/ sábado 9 de diciembre de 2017

Palestina debe desistir de Jerusalén

El reino árabe busca mejorar sus relaciones con Israel

¿Arabia Saudita está presionando a Mahmud Abbas para que renuncie a su reivindicación histórica de convertir a Jerusalén-Este en la capital de un futuro Estado palestino?

Esa versión corre como un reguero de pólvora por el mundo árabe en las últimas horas desde que el presidente norteamericano Donald Trump decidió el miércoles reconocer a Jerusalén como capital de Israel.

La propuesta del reino wahabita fue formulada por el príncipe heredero Mohammed ben Salman -conocido por sus siglas MBS- durante una reunión que mantuvo en noviembre con Abbas, presidente de la Autoridad Palestina. El hombre fuerte de la monarquía saudita sugirió incluso que en lugar de Jerusalén-Este los palestinos establezcan su capital en Abu Dis, localidad situada al sureste de la ciudad santa. (Para hacer esa propuesta, MBS se inspiró al parecer en el precedente de Pankow, que entre 1949 y 1968, en plena guerra fría, fue la capital oficial de Alemania del Este, a pesar ser solo un barrio de Berlín Oriental).

El objetivo de esa concesión reclamada por Riad, difícilmente aceptable para los palestinos, consiste en hacer un gesto significativo para convencer al primer ministro Benjamin Netanyahu de avanzar en las negociaciones para concretar un acercamiento estratégico con la corona saudita. El objetivo estratégico de esa audaz maniobra diplomática reside en contener la expansión de Irán -su rival religioso y geopolítico a nivel regional- en Irak, Siria, Líbano y Yemen. El régimen de Riad percibe las ambiciones nucleares de Irán como una amenaza mucho más inquietante que el supuesto peligro que representa Israel.

Los especialistas del mundo árabe están persuadidos de que -si es necesario- MBS está dispuesto a “sacrificar”a Abbas y reemplazarlo por Mohammed Dahlan, otro viejo compañero de lucha del líder histórico Yasser Arafat.

En los últimos días, Arabia Saudita multiplicó los gestos y concesiones a fin de consolidar el crucial acercamiento estratégico que negocia con Israel. Bajo la presión de MBS, otras petro-monarquías de la Península Arábiga, en particular Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos, también participan en ese movimiento de piezas sobre el tablero estratégico de Oriente Medio.

En una entrevista excepcional acordada al sitio saudita Elaph, el jefe del Estado Mayor israelí, Gadi Eizenkot, reconoció el interés de una cooperación entre ambos gobiernos:

Esas declaraciones mostraron claramente que los servicios de inteligencia y los estados mayores de ambos países colaboran estrechamente desde hace tiempo en planes de contingencia relacionados con un incremento de la presencia iraní en Siria y en el sur del Líbano. Israel, sin embargo, aclaró que no está dispuesto a hacer el “trabajo sucio” de Arabia Saudita con Irán, y que solo actuará si considera que peligran sus intereses estratégicos.

 

Por eso es que el régimen de Riad necesita ofrecer “compensaciones”.

El príncipe Ben Salman parece decidido a no ahorrar esfuerzos para doblegar la resistencia del líder palestino, que aparece como el mayor obstáculo al acercamiento entre Arabia Saudita e Israel. Durante la entrevista que mantuvo con Abbas en noviembre, MBS le presentó un borrador del acuerdo de paz israelo-árabe que está discutiendo en secreto con Jared Kushner, el yerno de Trump. Ese plan prevé, al parecer, ofrecer a los palestinos un Estado dotado de soberanía limitada, sin continuidad territorial, sin derecho de los refugiados a regresar a sus hogares de origen y sin Jerusalén-Este como capital. “Inaceptable”, le respondió Abbas.

En ese momento, el intelectual Abdallah Ghadhani, lanzó por las redes sociales árabes un hashtag provocador: #Riad es más importante que Jerusalén. Para los expertos es evidente que una campaña de esa índole jamás podría haber prosperado sin la bendición del régimen. Al mismo tiempo, en Twitter acusó a los palestinos de haber “traicionado” la causa árabe.

Para evitar que esa campaña siembre la confusión, el aparato de propaganda de la Autoridad Palestina respondió con otro hashtag incendiario: #Jerusalén es más importante que el rey Salman.

¿Arabia Saudita está presionando a Mahmud Abbas para que renuncie a su reivindicación histórica de convertir a Jerusalén-Este en la capital de un futuro Estado palestino?

Esa versión corre como un reguero de pólvora por el mundo árabe en las últimas horas desde que el presidente norteamericano Donald Trump decidió el miércoles reconocer a Jerusalén como capital de Israel.

La propuesta del reino wahabita fue formulada por el príncipe heredero Mohammed ben Salman -conocido por sus siglas MBS- durante una reunión que mantuvo en noviembre con Abbas, presidente de la Autoridad Palestina. El hombre fuerte de la monarquía saudita sugirió incluso que en lugar de Jerusalén-Este los palestinos establezcan su capital en Abu Dis, localidad situada al sureste de la ciudad santa. (Para hacer esa propuesta, MBS se inspiró al parecer en el precedente de Pankow, que entre 1949 y 1968, en plena guerra fría, fue la capital oficial de Alemania del Este, a pesar ser solo un barrio de Berlín Oriental).

El objetivo de esa concesión reclamada por Riad, difícilmente aceptable para los palestinos, consiste en hacer un gesto significativo para convencer al primer ministro Benjamin Netanyahu de avanzar en las negociaciones para concretar un acercamiento estratégico con la corona saudita. El objetivo estratégico de esa audaz maniobra diplomática reside en contener la expansión de Irán -su rival religioso y geopolítico a nivel regional- en Irak, Siria, Líbano y Yemen. El régimen de Riad percibe las ambiciones nucleares de Irán como una amenaza mucho más inquietante que el supuesto peligro que representa Israel.

Los especialistas del mundo árabe están persuadidos de que -si es necesario- MBS está dispuesto a “sacrificar”a Abbas y reemplazarlo por Mohammed Dahlan, otro viejo compañero de lucha del líder histórico Yasser Arafat.

En los últimos días, Arabia Saudita multiplicó los gestos y concesiones a fin de consolidar el crucial acercamiento estratégico que negocia con Israel. Bajo la presión de MBS, otras petro-monarquías de la Península Arábiga, en particular Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos, también participan en ese movimiento de piezas sobre el tablero estratégico de Oriente Medio.

En una entrevista excepcional acordada al sitio saudita Elaph, el jefe del Estado Mayor israelí, Gadi Eizenkot, reconoció el interés de una cooperación entre ambos gobiernos:

Esas declaraciones mostraron claramente que los servicios de inteligencia y los estados mayores de ambos países colaboran estrechamente desde hace tiempo en planes de contingencia relacionados con un incremento de la presencia iraní en Siria y en el sur del Líbano. Israel, sin embargo, aclaró que no está dispuesto a hacer el “trabajo sucio” de Arabia Saudita con Irán, y que solo actuará si considera que peligran sus intereses estratégicos.

 

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