/ domingo 15 de mayo de 2022

LA ESPIGA

Se llamaba Rodolfo Valentino

(Primera Parte)

En la obra clásica “Valentino”(“The true shocking story of America’s greatest lover”) narrada de manera genial por el periodista Irving Shulman, publicada por “Pocket Books” de Nueva York en septiembre de 1968, tenemos uno de los libros más apasionantes sobre este ídolo de las multitudes sedientas de ilusiones románticas.

Valentino ofrecía la apetecida imagen del “Gran Amante Latino” bastante bien elaborada por la publicidad comercial americana de los agitados años veinte. Después de la Primera Guerra Mundial nada mejor para salir de las preocupaciones que ofrecer a un joven italiano con manos grandes de jornalero, capaz de alcanzar la fama, la gloria y el dinero, así como un destino desdichado y trágico.

Imagen ilustrativa: Freepik | jcomp

Desde sus inicios, el entretenimiento cinematográfico gringo fue proclive a engullir a sus creaturas predilectas, sus biografías de pobres diablos transformados en súper estrellas nos presenta a numerosas víctimas del “Star Sistem”.

El “Valentino” de Shulman inicia por el funeral masivo de la estrella caída en desgracia, de ahí pasamos al inicio de la aventura de un joven inmigrante en el Paraíso del Dinero, quien buscaba la felicidad, la gloria y el glamour ligados a una honorable ambición por el dinero: hacerse rico en América era el anhelo obligado de todo joven pobretón recién llegado a Nueva York.

Nacido en un pueblo del Sur de Italia el 6 de mayo de 1895 con el nombre de Rodolpho Guglielmi, al perder a su padre en 1906, la madre Beatrice queda al frente de la familia la cual sufre penurias. En el pueblo de Castellaneta la agricultura era la ocupación principal, el niño Rodolfo apenas aprende a leer y escribir, pues su interés mayor era subir cerros y buscar cuevas.

Valentino decía que había estudiado en el Colegio Dante Alighieri de Génova, pero nunca se encontró algún documento probatorio. Rodolfo era arrogante, peleonero, rebelde; se rehusaba a trabajar en las faenas del campo. A la muerte de Valentino el periódico Chicago Tribune envió a un reportero a Castellaneta para indagar sobre el ídolo; los lugareños lo recordaban como un muchacho problemático y vago. Rodolfo odiaba a su pueblo resignado a la pobreza, el joven se escapaba a las calles de la ciudad de Taranto donde robaba comida de los mercados evitando ser aprendido por la Policía.

Para 1910 a la edad de 15 años, según una versión no verificada, se dice que Rodolfo ingresa a una Academia de Agricultura, pero no hay acreditaciones precisas, más bien el muchacho sobrevive soñando en conocer grandes ciudades, tiendas exclusivas, casas de ricos. El joven no desea ganarse la vida escarbando la tierra o dando lustre a los zapatos de los terratenientes. Los constantes pleitos con su madre ocasionan que busque hacer contacto con algunos paisanos radicados en el sueño americano, en la tierra de la promisión: New York City.

La Sra. Guglielmi finalmente acepta que su hijo se embarque rumbo a El Dorado el 9 de diciembre de 1913. El muchacho quiere ser rico, vivir aventuras y tener encuentros con gente distinguida. Desde su asiento de tercera clase observa la Estatua de la Libertad, ya en la isla Ellis soporta el frío y consigue ser aceptado en el país de las oportunidades… (Continuará).


Se llamaba Rodolfo Valentino

(Primera Parte)

En la obra clásica “Valentino”(“The true shocking story of America’s greatest lover”) narrada de manera genial por el periodista Irving Shulman, publicada por “Pocket Books” de Nueva York en septiembre de 1968, tenemos uno de los libros más apasionantes sobre este ídolo de las multitudes sedientas de ilusiones románticas.

Valentino ofrecía la apetecida imagen del “Gran Amante Latino” bastante bien elaborada por la publicidad comercial americana de los agitados años veinte. Después de la Primera Guerra Mundial nada mejor para salir de las preocupaciones que ofrecer a un joven italiano con manos grandes de jornalero, capaz de alcanzar la fama, la gloria y el dinero, así como un destino desdichado y trágico.

Imagen ilustrativa: Freepik | jcomp

Desde sus inicios, el entretenimiento cinematográfico gringo fue proclive a engullir a sus creaturas predilectas, sus biografías de pobres diablos transformados en súper estrellas nos presenta a numerosas víctimas del “Star Sistem”.

El “Valentino” de Shulman inicia por el funeral masivo de la estrella caída en desgracia, de ahí pasamos al inicio de la aventura de un joven inmigrante en el Paraíso del Dinero, quien buscaba la felicidad, la gloria y el glamour ligados a una honorable ambición por el dinero: hacerse rico en América era el anhelo obligado de todo joven pobretón recién llegado a Nueva York.

Nacido en un pueblo del Sur de Italia el 6 de mayo de 1895 con el nombre de Rodolpho Guglielmi, al perder a su padre en 1906, la madre Beatrice queda al frente de la familia la cual sufre penurias. En el pueblo de Castellaneta la agricultura era la ocupación principal, el niño Rodolfo apenas aprende a leer y escribir, pues su interés mayor era subir cerros y buscar cuevas.

Valentino decía que había estudiado en el Colegio Dante Alighieri de Génova, pero nunca se encontró algún documento probatorio. Rodolfo era arrogante, peleonero, rebelde; se rehusaba a trabajar en las faenas del campo. A la muerte de Valentino el periódico Chicago Tribune envió a un reportero a Castellaneta para indagar sobre el ídolo; los lugareños lo recordaban como un muchacho problemático y vago. Rodolfo odiaba a su pueblo resignado a la pobreza, el joven se escapaba a las calles de la ciudad de Taranto donde robaba comida de los mercados evitando ser aprendido por la Policía.

Para 1910 a la edad de 15 años, según una versión no verificada, se dice que Rodolfo ingresa a una Academia de Agricultura, pero no hay acreditaciones precisas, más bien el muchacho sobrevive soñando en conocer grandes ciudades, tiendas exclusivas, casas de ricos. El joven no desea ganarse la vida escarbando la tierra o dando lustre a los zapatos de los terratenientes. Los constantes pleitos con su madre ocasionan que busque hacer contacto con algunos paisanos radicados en el sueño americano, en la tierra de la promisión: New York City.

La Sra. Guglielmi finalmente acepta que su hijo se embarque rumbo a El Dorado el 9 de diciembre de 1913. El muchacho quiere ser rico, vivir aventuras y tener encuentros con gente distinguida. Desde su asiento de tercera clase observa la Estatua de la Libertad, ya en la isla Ellis soporta el frío y consigue ser aceptado en el país de las oportunidades… (Continuará).


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