/ miércoles 13 de febrero de 2019

La crisis del Conacyt

Uno de los temas que más ha generado controversia en los últimos días de la 4ta. Transformación es, sin duda, los cambios del Conacyt.

El Conacyt es el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, que cambiará su nombre a CONAHCYT: Consejo Nacional de Humanidades, Ciencia y Tecnología. La directora de este órgano, María Elena Álvarez-Buylla, desde su propuesta por AMLO para dirigir este organismo anunció un cambio radical en el organismo, apegándose a la línea de “austeridad republicana” del gobierno de Andrés Manuel.

Dentro de las declaraciones de Álvarez-Buylla, las acusaciones de corrupción, desvío y desperdicios de recursos de la anterior administración del Conacyt son tema recurrente, ya que se tienen pruebas de las cantidades de recurso públicos exorbitantes que Enrique Cabrero, así como los altos mandos y mandos medios del Consejo usaban, incluyendo choferes y chefs personales para Cabrero.

También se han detectado -según declaraciones de la nueva directora de Conacyt- irregularidades en la asignación de recursos a centros de investigación y proyectos de investigación, otorgando recursos sin transparencia y con favoritismos a ciertos grupos o funcionarios.

Por otro lado, el nuevo Gobierno federal disminuyó de manera importante los recursos del Conacyt bajo la premisa de que se tenían muchos desvíos de recursos y gastos innecesarios y que por otro lado se tiene que reducir el gasto público. Esta reducción está afectando y va a seguir afectando a sectores de la educación y la ciencia en nuestro país de manera negativa.

Si bien existen varias irregularidades de mal uso de recursos públicos, las consecuencias las están pagando justos por pecadores. Por ejemplo, un programa que ha sido muy positivo para los jóvenes investigadores y la generación de conocimiento del país, el programa “Cátedra Conacyt” está congelado y con riesgo de terminar. Asimismo se redujeron sustancialmente los apoyos a academias como la Academia Mexicana de Ciencias, la Sociedad Mexicana de Física, entre otras, así como los apoyos de fondos mixtos a las entidades.

Otra de las reducciones que aplaudo personalmente es a los fondos a empresas privadas para el fomento de ciencia y tecnología. En los países con mayor producción científica, así como mejor cantidad y calidad de investigaciones y creación de patentes, una mayoría de la inversión en ciencia y tecnología lo hace la iniciativa privada porque existen leyes que así lo establecen, ya que las tecnologías y patentes resultantes de esas investigaciones son aprovechadas y comercializadas por las empresas, no deben ser sufragadas por el gobierno.

En resumen, como un amigo recientemente me comentó, digamos que la corrupción es una plaga de moscas y en vez de comprar matamoscas o insecticida suficiente para la plaga, el nuevo gobierno está aplicando fumigador industrial a toda la casa, afectando a investigadores y científicos que nada tienen qué ver con los esquemas de corrupción de administraciones pasadas de Conacyt.

Uno de los temas que más ha generado controversia en los últimos días de la 4ta. Transformación es, sin duda, los cambios del Conacyt.

El Conacyt es el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, que cambiará su nombre a CONAHCYT: Consejo Nacional de Humanidades, Ciencia y Tecnología. La directora de este órgano, María Elena Álvarez-Buylla, desde su propuesta por AMLO para dirigir este organismo anunció un cambio radical en el organismo, apegándose a la línea de “austeridad republicana” del gobierno de Andrés Manuel.

Dentro de las declaraciones de Álvarez-Buylla, las acusaciones de corrupción, desvío y desperdicios de recursos de la anterior administración del Conacyt son tema recurrente, ya que se tienen pruebas de las cantidades de recurso públicos exorbitantes que Enrique Cabrero, así como los altos mandos y mandos medios del Consejo usaban, incluyendo choferes y chefs personales para Cabrero.

También se han detectado -según declaraciones de la nueva directora de Conacyt- irregularidades en la asignación de recursos a centros de investigación y proyectos de investigación, otorgando recursos sin transparencia y con favoritismos a ciertos grupos o funcionarios.

Por otro lado, el nuevo Gobierno federal disminuyó de manera importante los recursos del Conacyt bajo la premisa de que se tenían muchos desvíos de recursos y gastos innecesarios y que por otro lado se tiene que reducir el gasto público. Esta reducción está afectando y va a seguir afectando a sectores de la educación y la ciencia en nuestro país de manera negativa.

Si bien existen varias irregularidades de mal uso de recursos públicos, las consecuencias las están pagando justos por pecadores. Por ejemplo, un programa que ha sido muy positivo para los jóvenes investigadores y la generación de conocimiento del país, el programa “Cátedra Conacyt” está congelado y con riesgo de terminar. Asimismo se redujeron sustancialmente los apoyos a academias como la Academia Mexicana de Ciencias, la Sociedad Mexicana de Física, entre otras, así como los apoyos de fondos mixtos a las entidades.

Otra de las reducciones que aplaudo personalmente es a los fondos a empresas privadas para el fomento de ciencia y tecnología. En los países con mayor producción científica, así como mejor cantidad y calidad de investigaciones y creación de patentes, una mayoría de la inversión en ciencia y tecnología lo hace la iniciativa privada porque existen leyes que así lo establecen, ya que las tecnologías y patentes resultantes de esas investigaciones son aprovechadas y comercializadas por las empresas, no deben ser sufragadas por el gobierno.

En resumen, como un amigo recientemente me comentó, digamos que la corrupción es una plaga de moscas y en vez de comprar matamoscas o insecticida suficiente para la plaga, el nuevo gobierno está aplicando fumigador industrial a toda la casa, afectando a investigadores y científicos que nada tienen qué ver con los esquemas de corrupción de administraciones pasadas de Conacyt.