/ sábado 1 de agosto de 2020

Tutti frutti sabatini

VIENTOS

Muy temprano para especular sobre los “que suenan” -¿sonarán deveras?- para la gubernatura bajacaliforniana que irá para otro período absurdo, cuando debió ser el necesario para empatar con las elecciones presidenciales. Pero la oportunidad se perdió. Ni modo, la falta de criterio lógico es “de nacencia” y no es enfermedad que se cure como un catarro.

Y va la sonaja quitando y poniendo como asombrosa imaginación política: los millones de uno contra la amistad de otro o la maravillosa oportunidad de nombrar a una mujer inteligente y los posibles tapados…, el viejo juego que domina y sustituye a la democracia.

Los adivinos crean el escenario que es el alimento de los medios. Pero las redes callan y solo apoyan por miles al presidente López Obrador apuntando e insultando a “los conservadores (?) que nadie conoce ni especula, porque intuyen que se trata de un juego político del presidente; un fetiche que encanta al pueblo y lo hipnotiza por su falta de educación cívica y en los mejores casos por falta de información, pues hablamos de un pueblo que no lee. Pero ahí están las redes sociales que han descubierto con evidencia la falta de preparación de nuestro pueblo, su nivel que lastima y molesta por el uso de palabras altisonantes y faltas de ortografía.

Sin embargo, están unidos en una misma dirección: “con AMLO hasta la muerte”; “que se quede un sexenio más” y por ahí. Por eso el presidente ha dicho: “no necesito defenderme; el pueblo es mi fuerza”. Y sí, cuente usted, si la curiosidad lo incita, las opiniones populares: son miles todos los días. López Obrador es una especie de líder maravilla con un enorme poder de convocatoria. Y más vale que lo constate para que no sufra alguna frustración.

Todos los supuestos tiradores y los también supuestos en buenas ubicaciones “preferenciales”, según algunas encuestas de esas que en pocos meses hacen “su agosto”, son buenos auxiliadores de los medios en estos tiempos de pandemia en que los flujos de billetes disminuyen, pues requieren de publicidad y eso cuesta.

El empresariado nacional no sabe hacer. El fenómeno AMLO lo desconocían y tratando de ubicarlo en algún renglón enemigo, tropiezan y queriendo recuperar fuerza en el pastel del poder, buscando los caminos y se equivocan como la izquierda mexicana identificada con los pobres en una lastimosa confusión que descubre su falta de educación política y su superficialidad de juicio. Pero intuyen que ir con los pobres es ir con la izquierda y se niegan a ver que son los ricos los que salen a regalar algo que los pobres, que son muchos, algo así como 54 millones de mexicanos. Lo que hay que darles es trabajo y resulta que por la pandemia, el trabajo disminuyó y arrimó más pobres a las disyuntivas: o salimos a la calle a trabajar y no nos morimos de hambre, o no salimos y nos morimos por el contagio casual con el coronavirus ¿o qué? La parálisis empresarial es un riesgo fatal.

La izquierda tuvo desde su origen cuando el pre socialismo inicia su coqueteo popular. Tuvo nombre y posición en el cuadrante político. Pero esa geometría que nunca le gustó a López Portillo ni a mí, no tiene razón. Y confundida con el populismo argentino, muchos años desanimaba alguna pasión política y nunca una razón lógica que soslayaban por comodidad y entusiasmos groseros. Pero siempre ha sido así. Así que la izquierda dividida en diferentes formatos que no me tomaré el espacio para nombrar lo inservible, llegó hasta el embrollo popular que si el presidente está contra el empresario, el pueblo que sigue a AMLO también. ¿Cómo la ve?


VIENTOS

Muy temprano para especular sobre los “que suenan” -¿sonarán deveras?- para la gubernatura bajacaliforniana que irá para otro período absurdo, cuando debió ser el necesario para empatar con las elecciones presidenciales. Pero la oportunidad se perdió. Ni modo, la falta de criterio lógico es “de nacencia” y no es enfermedad que se cure como un catarro.

Y va la sonaja quitando y poniendo como asombrosa imaginación política: los millones de uno contra la amistad de otro o la maravillosa oportunidad de nombrar a una mujer inteligente y los posibles tapados…, el viejo juego que domina y sustituye a la democracia.

Los adivinos crean el escenario que es el alimento de los medios. Pero las redes callan y solo apoyan por miles al presidente López Obrador apuntando e insultando a “los conservadores (?) que nadie conoce ni especula, porque intuyen que se trata de un juego político del presidente; un fetiche que encanta al pueblo y lo hipnotiza por su falta de educación cívica y en los mejores casos por falta de información, pues hablamos de un pueblo que no lee. Pero ahí están las redes sociales que han descubierto con evidencia la falta de preparación de nuestro pueblo, su nivel que lastima y molesta por el uso de palabras altisonantes y faltas de ortografía.

Sin embargo, están unidos en una misma dirección: “con AMLO hasta la muerte”; “que se quede un sexenio más” y por ahí. Por eso el presidente ha dicho: “no necesito defenderme; el pueblo es mi fuerza”. Y sí, cuente usted, si la curiosidad lo incita, las opiniones populares: son miles todos los días. López Obrador es una especie de líder maravilla con un enorme poder de convocatoria. Y más vale que lo constate para que no sufra alguna frustración.

Todos los supuestos tiradores y los también supuestos en buenas ubicaciones “preferenciales”, según algunas encuestas de esas que en pocos meses hacen “su agosto”, son buenos auxiliadores de los medios en estos tiempos de pandemia en que los flujos de billetes disminuyen, pues requieren de publicidad y eso cuesta.

El empresariado nacional no sabe hacer. El fenómeno AMLO lo desconocían y tratando de ubicarlo en algún renglón enemigo, tropiezan y queriendo recuperar fuerza en el pastel del poder, buscando los caminos y se equivocan como la izquierda mexicana identificada con los pobres en una lastimosa confusión que descubre su falta de educación política y su superficialidad de juicio. Pero intuyen que ir con los pobres es ir con la izquierda y se niegan a ver que son los ricos los que salen a regalar algo que los pobres, que son muchos, algo así como 54 millones de mexicanos. Lo que hay que darles es trabajo y resulta que por la pandemia, el trabajo disminuyó y arrimó más pobres a las disyuntivas: o salimos a la calle a trabajar y no nos morimos de hambre, o no salimos y nos morimos por el contagio casual con el coronavirus ¿o qué? La parálisis empresarial es un riesgo fatal.

La izquierda tuvo desde su origen cuando el pre socialismo inicia su coqueteo popular. Tuvo nombre y posición en el cuadrante político. Pero esa geometría que nunca le gustó a López Portillo ni a mí, no tiene razón. Y confundida con el populismo argentino, muchos años desanimaba alguna pasión política y nunca una razón lógica que soslayaban por comodidad y entusiasmos groseros. Pero siempre ha sido así. Así que la izquierda dividida en diferentes formatos que no me tomaré el espacio para nombrar lo inservible, llegó hasta el embrollo popular que si el presidente está contra el empresario, el pueblo que sigue a AMLO también. ¿Cómo la ve?


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