/ jueves 2 de mayo de 2019

Debates y encuestas, cortinas de humo…

Quo Vadis


Los debates, lo dice y entiende la mayoría de la gente, son para contrastar personalidades de los protagonistas, ver de qué están hechos, según simplistas o para diferenciar cuál es el menos peor en opinión de fatalistas inscritos en la retórica chairista que está de moda…

En lo personal, creo que los debates como hasta ahora se desarrollan según el “formato” tradicional, es decir, con preguntas y respuestas a protagonistas sujetos a tiempo medido para responder. Son como las encuestas que en el 99.9% surgen por aquí, por allá y acullá respondiendo al interés de quienes las ordenan…de nadie más.

Así hemos transitado los mexicanos a lo largo de décadas en el plano electoral, con debates y encuestas que acallan a la mayoría de los electores cuando afrontan la realidad de los resultados de quienes en algún momento en los debates se comprometieron a metas nunca o medianamente cumplidas (porque prometer no empobrece) o que fueron favorecidos (as) en las urnas coincidiendo con algunas encuestas, pero nada más…

Por eso creo que debates y encuestas son auténticas cortinas de humo que no dejan ver lo que realmente son o potencialmente pueden ser quienes aspiran a cargos públicos, con excepción de algunos que ya tienen “historia” que revisar como servidores públicos.

En ese orden de ideas, qué sano sería por ejemplo si se quiere seguir la ruta de los debates, dejar a la suerte de los protagonistas ver cómo se las arreglan para organizarse y participar sin árbitros, réferis ni moderadores que solo entorpecen lo que debiera ser una lucha verbal genuina.

A final de cuentas, alguno de ellos tendrá que mostrar liderazgo y eventualmente ganar comicios para lidiar no con tres, cuatro o cinco en contra, sino con millones de ciudadanos a los que quiere gobernar y por ello es preciso verificar sus capacidades de maniobra y solución a problemas. Y por otra parte, todos los aspirantes ser sometidos obligatoria e institucionalmente a una prueba de conocimientos respecto al cargo público que aspiran para descartar a los reprobados, porque la verdad la mayoría ni idea tiene de las responsabilidades y facultades que tendrá que asumir eventualmente.

Mire usted, en México ya tenemos instituciones que cuestan y mucho para fundamentar cuáles son las debilidades políticas y socioeconómicas que padece cada región, cada municipio; son “constructoras” fidedignas de auténticos mapeos que describen dónde hace falta dotar o mejorar la salud, educación, obra, seguridad, abatir pobreza, etc., y pocos son quienes las aprovechan.

No nos engañemos los mexicanos con debates o encuestas que impiden un sano, responsable y libre albedrío para elegir gobernantes idóneos, porque para servir no solo es necesario el conocimiento y probada voluntad, sino liderazgo y capacidad para mover multitudes hacia metas con sentido y beneficio común y eso realmente escasea en la humanidad. ¿O no?

Quo Vadis


Los debates, lo dice y entiende la mayoría de la gente, son para contrastar personalidades de los protagonistas, ver de qué están hechos, según simplistas o para diferenciar cuál es el menos peor en opinión de fatalistas inscritos en la retórica chairista que está de moda…

En lo personal, creo que los debates como hasta ahora se desarrollan según el “formato” tradicional, es decir, con preguntas y respuestas a protagonistas sujetos a tiempo medido para responder. Son como las encuestas que en el 99.9% surgen por aquí, por allá y acullá respondiendo al interés de quienes las ordenan…de nadie más.

Así hemos transitado los mexicanos a lo largo de décadas en el plano electoral, con debates y encuestas que acallan a la mayoría de los electores cuando afrontan la realidad de los resultados de quienes en algún momento en los debates se comprometieron a metas nunca o medianamente cumplidas (porque prometer no empobrece) o que fueron favorecidos (as) en las urnas coincidiendo con algunas encuestas, pero nada más…

Por eso creo que debates y encuestas son auténticas cortinas de humo que no dejan ver lo que realmente son o potencialmente pueden ser quienes aspiran a cargos públicos, con excepción de algunos que ya tienen “historia” que revisar como servidores públicos.

En ese orden de ideas, qué sano sería por ejemplo si se quiere seguir la ruta de los debates, dejar a la suerte de los protagonistas ver cómo se las arreglan para organizarse y participar sin árbitros, réferis ni moderadores que solo entorpecen lo que debiera ser una lucha verbal genuina.

A final de cuentas, alguno de ellos tendrá que mostrar liderazgo y eventualmente ganar comicios para lidiar no con tres, cuatro o cinco en contra, sino con millones de ciudadanos a los que quiere gobernar y por ello es preciso verificar sus capacidades de maniobra y solución a problemas. Y por otra parte, todos los aspirantes ser sometidos obligatoria e institucionalmente a una prueba de conocimientos respecto al cargo público que aspiran para descartar a los reprobados, porque la verdad la mayoría ni idea tiene de las responsabilidades y facultades que tendrá que asumir eventualmente.

Mire usted, en México ya tenemos instituciones que cuestan y mucho para fundamentar cuáles son las debilidades políticas y socioeconómicas que padece cada región, cada municipio; son “constructoras” fidedignas de auténticos mapeos que describen dónde hace falta dotar o mejorar la salud, educación, obra, seguridad, abatir pobreza, etc., y pocos son quienes las aprovechan.

No nos engañemos los mexicanos con debates o encuestas que impiden un sano, responsable y libre albedrío para elegir gobernantes idóneos, porque para servir no solo es necesario el conocimiento y probada voluntad, sino liderazgo y capacidad para mover multitudes hacia metas con sentido y beneficio común y eso realmente escasea en la humanidad. ¿O no?

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