/ sábado 9 de enero de 2021

Tutti frutti sabatini

VIENTOS

En México el periodismo ha sufrido transformaciones lógicas. Apareció en los inicios de la Colonia como hojas sueltas y para asuntos que hoy nos parecerían el franco exhibicionismo de prosistas y poetas para halagar a las autoridades virreinales, pero nunca, jamás, para señalarles sus yerros.

Es interesante profundizar el cómo en su desarrollo hacia un periodismo más al servicio del pueblo es tarea que muchos han emprendido, dejando huella, a su paso, de las dificultades que tuvieron que salvar quienes se atrevieron a desafiar la cólera oficial, que por un momento pareció salvarse con la aparición de la Constitución de Cádiz de 1813, muy lejos todavía de nuestra realización de independencia.

Desde ese tiempo tan precario en la materia, uno que otro medio brilló su independencia y apuntó, incluso con acidez, lo que se fue acentuando, más que por valentía por presionamientos exploradores – y exitosos – de mejores ʺchayotesʺ que a las empresas periodísticas iluminó sus escarcelas y selectivamente, como hoy, a los ʺperiodistasʺ que cuidaban las espaldas de los altos niveles de la autoridad con ditirambos casi cósmicos por evidentemente labiosos. Entonces, claro, no había escuelas de periodismo. Hoy ya es una licenciatura, pero sin la vieja escuela de ilustración por la propia insuficiencia magisterial que viene desde la primaria.

Hoy usted puede observar casos en los que se evidencia que, en los rincones anímicos de periodistas como el caso de Ciro Gómez Leyva, se anidan motivaciones en donde se admira el cómo se puede opinar de una persona, un funcionario público de alto nivel – en este caso el Dr. Hugo López-Gatell – cuya subsecretaría en Salud Nacional hace lo que puede, y es mucho, pero no se toca al Secretario. Y es que puede especularse que el tiro es para el presidente de la República, licenciado Andrés Manuel López Obrador… pero falta lo que Pancho Villa le sobraban….

El caso inaudito es que López-Gatell se fue a una playa de Oaxaca a descansar un fin de semana anterior a esta columna con su familia y a Ciro se le ocurre que cómo hace eso cuando se están muriendo miles de mexicanos víctimas del Conavid-19. Es decir que si el subsecretario López-Gatell hubiese estado aquí, nadie se hubiera muerto. ¡Carajo!, ¿Es éste el periodismo actual? ¡No! Es cosa política.

Y por acá, un miembro distinguido de la familia Macalpin, el joven crítico televisivo Gustavo de ese apellido, opinó en el Canal 66 lo mismo. Y pues nos queda imaginar que hay en López-Gatell el imán de todas las pedradas que van contra el presidente tabasqueño. ¿Por qué? Pues porque se les olvida que toda empresa organizada funciona con un equipo de trabajo; que son una máquina en la que si falta un tornillo se repara al instante por sí sola. Mi referencia a la familia Macalpin es meramente circunstancial. Los Pardo Mendoza tenemos una gran amistad llena de afecto con ellos. Yo soy compadre de Alma Macalpin, tía de Gustavo. Solamente estoy apuntando un caso periodístico increíble; por cierto, el presidente López Obrador se fue el fin de semana a jugar béisbol (como los gringos golf) y la jauría se le fue encima. Y él, con su ironía saludable y contracrítica sólo dijo: ʺHay tiempo para todoʺ.

El caso devela una realidad: la ilustración antañosa, pero de calidad permitió lo que antaño se llamó ʺel Cuarto Poderʺ a la prensa escrita. Hoy son monopolios empresariales y luchas por el poder en donde los partidos políticos perdieron fuerza… y los gobiernos también por la aparición en el escenario de comunicaciones, de poderosos medios radiofónicos, televisivos y digitales, de tal modo que ʺFacebookʺ es un monopolio que ha substituido el concepto de libertad de expresión, con una moral ridícula. Pero de eso hablaremos la próxima vez.


VIENTOS

En México el periodismo ha sufrido transformaciones lógicas. Apareció en los inicios de la Colonia como hojas sueltas y para asuntos que hoy nos parecerían el franco exhibicionismo de prosistas y poetas para halagar a las autoridades virreinales, pero nunca, jamás, para señalarles sus yerros.

Es interesante profundizar el cómo en su desarrollo hacia un periodismo más al servicio del pueblo es tarea que muchos han emprendido, dejando huella, a su paso, de las dificultades que tuvieron que salvar quienes se atrevieron a desafiar la cólera oficial, que por un momento pareció salvarse con la aparición de la Constitución de Cádiz de 1813, muy lejos todavía de nuestra realización de independencia.

Desde ese tiempo tan precario en la materia, uno que otro medio brilló su independencia y apuntó, incluso con acidez, lo que se fue acentuando, más que por valentía por presionamientos exploradores – y exitosos – de mejores ʺchayotesʺ que a las empresas periodísticas iluminó sus escarcelas y selectivamente, como hoy, a los ʺperiodistasʺ que cuidaban las espaldas de los altos niveles de la autoridad con ditirambos casi cósmicos por evidentemente labiosos. Entonces, claro, no había escuelas de periodismo. Hoy ya es una licenciatura, pero sin la vieja escuela de ilustración por la propia insuficiencia magisterial que viene desde la primaria.

Hoy usted puede observar casos en los que se evidencia que, en los rincones anímicos de periodistas como el caso de Ciro Gómez Leyva, se anidan motivaciones en donde se admira el cómo se puede opinar de una persona, un funcionario público de alto nivel – en este caso el Dr. Hugo López-Gatell – cuya subsecretaría en Salud Nacional hace lo que puede, y es mucho, pero no se toca al Secretario. Y es que puede especularse que el tiro es para el presidente de la República, licenciado Andrés Manuel López Obrador… pero falta lo que Pancho Villa le sobraban….

El caso inaudito es que López-Gatell se fue a una playa de Oaxaca a descansar un fin de semana anterior a esta columna con su familia y a Ciro se le ocurre que cómo hace eso cuando se están muriendo miles de mexicanos víctimas del Conavid-19. Es decir que si el subsecretario López-Gatell hubiese estado aquí, nadie se hubiera muerto. ¡Carajo!, ¿Es éste el periodismo actual? ¡No! Es cosa política.

Y por acá, un miembro distinguido de la familia Macalpin, el joven crítico televisivo Gustavo de ese apellido, opinó en el Canal 66 lo mismo. Y pues nos queda imaginar que hay en López-Gatell el imán de todas las pedradas que van contra el presidente tabasqueño. ¿Por qué? Pues porque se les olvida que toda empresa organizada funciona con un equipo de trabajo; que son una máquina en la que si falta un tornillo se repara al instante por sí sola. Mi referencia a la familia Macalpin es meramente circunstancial. Los Pardo Mendoza tenemos una gran amistad llena de afecto con ellos. Yo soy compadre de Alma Macalpin, tía de Gustavo. Solamente estoy apuntando un caso periodístico increíble; por cierto, el presidente López Obrador se fue el fin de semana a jugar béisbol (como los gringos golf) y la jauría se le fue encima. Y él, con su ironía saludable y contracrítica sólo dijo: ʺHay tiempo para todoʺ.

El caso devela una realidad: la ilustración antañosa, pero de calidad permitió lo que antaño se llamó ʺel Cuarto Poderʺ a la prensa escrita. Hoy son monopolios empresariales y luchas por el poder en donde los partidos políticos perdieron fuerza… y los gobiernos también por la aparición en el escenario de comunicaciones, de poderosos medios radiofónicos, televisivos y digitales, de tal modo que ʺFacebookʺ es un monopolio que ha substituido el concepto de libertad de expresión, con una moral ridícula. Pero de eso hablaremos la próxima vez.


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