/ sábado 9 de mayo de 2020

Tutti frutti sabatini

VIENTOS

El caso de la mal llamada “Ley Bonilla”, al parecer se ventilará ya en la Suprema Corte de Justicia de la Nación la semana venidera, según el “adelanto” misterioso del magistrado Fernando Franco González Salas, ya en franco rechazo por la extensión –le dicen así- de tres años más a los dos del error político panista.

Advierto, por justo, que ignoro si inconstitucional y anticonstitucional son en el lenguaje jurídico como en la lengua común castellana de igual significado hermenéutico; es decir, contrario a la Constitución, de tal forma que me doy por muerto ante la majestad de un doctorado en Derecho y docente en la materia en cátedra seguramente plausible bajo los auspicios de nuestra Alma Máter, la UABC, ante quien no podrá equipararse jamás un modesto escribidor sin más armas que también el modesto equipaje del idioma cotidiano y… sí, el sentido común… por cierto, no el más común de los sentidos… y por supuesto me estoy refiriendo al doctor Rafael Espino(z)(s)a Rocha, a quien sí puedo decirle que su expresión, al referirse al envío de “varios recursos de inconstitucionalidad de la (sic) solicitud del mandatario estatal, todas ellas (debió decir “todos ellos” al referirse a “varios recursos”) argumentando violaciones a principios democráticos y que violentan la voluntad de los gobernados”.

Me abruma la falta de sintaxis y sindéresis y la audacia de afirmar que se violenta “la voluntad de los gobernados”. ¿En qué documento oficial se amparó abogado para afirmar cual es la “voluntad de los gobernados”? Y otra cosa aledaña: si hubo o no violación a principios democráticos y constitucionales (por ende) es lo que dilucidarán los magistrados, porque además se tendrá también que definir lo que para los togados supremos es soberanía, refiriéndome al título que se nos dio al constituirnos en Estado libre y SOBERANO, porque eso de la SOBERANÍA, incluso nacional, empieza ya a molestar a los ciudadanos que ignorantes los más y parcos de sentido común los menos, pero ciudadanos al fin, quieren, ya, hacer valer sus derechos constitucionales que arrancan diciéndoles que la SOBERANÍA es del pueblo y en todo momento tiene el derecho de cambiarle el rumbo al país. Y créame señor Espino(z)(s)a Rocha, usted sería el primero en defender este principio democrático, a menos que por leyes secundarias –lo cual en México es muy posible- se boten a la basura los principios que nos constituyeron (¡ah palabreja!) en una nación sedicentemente democrática y que es fundamento de sustantividad constitucional mexicana. Pero disculpe usted doctor que me meta en su terreno con mis garritas que he ido acumulando en mi cerebrito sin agarraderas de esas que sólo a los jurisperitos corresponde meditar frente a los lerdos como su servidor.

No tengo, finalmente, ningún interés si se aprueba o no la mal llamada “Ley Bonilla”, pero sí me interesa saber por dónde tira la mula con “tap’ojos”. Porque en tiempos de definición de asuntos tan importantes para un Estado Libre y Soberano como Baja California, lo es también para el resto de las entidades federadas. Se va a dilucidar si somos LIBRES Y SOBERANOS o simplemente un carretón que jala una poderosa recua desde el centro de tiro. Y piense señor abogado Espino(z)(s)a que la nueva revolución (la 4T sigue su marcha sin balazos; que toda solución es “glasnost” y que la política, hoy más que nunca, prevalece por sobre las incertidumbres económicas que luego la política sana. Dése un tiempecito para estudiar eso que se llama Economía Política, en donde este escribidor anduvo un largo tranco y sin utilidades. Y una última pregunta que espero me resuelva usted: ¿Qué se entiende en Derecho por SOBERANÍA? Gracias anticipadas.


VIENTOS

El caso de la mal llamada “Ley Bonilla”, al parecer se ventilará ya en la Suprema Corte de Justicia de la Nación la semana venidera, según el “adelanto” misterioso del magistrado Fernando Franco González Salas, ya en franco rechazo por la extensión –le dicen así- de tres años más a los dos del error político panista.

Advierto, por justo, que ignoro si inconstitucional y anticonstitucional son en el lenguaje jurídico como en la lengua común castellana de igual significado hermenéutico; es decir, contrario a la Constitución, de tal forma que me doy por muerto ante la majestad de un doctorado en Derecho y docente en la materia en cátedra seguramente plausible bajo los auspicios de nuestra Alma Máter, la UABC, ante quien no podrá equipararse jamás un modesto escribidor sin más armas que también el modesto equipaje del idioma cotidiano y… sí, el sentido común… por cierto, no el más común de los sentidos… y por supuesto me estoy refiriendo al doctor Rafael Espino(z)(s)a Rocha, a quien sí puedo decirle que su expresión, al referirse al envío de “varios recursos de inconstitucionalidad de la (sic) solicitud del mandatario estatal, todas ellas (debió decir “todos ellos” al referirse a “varios recursos”) argumentando violaciones a principios democráticos y que violentan la voluntad de los gobernados”.

Me abruma la falta de sintaxis y sindéresis y la audacia de afirmar que se violenta “la voluntad de los gobernados”. ¿En qué documento oficial se amparó abogado para afirmar cual es la “voluntad de los gobernados”? Y otra cosa aledaña: si hubo o no violación a principios democráticos y constitucionales (por ende) es lo que dilucidarán los magistrados, porque además se tendrá también que definir lo que para los togados supremos es soberanía, refiriéndome al título que se nos dio al constituirnos en Estado libre y SOBERANO, porque eso de la SOBERANÍA, incluso nacional, empieza ya a molestar a los ciudadanos que ignorantes los más y parcos de sentido común los menos, pero ciudadanos al fin, quieren, ya, hacer valer sus derechos constitucionales que arrancan diciéndoles que la SOBERANÍA es del pueblo y en todo momento tiene el derecho de cambiarle el rumbo al país. Y créame señor Espino(z)(s)a Rocha, usted sería el primero en defender este principio democrático, a menos que por leyes secundarias –lo cual en México es muy posible- se boten a la basura los principios que nos constituyeron (¡ah palabreja!) en una nación sedicentemente democrática y que es fundamento de sustantividad constitucional mexicana. Pero disculpe usted doctor que me meta en su terreno con mis garritas que he ido acumulando en mi cerebrito sin agarraderas de esas que sólo a los jurisperitos corresponde meditar frente a los lerdos como su servidor.

No tengo, finalmente, ningún interés si se aprueba o no la mal llamada “Ley Bonilla”, pero sí me interesa saber por dónde tira la mula con “tap’ojos”. Porque en tiempos de definición de asuntos tan importantes para un Estado Libre y Soberano como Baja California, lo es también para el resto de las entidades federadas. Se va a dilucidar si somos LIBRES Y SOBERANOS o simplemente un carretón que jala una poderosa recua desde el centro de tiro. Y piense señor abogado Espino(z)(s)a que la nueva revolución (la 4T sigue su marcha sin balazos; que toda solución es “glasnost” y que la política, hoy más que nunca, prevalece por sobre las incertidumbres económicas que luego la política sana. Dése un tiempecito para estudiar eso que se llama Economía Política, en donde este escribidor anduvo un largo tranco y sin utilidades. Y una última pregunta que espero me resuelva usted: ¿Qué se entiende en Derecho por SOBERANÍA? Gracias anticipadas.


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