/ viernes 6 de septiembre de 2019

Tratar al cliente como familia, clave para crecer

El joven Roberto López empezó su negocios con un recurso mínimo y ahora ya tiene dos

Con una buena idea, muchas ganas de tener un negocio relacionado con la comida urbana y poco presupuesto fue como inició Roberto López Marrón el “food truck” El Jabalí, el cual en dos años logró crecer para tener dos puntos de venta en la parte Norte y Sur de la ciudad.

El fundador de esta empresa comentó que la idea del emprender un negocio inició por la necesidad de contar con mayores ingresos para dar una mejor calidad de vida para su familia, ya que no se daba abasto con lo que tenía para afrontar los gastos del hogar, los carros, la escuela de sus hijos, entre otros.

“Empecé como un emprendigente, es un emprendedor sin dinero, empezó de la necesidad”. Para consolidar un negocio gastronómico urbano tuvo que vender un auto e invertir los pocos ahorros que tenía, lo cual reconoció que fue difícil de quitarse el miedo, no obstante una vez que lo venció consideró como una opción viable tener un vehículo en el que venda comida, sobre abrir un restaurante.

“La idea era un negocio de comida, que es más económico, que es más sencillo y que está a la disponibilidad de todos”, dio a conocer López Marrón. Él ya era un aficionado de la cocina.

Primero empezó estudiando cursos en línea, después cursos de asado presenciales, luego con clases de cocina internacional y de técnicas de ahumado. Desde la creación de su primer punto de venta ya casi se cumplirán tres años.

En ese tiempo ha crecido el giro de negocios que cocinan con humo.

Con una buena idea, muchas ganas de tener un negocio relacionado con la comida urbana y poco presupuesto fue como inició Roberto López Marrón el “food truck” El Jabalí, el cual en dos años logró crecer para tener dos puntos de venta en la parte Norte y Sur de la ciudad.

El fundador de esta empresa comentó que la idea del emprender un negocio inició por la necesidad de contar con mayores ingresos para dar una mejor calidad de vida para su familia, ya que no se daba abasto con lo que tenía para afrontar los gastos del hogar, los carros, la escuela de sus hijos, entre otros.

“Empecé como un emprendigente, es un emprendedor sin dinero, empezó de la necesidad”. Para consolidar un negocio gastronómico urbano tuvo que vender un auto e invertir los pocos ahorros que tenía, lo cual reconoció que fue difícil de quitarse el miedo, no obstante una vez que lo venció consideró como una opción viable tener un vehículo en el que venda comida, sobre abrir un restaurante.

“La idea era un negocio de comida, que es más económico, que es más sencillo y que está a la disponibilidad de todos”, dio a conocer López Marrón. Él ya era un aficionado de la cocina.

Primero empezó estudiando cursos en línea, después cursos de asado presenciales, luego con clases de cocina internacional y de técnicas de ahumado. Desde la creación de su primer punto de venta ya casi se cumplirán tres años.

En ese tiempo ha crecido el giro de negocios que cocinan con humo.

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