/ sábado 11 de julio de 2020

Los restaurantes, el motor que empuja la economía de BC

Antes del Covid-19, la Plaza Santa Cecilia se había convertido en una referencia para la actividad turística de esta frontera.

Tijuana.- En un rincón de la Plaza Santa Cecilia, cuando apenas Tijuana empieza a despertar para un nuevo día, los empleados del restaurante “El Patio” preparan el establecimiento para su jornada laboral, una de las primeras de la llamada “nueva normalidad”.

En el icónico sitio de la Zona Centro, el papel picado luce el desgaste de tres meses de no haber sido sustituido, los quioscos están desocupados y los mariachis, sello característico de la Plaza, aún no llegan para tocar sus canciones.



Antes de preparar los alimentos, en El Patio se cercioran que estén instalados los listones preventivos, que no falte el termómetro ni el gel antibacterial y que los empleados porten su mascarilla como establecen los protocolos.

De un momento a otro cumplir con esas reglas sanitarias se volvió tan indispensable como servir un buen platillo, y eso lo sabe Víctor Parra Moreno, socio y dirigente de “El Patio”, que confiesa las sensaciones experimentadas los últimos meses, pues se enfrentaba a lo desconocido, sin la orientación necesaria para salvaguardar su propia integridad y la de sus empleados.

“Fue algo inesperado, nos agarraron pensando qué va a pasar con nosotros, sentimos un duro golpe. Además del miedo y enojo porque pienso que las autoridades nos hubieran preparado desde antes a todos. Creo que todos tenemos miedo de llegar a la casa y contaminar a la familia, es algo bien difícil que nos ha cambiado mucho la vida”, manifestó.



Apenas el 12 de junio recibió autorización de la Secretaría de Salud para volver a trabajar.

“Había mucha preocupación. En momentos en mi casa yo mismo me enfermé del coronavirus porque tenía tanta presión en querer dejar dinero a mis compañeros. Era tanta, que no había modo de cómo trabajar y cómo sacar dinero”, relató Víctor Parra.

Con la autorización para abrir de nuevo, regresó la esperanza pero también llegó el temor porque nada sería como antes. Había que ajustarse a la nueva “normalidad”, esa de la que tanto se habla, pero nadie sabe cómo es.

“Fueron dos cosas que me hicieron pensar bien las cosas: la primera abrir al 30%, que es difícil porque pensé: ¿Cómo le vamos a dar trabajo a ocho meseros? ¿Cómo le voy a hacer? Realmente teníamos que empezar por algo, pero con restricciones por la nueva normalidad”, comentó Víctor Parra.



En la actualidad solo atiende con cinco de sus 18 mesas disponibles, sin embargo, la energía y las ganas de recuperar el tiempo perdido son más fuertes que cualquier obstáculo que tengan que enfrentar.

Según datos de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC), en Baja California hay más de 10 mil restaurantes, que dan empleo a más de 200 mil personas en el sector gastronómico.

Entre las medidas que establece el protocolo de sanidad “Mesa Segura”, están la distancia mínima de 1.5 metros entre cada mesa; mesas de no más de 10 personas; limpieza continua de superficies; uso de cubrebocas por parte del personal tanto de comedores como de cocina, así como el manejo adecuado de alimentos.



Estas reglas al inicio causaron ciertas molestias entre algunos de los clientes de El Patio.

“Nos tocó un poco difícil porque no querían entrar con su cubrebocas, hay mucha gente que no quiere ponerse el cubrebocas. Nosotros le decíamos que era necesario entrar con mascarilla. Los clientes nos preguntaban cómo iban a comer, les teníamos que decir que se lo iban quitar cuando comieran, porque es parte de un protocolo. Les dijimos que podíamos recibir una llamada de atención o una multa de la autoridad, que tenían que apoyarnos, porque nosotros apenas vamos empezando y al final entendieron”, destacó.

Debido a la reducción en su capacidad, entre semana sólo trabaja parte del personal, mientras que sábados y domingos incorpora la plantilla de 18 personas que buscan olvidar los tres meses complicados que les ha tocado vivir.

“Yo soy diabético y se supone que tengo que tener cuidado y no salir, pero las ganas de querer sacar adelante a todos, me impulsa a olvidarme de mi diabetes. Tengo todos los cuidados del mundo y así también cuidamos al personal y cuidamos a nuestra clientela que viene”, dijo el socio y dirigente de “El Patio”.



En un ambiente difícil, en donde las malas noticias ocupan los titulares de los medios de comunicación, Víctor ofrece un mensaje de optimismo a sus compañeros restauranteros, sobre todo para los que tuvieron que cerrar de forma definitiva, dejando atrás años de esfuerzo.

“No pierdan la esperanza, algún día vamos a volver a la normalidad, sé que vamos a volver a la normalidad, porque así como vino esta enfermedad, se va a ir. Mientras todos tratemos de hacer las cosas como debe ser, nos va a ir bien”, finalizó.

Es con la vitalidad de establecimientos como El Patio que la Plaza Santa Cecilia busca recuperar sus colores, su música, sus artesanías, que la han hecho uno de los lugares favoritos de los tijuanenses y vecinos del sur de California.

Plaza Santa Cecilia, un rincón histórico.

“El Patio” nació hace 20 años y pasaron 40 para que un virus apagara la dinámica de Plaza Santa Cecilia.

Con esa antigüedad, el restaurante fue testigo del atentado en las “torres gemelas” de Nueva York, la crisis local de violencia en la segunda mitad de la década anterior y el sismo de abril de 2010, pero nada como la actual pandemia, que de un día a otro le obligó a cerrar sus puertas, sin plazo para regresar.

Antes del Covid-19, la Plaza Santa Cecilia se había convertido en una referencia para la actividad turística de esta frontera.

Según datos del Clúster Gastro Turístico de Baja California, tan solo de 2015 a 2019 recibió más de 160 mil turistas provenientes de China, además de atraer diariamente a visitantes originarios de Estados Unidos, España, Rusia, Dinamarca, Canadá, Japón, entre otras naciones.

“Más del 80 % de los turistas son paisanos radicados en diferentes condados de California, donde semana tras semana disfrutan del folklore y sabor de México en Tijuana, sin olvidarnos de la música de mariachi, grupos norteños así como banda sinaloense”, comentó el dirigente del Clúster, Martín Muñoz Avilés.

Además el lugar donde se encuentra la Plaza Santa Cecilia fue uno de los primeros sitios trazados en la historia de Tijuana, platica el historiador Gabriel Rivera Delgado.

Fue en 1889 cuando el arquitecto Ricardo Orozco elaboró el primer plano de Tijuana, incluyendo las avenidas y calles de lo que sería el pueblo de Zaragoza, ubicado dentro del Rancho de la Tía Juana. Dos de las calles más importantes que integrarían el Pueblo de Zaragoza, eran la Avenida Olvera, hoy conocida como Avenida Revolución, y la Avenida Argüello que integra la Plaza Santa Cecilia.

“Es un antecedente de la historia, es parte del patrimonio histórico y cultural que tenemos los tijuanenses. Representa parte de la cultura, la cuestión fronteriza, la música popular mexicana. Significa un rinconcito de Tijuana vinculado con la presencia y la tradición musical”, expuso el cronista.



Fue hasta 1980 que por iniciativa de las autoridades de la época, que consideraban que Tijuana carecía de plazas públicas, cuando la Avenida Argüello se convirtió en la Plaza Santa Cecilia, en honor a la patrona de los músicos.

Ahora es hogar de seis de los mejores restaurantes de comida mexicana de Tijuana, ofrece servicios dentales y médicos, tiene tres bares de la comunidad LGBT, 28 kioscos de artesanías y el mercado La Voz del Pueblo, uno de los más antiguos de esta frontera.

“Cuenta con el apoyo de la sección turística para seguridad de los visitantes, por su cercanía con la garita de San Ysidro la hace más atractiva, ya que puedes llegar a pie desde la garita en 10 minutos”, resaltó Martín Múñoz.

Tijuana.- En un rincón de la Plaza Santa Cecilia, cuando apenas Tijuana empieza a despertar para un nuevo día, los empleados del restaurante “El Patio” preparan el establecimiento para su jornada laboral, una de las primeras de la llamada “nueva normalidad”.

En el icónico sitio de la Zona Centro, el papel picado luce el desgaste de tres meses de no haber sido sustituido, los quioscos están desocupados y los mariachis, sello característico de la Plaza, aún no llegan para tocar sus canciones.



Antes de preparar los alimentos, en El Patio se cercioran que estén instalados los listones preventivos, que no falte el termómetro ni el gel antibacterial y que los empleados porten su mascarilla como establecen los protocolos.

De un momento a otro cumplir con esas reglas sanitarias se volvió tan indispensable como servir un buen platillo, y eso lo sabe Víctor Parra Moreno, socio y dirigente de “El Patio”, que confiesa las sensaciones experimentadas los últimos meses, pues se enfrentaba a lo desconocido, sin la orientación necesaria para salvaguardar su propia integridad y la de sus empleados.

“Fue algo inesperado, nos agarraron pensando qué va a pasar con nosotros, sentimos un duro golpe. Además del miedo y enojo porque pienso que las autoridades nos hubieran preparado desde antes a todos. Creo que todos tenemos miedo de llegar a la casa y contaminar a la familia, es algo bien difícil que nos ha cambiado mucho la vida”, manifestó.



Apenas el 12 de junio recibió autorización de la Secretaría de Salud para volver a trabajar.

“Había mucha preocupación. En momentos en mi casa yo mismo me enfermé del coronavirus porque tenía tanta presión en querer dejar dinero a mis compañeros. Era tanta, que no había modo de cómo trabajar y cómo sacar dinero”, relató Víctor Parra.

Con la autorización para abrir de nuevo, regresó la esperanza pero también llegó el temor porque nada sería como antes. Había que ajustarse a la nueva “normalidad”, esa de la que tanto se habla, pero nadie sabe cómo es.

“Fueron dos cosas que me hicieron pensar bien las cosas: la primera abrir al 30%, que es difícil porque pensé: ¿Cómo le vamos a dar trabajo a ocho meseros? ¿Cómo le voy a hacer? Realmente teníamos que empezar por algo, pero con restricciones por la nueva normalidad”, comentó Víctor Parra.



En la actualidad solo atiende con cinco de sus 18 mesas disponibles, sin embargo, la energía y las ganas de recuperar el tiempo perdido son más fuertes que cualquier obstáculo que tengan que enfrentar.

Según datos de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC), en Baja California hay más de 10 mil restaurantes, que dan empleo a más de 200 mil personas en el sector gastronómico.

Entre las medidas que establece el protocolo de sanidad “Mesa Segura”, están la distancia mínima de 1.5 metros entre cada mesa; mesas de no más de 10 personas; limpieza continua de superficies; uso de cubrebocas por parte del personal tanto de comedores como de cocina, así como el manejo adecuado de alimentos.



Estas reglas al inicio causaron ciertas molestias entre algunos de los clientes de El Patio.

“Nos tocó un poco difícil porque no querían entrar con su cubrebocas, hay mucha gente que no quiere ponerse el cubrebocas. Nosotros le decíamos que era necesario entrar con mascarilla. Los clientes nos preguntaban cómo iban a comer, les teníamos que decir que se lo iban quitar cuando comieran, porque es parte de un protocolo. Les dijimos que podíamos recibir una llamada de atención o una multa de la autoridad, que tenían que apoyarnos, porque nosotros apenas vamos empezando y al final entendieron”, destacó.

Debido a la reducción en su capacidad, entre semana sólo trabaja parte del personal, mientras que sábados y domingos incorpora la plantilla de 18 personas que buscan olvidar los tres meses complicados que les ha tocado vivir.

“Yo soy diabético y se supone que tengo que tener cuidado y no salir, pero las ganas de querer sacar adelante a todos, me impulsa a olvidarme de mi diabetes. Tengo todos los cuidados del mundo y así también cuidamos al personal y cuidamos a nuestra clientela que viene”, dijo el socio y dirigente de “El Patio”.



En un ambiente difícil, en donde las malas noticias ocupan los titulares de los medios de comunicación, Víctor ofrece un mensaje de optimismo a sus compañeros restauranteros, sobre todo para los que tuvieron que cerrar de forma definitiva, dejando atrás años de esfuerzo.

“No pierdan la esperanza, algún día vamos a volver a la normalidad, sé que vamos a volver a la normalidad, porque así como vino esta enfermedad, se va a ir. Mientras todos tratemos de hacer las cosas como debe ser, nos va a ir bien”, finalizó.

Es con la vitalidad de establecimientos como El Patio que la Plaza Santa Cecilia busca recuperar sus colores, su música, sus artesanías, que la han hecho uno de los lugares favoritos de los tijuanenses y vecinos del sur de California.

Plaza Santa Cecilia, un rincón histórico.

“El Patio” nació hace 20 años y pasaron 40 para que un virus apagara la dinámica de Plaza Santa Cecilia.

Con esa antigüedad, el restaurante fue testigo del atentado en las “torres gemelas” de Nueva York, la crisis local de violencia en la segunda mitad de la década anterior y el sismo de abril de 2010, pero nada como la actual pandemia, que de un día a otro le obligó a cerrar sus puertas, sin plazo para regresar.

Antes del Covid-19, la Plaza Santa Cecilia se había convertido en una referencia para la actividad turística de esta frontera.

Según datos del Clúster Gastro Turístico de Baja California, tan solo de 2015 a 2019 recibió más de 160 mil turistas provenientes de China, además de atraer diariamente a visitantes originarios de Estados Unidos, España, Rusia, Dinamarca, Canadá, Japón, entre otras naciones.

“Más del 80 % de los turistas son paisanos radicados en diferentes condados de California, donde semana tras semana disfrutan del folklore y sabor de México en Tijuana, sin olvidarnos de la música de mariachi, grupos norteños así como banda sinaloense”, comentó el dirigente del Clúster, Martín Muñoz Avilés.

Además el lugar donde se encuentra la Plaza Santa Cecilia fue uno de los primeros sitios trazados en la historia de Tijuana, platica el historiador Gabriel Rivera Delgado.

Fue en 1889 cuando el arquitecto Ricardo Orozco elaboró el primer plano de Tijuana, incluyendo las avenidas y calles de lo que sería el pueblo de Zaragoza, ubicado dentro del Rancho de la Tía Juana. Dos de las calles más importantes que integrarían el Pueblo de Zaragoza, eran la Avenida Olvera, hoy conocida como Avenida Revolución, y la Avenida Argüello que integra la Plaza Santa Cecilia.

“Es un antecedente de la historia, es parte del patrimonio histórico y cultural que tenemos los tijuanenses. Representa parte de la cultura, la cuestión fronteriza, la música popular mexicana. Significa un rinconcito de Tijuana vinculado con la presencia y la tradición musical”, expuso el cronista.



Fue hasta 1980 que por iniciativa de las autoridades de la época, que consideraban que Tijuana carecía de plazas públicas, cuando la Avenida Argüello se convirtió en la Plaza Santa Cecilia, en honor a la patrona de los músicos.

Ahora es hogar de seis de los mejores restaurantes de comida mexicana de Tijuana, ofrece servicios dentales y médicos, tiene tres bares de la comunidad LGBT, 28 kioscos de artesanías y el mercado La Voz del Pueblo, uno de los más antiguos de esta frontera.

“Cuenta con el apoyo de la sección turística para seguridad de los visitantes, por su cercanía con la garita de San Ysidro la hace más atractiva, ya que puedes llegar a pie desde la garita en 10 minutos”, resaltó Martín Múñoz.

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