/ viernes 24 de septiembre de 2021

Aquí se rompió una taza y…

QUO VADIS

El escenario pandémico en el mundo lo ilustra una popular frase mexicana que dice “aquí se rompió una taza y cada quien para su casa”… Esto, en otras palabras, significa de manera simplificada (no simplista) que, por ejemplo, la rectoría de salud federal para adjudicar la semaforización “epidemiológica” en rojo, amarillo o verde, es o representa ya un cero a la izquierda.

Un ejemplo de ello, la reactivación casi total en la Ciudad de México, cuando su color está en amarillo y con un promedio de contagios y muertes que espantaba a cualquiera en la antesala de los peores momentos de la pandemia en curso. En ese orden de ideas ni qué decir de otras entidades federativas donde las autoridades locales aperturan de manera discrecional las actividades e igual, con altibajos en contagios y muertes que son subestimados bajo la lógica de que son los no vacunados, en su mayoría, quienes están siendo intubados y hospitalizados en lo que queda de los centros de tratamiento covid en el país.

El doctor Hugo López-Gatell Ramírez explica el semáforo de contagios FOTO: Cortesía I Cuarto Oscuro

Luego tenemos en el ominoso escenario pandémico lo de las vacunas, donde un día sí y otro igual se alienta a los mexicanos a vacunarse de manera voluntaria y si no lo hacen queda testimonio en la prensa de que ya no habrá disponibilidad de inmunizaciones a placer porque el mercado de las vacunas está desquiciado para los que menos tienen; o para que mejor se entienda, para los que no tienen con qué comprar las inoculaciones suficientes o se les hizo tarde hacerlo.

Y en esta cadena de no querer, no poder o no saber cómo hacer efectiva la vacunación en toda la población, siguen “bailando con la más fea” los más indefensos que son los menores de edad, los que en principio se decía que el Covid no les hacía ni cosquillas, pero al cabo de los meses pandémicos la cifra de muertos se contaban con tres o más ceros. Dolorosa esta realidad, pero así es bajo el argumento político-científico de que los chiquillos y las chiquillas no son personas de alto riesgo, como aquellas que por edad avanzada y/o enfermedad tienden a morir con o sin las atenciones primarias y secundarias que exige la Covid 19 y sus variantes.

No menos importante para entender el “aquí se rompió una taza y…”, es el hecho de que el personal médico, lejos de ser fortalecido para afrontar los embates de quién sabe cuántas “oleadas” más que se pronostican porque el virus llegó para quedarse, resienten no solo el agotamiento, sino falta de personal, medicamentos y equipos para seguir en la primera línea de salvamento de vidas y ejemplos hay muchos a lo largo y ancho del país.

Por esos y otros desafortunados componentes directos e indirectos que la pandemia representa, lo mejor es que cada persona en uso de razón y libre albedrío se conduzca hacia el hogar como el mejor y más seguro espacio de todos los que puedan existir en su devenir, trátese del trabajo, la calle, el esparcimiento, etc…y porque lo demás, como se puede ver, ya es lo de menos, aunque la fatídica cuenta siga y porque la función debe continuar. ¿O no?

pibenavarro115@hotmail.com

QUO VADIS

El escenario pandémico en el mundo lo ilustra una popular frase mexicana que dice “aquí se rompió una taza y cada quien para su casa”… Esto, en otras palabras, significa de manera simplificada (no simplista) que, por ejemplo, la rectoría de salud federal para adjudicar la semaforización “epidemiológica” en rojo, amarillo o verde, es o representa ya un cero a la izquierda.

Un ejemplo de ello, la reactivación casi total en la Ciudad de México, cuando su color está en amarillo y con un promedio de contagios y muertes que espantaba a cualquiera en la antesala de los peores momentos de la pandemia en curso. En ese orden de ideas ni qué decir de otras entidades federativas donde las autoridades locales aperturan de manera discrecional las actividades e igual, con altibajos en contagios y muertes que son subestimados bajo la lógica de que son los no vacunados, en su mayoría, quienes están siendo intubados y hospitalizados en lo que queda de los centros de tratamiento covid en el país.

El doctor Hugo López-Gatell Ramírez explica el semáforo de contagios FOTO: Cortesía I Cuarto Oscuro

Luego tenemos en el ominoso escenario pandémico lo de las vacunas, donde un día sí y otro igual se alienta a los mexicanos a vacunarse de manera voluntaria y si no lo hacen queda testimonio en la prensa de que ya no habrá disponibilidad de inmunizaciones a placer porque el mercado de las vacunas está desquiciado para los que menos tienen; o para que mejor se entienda, para los que no tienen con qué comprar las inoculaciones suficientes o se les hizo tarde hacerlo.

Y en esta cadena de no querer, no poder o no saber cómo hacer efectiva la vacunación en toda la población, siguen “bailando con la más fea” los más indefensos que son los menores de edad, los que en principio se decía que el Covid no les hacía ni cosquillas, pero al cabo de los meses pandémicos la cifra de muertos se contaban con tres o más ceros. Dolorosa esta realidad, pero así es bajo el argumento político-científico de que los chiquillos y las chiquillas no son personas de alto riesgo, como aquellas que por edad avanzada y/o enfermedad tienden a morir con o sin las atenciones primarias y secundarias que exige la Covid 19 y sus variantes.

No menos importante para entender el “aquí se rompió una taza y…”, es el hecho de que el personal médico, lejos de ser fortalecido para afrontar los embates de quién sabe cuántas “oleadas” más que se pronostican porque el virus llegó para quedarse, resienten no solo el agotamiento, sino falta de personal, medicamentos y equipos para seguir en la primera línea de salvamento de vidas y ejemplos hay muchos a lo largo y ancho del país.

Por esos y otros desafortunados componentes directos e indirectos que la pandemia representa, lo mejor es que cada persona en uso de razón y libre albedrío se conduzca hacia el hogar como el mejor y más seguro espacio de todos los que puedan existir en su devenir, trátese del trabajo, la calle, el esparcimiento, etc…y porque lo demás, como se puede ver, ya es lo de menos, aunque la fatídica cuenta siga y porque la función debe continuar. ¿O no?

pibenavarro115@hotmail.com