/ miércoles 9 de diciembre de 2020

Reta al muro de Trump y queda en silla de ruedas

Una mala decisión y una mala caída, tienen postrado en silla de ruedas a Gustavo Villa González

Una mala decisión y una mala caída, tienen postrado en silla de ruedas a Gustavo Villa González, de 20 años de edad, quien llegó desde hace 3 años a Mexicali proveniente de su natal Puebla, buscando cruzar a Estados Unidos retando el muro fronterizo de Donald Trump.

Ni siquiera tenía la idea de cruzar a Estados Unidos, no tenía la menor intención de ir en busca del sueño americano, vino a Mexicali impulsado por los recuerdos de anteriores visitas en su infancia, además de reunirse con su padre y tener mejores ingresos.

Sin embargo, un amigo que es pollero, le dijo que podría ganar más dinero a Estados Unidos, además, no le iba a cobrar por cruzar el cerco metálico de más de 9 metros de altura.

Fue así que la madrugada de ese viernes 31 de julio, acompañado por dos personas más, que también buscaba cruzar hacia Estados Unidos, que a la altura de la colonia El Centinela, al Poniente de la ciudad, que su amigo el pollero lanzó por encima del cerco la escalera de cuerda con escalones metálicos.

Las dos primeras personas cruzaron sin problemas hacia el otro lado, llegó su turno y llegó a la cima sin problemas, sin embargo, cuando pretendía deslizarse por los tubos para bajar, a lo lejos en la oscuridad, miró una luz que se acercaba, que la comparó como la de un tren pasando por un túnel.

Aquella extraña luz lo desconcertó, lo que finalmente lo hizo perder el equilibrio y dar con toda su humanidad hacia el suelo, por lo que calcula que duró inconsciente alrededor de 20 minutos.

Fue a eso de las 5:30 de la mañana, que al recobrar el conocimiento, sintió la sensación del sabor de sangre y polvo en su boca, y no sentía sus piernas, sus dos compañeros de aventura lo habían abandonado, así como su amigo el pollero.

Calcula que duró como una hora y media tirado sin poder moverse, pudo ver que a lo lejos pasaba una camioneta de la Patrulla Fronteriza, a la que como pudo, le hizo señas batiendo los brazos al aire como pudo, hasta que finalmente pudo llamar la atención del agente de la Border Patrol.

El agente fronterizo llamó a una ambulancia que finalmente lo llevó a un hospital, donde duró alrededor de 15 días, donde le dijeron que se había roto el último disco de la columna, por lo que no podría usar sus piernas.

Recordó que era constantemente interrogado por otros agentes de migración, quienes le preguntaban recurrentemente, ¿dónde está la droga?, no te hagas.

Finalmente fue cruzado hacia Mexicali, donde fue internado en el hospital de la UABC, donde duró otros 15 días, y finalmente fue dado de alta y recibido por el albergue Caminando Juntos, que es manejado por el pastor Alonso Parra, ya que su padre no quiso hacerse cargo de él.

Por gestiones de Carlos Guillén Armenta, pudo conseguir un acta de nacimiento, así como una credencial de discapacitado para poder abordar un avión por el que el martes pasado regresó a Puebla, donde será cuidado con su hermana Heidi.

Gustavo comentó que no quiere ser una carga para nadie, ya que puede bañarse sentado, lavar su ropa y bajar y subir de la cama por sí mismo, además, tiene confianza de que con terapia volverá a caminar y salir adelante, tal y como le pasó a un amigo que pasó por una situación como la suya.

Una mala decisión y una mala caída, tienen postrado en silla de ruedas a Gustavo Villa González, de 20 años de edad, quien llegó desde hace 3 años a Mexicali proveniente de su natal Puebla, buscando cruzar a Estados Unidos retando el muro fronterizo de Donald Trump.

Ni siquiera tenía la idea de cruzar a Estados Unidos, no tenía la menor intención de ir en busca del sueño americano, vino a Mexicali impulsado por los recuerdos de anteriores visitas en su infancia, además de reunirse con su padre y tener mejores ingresos.

Sin embargo, un amigo que es pollero, le dijo que podría ganar más dinero a Estados Unidos, además, no le iba a cobrar por cruzar el cerco metálico de más de 9 metros de altura.

Fue así que la madrugada de ese viernes 31 de julio, acompañado por dos personas más, que también buscaba cruzar hacia Estados Unidos, que a la altura de la colonia El Centinela, al Poniente de la ciudad, que su amigo el pollero lanzó por encima del cerco la escalera de cuerda con escalones metálicos.

Las dos primeras personas cruzaron sin problemas hacia el otro lado, llegó su turno y llegó a la cima sin problemas, sin embargo, cuando pretendía deslizarse por los tubos para bajar, a lo lejos en la oscuridad, miró una luz que se acercaba, que la comparó como la de un tren pasando por un túnel.

Aquella extraña luz lo desconcertó, lo que finalmente lo hizo perder el equilibrio y dar con toda su humanidad hacia el suelo, por lo que calcula que duró inconsciente alrededor de 20 minutos.

Fue a eso de las 5:30 de la mañana, que al recobrar el conocimiento, sintió la sensación del sabor de sangre y polvo en su boca, y no sentía sus piernas, sus dos compañeros de aventura lo habían abandonado, así como su amigo el pollero.

Calcula que duró como una hora y media tirado sin poder moverse, pudo ver que a lo lejos pasaba una camioneta de la Patrulla Fronteriza, a la que como pudo, le hizo señas batiendo los brazos al aire como pudo, hasta que finalmente pudo llamar la atención del agente de la Border Patrol.

El agente fronterizo llamó a una ambulancia que finalmente lo llevó a un hospital, donde duró alrededor de 15 días, donde le dijeron que se había roto el último disco de la columna, por lo que no podría usar sus piernas.

Recordó que era constantemente interrogado por otros agentes de migración, quienes le preguntaban recurrentemente, ¿dónde está la droga?, no te hagas.

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