través del desierto sigue detrás de las vacaciones de Semana Santa, que generan 5 millones de dólares de consumo turístico, y apenas por encima del Carnaval de Ensenada, que alcanza a recaudar alrededor de 2.5 millones de dólares.

En el caso de la Baja 500, suma 2.3 millones de dólares durante tres días y atrae, aproximadamente, a más de 75 mil visitantes.

Después, en esta serie de ejemplos, se podría citar al Paseo Ciclista y sus 1.8 millones de dólares durante su edición de septiembre, además del 4 de julio y el Día del Trabajo, con cifras similares.

Ante el panorama general, y la percepción popular de que pareciera que el consumo turístico sólo llega a pocos sectores, Héctor Rosas Rodea, delegado de la Secretaría de Turismo, explicó que se tiene que apreciar la situación en forma directa e indirecta.

Enfatizó en que la amplitud de la derrama alcanza a propietarios de hoteles, recepcionistas, camaristas, meseros y cocineros, e incluso los que organizan recorridos por la bahía.

“Están otro tipo de comercios que, si bien su giro no es turístico, se van a ver beneficiados con la llegada de estas personas. Estamos hablando de talleres mecánicos, supermercados, panaderías, farmacias. En fin, el consumo turístico atiende varios sectores.

“Si estamos hablando de la Baja 1000, el último perfil del visitante que realizó la Secretaría de Turismo es de 3 mil 200 pesos por visitante al día, en todos los sectores beneficiados”, puntualizó el funcionario estatal.


LAS VOCES DE LA ZONA TURÍSTICA

Don Gabriel Medrano está sentado en una silla, de frente a su negocio de venta de curiosidades, ubicada en la calle Primera, donde destacan hileras de dentaduras de tiburón. Los turistas pasan de largo, sin siquiera voltear la cabeza para apreciar los detalles de las artesanías.

El vendedor es uno de los que considera que la Baja 1000 no le trae beneficios. Para él, no existe la derrama económica.

-No he vendido nada. No traen dinero. Anuncian millones del turismo, pero serán los que hacen las promociones. No es mucha diferencia con el resto del año. Y cómo hay regateos, para acabarla de fregar-, explica, pues para él, la edición 51 de la carrera fuera de camino tampoco ha sido satisfactoria.

Más adelante aparece aparece Juan Carlos, un joven mesero atento a los visitantes que han llegado al restaurante. Es aficionado a las competencias. Sonríe, pues representan buenas ganancias la llegada de los pilotos y sus equipos.

-Cuando hay turismo, bien; con la Baja, nos va superbién. Se “dobletea”. Un buen día es de 90 dólares-, comparte.

La experiencia de Juan es distinta a la de Felipe Vélez, veterano vendedor de artesanías que tampoco no encuentra beneficio a la concentración.

-No hay nada. Nos vamos a morir de hambre. Cada año es peor, hasta hay menos corredores-, enfatiza.

Igual se expresa don Jesús Hernández, músico norteño que avanza con tranquilidad por la acera.

-De la chingada, no agarramos nada. No nos dejan trabajar. No podemos entrar para allá (el sitio de la revisión mecánica). No es gran negocio-, expresa antes de seguir su camino, pues por atender la entrevista sus compañeros ya van muy adelante, cargando sus instrumentos.

El contraste entre los testimoniales es notorio: otro mesero refiere que, “a lo mucho”, son 20 dólares de propina en un día, que lo atribuye al sitio donde se encuentra el bar en el que labora, pues al parecer las ganancias se incrementan conforme se está cerca de la zona de tolerancia, muy visitada por los turistas estadounidenses.

Y es verdad, pues el cantinero de un popular restaurante de comida, decorado con billetes y cercano a la avenida Miramar o “El Bajío”, detalla que un mesero, tras una buena jornada, puede alcanzar hasta 190 dólares.

-Antier (martes), que iba llegando la gente, una sola mesera “sacó” 127 dólares, pero hay días en que no hubo movimiento. Apenas unos 12 dólares, pues el consumo es variable. Hay grupos que vienen por margaritas, otros por tacos…-, refiere sobre la dinámica de la zona.

Al final, después de escuchar opiniones al vuelo, de local en local, pareciera que trabajar durante la Baja 1000 encierra algo de sabiduría proverbial: “Cada quien cuenta, como le va en la feria”.

La tarde cae y es cada vez más difícil hablar con los trabajadores, pues están ocupados atendiendo a la gente que llega de la revisión mecánica. La gente busca la fiesta.


LAS SEXOSERVIDORAS

Durante el 2016, la carrera fuera de camino Baja 1000 atrajo a mil 250 sexoservidoras, el triple de las que en temporada baja suelen trabajar en 18 lugares identificados en el puerto de Ensenada.

Conforme a datos recabados por personal de la Dirección de Servicios Públicos Municipales, dicho año fue notorio porque, en promedio, laboran 400 mujeres en la ciudad, entre ensenadenses, provenientes de otros municipios y Estados, así como extranjeras.

Para ellas, el mercado meta son los viajantes de cruceros, los asistentes a las carreras e, incluso en forma reciente, el público de eventos masivos que acude a conciertos en el Valle de Guadalupe, corazón de la llamada Ruta del Vino.

Esto, debido a que una chica puede llevarse hasta 14 mil pesos en un fin de semana, aunque otras apenas logran de 3 mil a 4 mil pesos, según comentarios escuchados al momento de realizar trámites realizados ante dicha dependencia municipal.

“En el 2016 estaba saturado: se alcanzó la cifra de mil 250 meretrices en la Baja 1000. El año pasado, en promedio, fueron 800 mujeres, pero ahora no se ven pasar”, refirió un trabajador a El Vigía, pues se dan cuenta del volumen de asistencia cuando ellas tienen que acudir para validar la tarjeta sanitaria, es decir, el permiso para ejercer el sexoservicio en Ensenada.

Dicho documento implica una inversión de 300 a 600 pesos, tomando en cuenta estudios de laboratorio y consultas médicas, pero con la ventaja de que tienen acceso a pláticas especializadas sobre cómo evitar enfermedades y elegir el control natal que les convenga.

Sin embargo, este año ha sido distinto, pues los empleados de dicho lugar perciben una disminución en el número de trabajadoras, quizás debido al rumor sobre cancelar la carrera, así como las noticias oficiales de multas y la polémica porque el recorrido atraviesa sitios de áreas naturales protegidas.

-¿Por qué acudir a la Baja 1000? -, consultó El Vigía a un grupo que había acudido a la dependencia citada a una plática de salud.

Ellas se muestran reservadas para hablar sobre su salario, pues en el fondo no todas tienen las mismas ganancias ni se cotizan igual con los clientes, aunque una asistente comparte una explicación de lo más convincente:

-Es que si decimos, nos van a venir a cobrar impuestos-, afirma con seguridad. Las demás la secundan y, al poco tiempo, la conversación concluye. El grupo se retira, pues casi termina la mañana y tienen pendientes. Por la noche, sólo quedará salir a trabajar.

Vía El Vigia.net


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