/ miércoles 1 de diciembre de 2021

¿Es tan mala la contaminación?

EL MURO

¿Y si la contaminación del aire en Mexicali no fuera tan grave o si fuera solo una ilusión óptica convertida en dogma, muy útil para la maquinaria ambientalista? O ¿si no fuera la causa directa de algunos tipos de cáncer?

Todos los mensajes contra la polución, reportajes, documentales, han tenido la misma línea discursiva, la del repudio pasional e irreflexivo, la de la responsabilidad parcializada, pero ni una pizca de comprensión realista sobre cómo las personas percibimos el riesgo (“Risk perception research: socio-cultural perspectives on the public experience of air pollution”).

Foto: Archivo

Expulsar sustancias al aire no necesariamente implica un proceso de contaminación como lo entendemos hoy. Hace millones de años la tierra vivió episodios que involucraron emisiones. Sin embargo, la acumulación de dióxido de carbono se mantuvo estable y a niveles hoy envidiados (“Low CO2 levels of the entire Pleistocene epoch”). En “NASA study untangles smoke, pollution effects on clouds” detallan cómo elementos naturales como el polen afectan el proceso formativo de nubes, mientras algunos contaminantes creados por el hombre facilitan la nubosidad.

Por otro lado, ¿es la contaminación actual, responsable directa de las muertes a causa de enfermedades? No hay pruebas contundentes de una correlación indiscutible. La contaminación coadyuva, pero no suele ser la causa. Es más ni siquiera facilita la dispersión del Covid como erróneamente se creyó (“Misinterpretations of statistical data, seed citation practices… spreading the misconception”).

Nuestro organismo realiza diariamente decenas de miles de correcciones en las células con una eficacia del 100 por ciento, por eso hemos sobrevivido como especie durante miles y miles de años. En el caso del humo, la supervivencia se debe en parte a una mutación genética que permite procesar las toxinas (“Smoke signals: DNA adaptation helped early humans deal with toxic fumes”).

Ahora bien, algunos contaminantes y el factor herencia son responsables de un tercio de los casos de cáncer, el resto se debe a fallas en nuestro sistema purgativo al no detectar mutaciones o una célula infectada, o sea, a la mala suerte. “Variation in cancer risk among tissues can be explained by the number of stem cell divisions” causó enojo por considerar que el estudio es una apología al desinterés en el cuidado sanitario, cuando en realidad abordó una obviedad, solo usaron una palabra inquietante, la suerte (bueno, hablaron de procesos estocásticos, un sinónimo de azar y éste a su vez un sinónimo de suerte, es decir, aquello lejos de nuestro control).

Para finalizar, un dato histórico demoledor: En el Mexicali de 1936, cuando el cielo estaba azul y limpio, la mayor cantidad de fallecimientos estuvieron relacionados con el sistema respiratorio.

vicmarcen09@gmail.com

EL MURO

¿Y si la contaminación del aire en Mexicali no fuera tan grave o si fuera solo una ilusión óptica convertida en dogma, muy útil para la maquinaria ambientalista? O ¿si no fuera la causa directa de algunos tipos de cáncer?

Todos los mensajes contra la polución, reportajes, documentales, han tenido la misma línea discursiva, la del repudio pasional e irreflexivo, la de la responsabilidad parcializada, pero ni una pizca de comprensión realista sobre cómo las personas percibimos el riesgo (“Risk perception research: socio-cultural perspectives on the public experience of air pollution”).

Foto: Archivo

Expulsar sustancias al aire no necesariamente implica un proceso de contaminación como lo entendemos hoy. Hace millones de años la tierra vivió episodios que involucraron emisiones. Sin embargo, la acumulación de dióxido de carbono se mantuvo estable y a niveles hoy envidiados (“Low CO2 levels of the entire Pleistocene epoch”). En “NASA study untangles smoke, pollution effects on clouds” detallan cómo elementos naturales como el polen afectan el proceso formativo de nubes, mientras algunos contaminantes creados por el hombre facilitan la nubosidad.

Por otro lado, ¿es la contaminación actual, responsable directa de las muertes a causa de enfermedades? No hay pruebas contundentes de una correlación indiscutible. La contaminación coadyuva, pero no suele ser la causa. Es más ni siquiera facilita la dispersión del Covid como erróneamente se creyó (“Misinterpretations of statistical data, seed citation practices… spreading the misconception”).

Nuestro organismo realiza diariamente decenas de miles de correcciones en las células con una eficacia del 100 por ciento, por eso hemos sobrevivido como especie durante miles y miles de años. En el caso del humo, la supervivencia se debe en parte a una mutación genética que permite procesar las toxinas (“Smoke signals: DNA adaptation helped early humans deal with toxic fumes”).

Ahora bien, algunos contaminantes y el factor herencia son responsables de un tercio de los casos de cáncer, el resto se debe a fallas en nuestro sistema purgativo al no detectar mutaciones o una célula infectada, o sea, a la mala suerte. “Variation in cancer risk among tissues can be explained by the number of stem cell divisions” causó enojo por considerar que el estudio es una apología al desinterés en el cuidado sanitario, cuando en realidad abordó una obviedad, solo usaron una palabra inquietante, la suerte (bueno, hablaron de procesos estocásticos, un sinónimo de azar y éste a su vez un sinónimo de suerte, es decir, aquello lejos de nuestro control).

Para finalizar, un dato histórico demoledor: En el Mexicali de 1936, cuando el cielo estaba azul y limpio, la mayor cantidad de fallecimientos estuvieron relacionados con el sistema respiratorio.

vicmarcen09@gmail.com

ÚLTIMASCOLUMNAS